Un hospital argentino no practicará un aborto a una joven de 19 años con un retraso mental, que fue violada cinco meses atrás, pese a que el Tribunal Supremo iba a pronunciarse favorablemente. La historia de L. M. R., de quien solo se conocen las iniciales, ha supuesto una conmoción en el país y ha abierto un debate acalorado.
Los padres de la chica, que son de origen humilde, reclamaron en un primer momento que se autorizara el aborto, ilegal en Argentina salvo en casos excepcionales, pero dos tribunales lo rechazaron por cuestiones religiosas. Ante la negativa, no cejaron en su empeño y apelaron. Pero cuando el Supremo estaba por pronunciarse a favor, el comité de bioética del hospital donde estaba L. M. R. decidió no llevar adelante la intervención alegando que la gestación estaba muy avanzada.
El aborto clandestino se ha convertido en la principal causa de muerte materna en el país. Según el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes), el 27,4% fallece cuando este se realiza, por lo general en paupérrimas condiciones. "La ilegalidad expone a las mujeres, especialmente a las más pobres, a prácticas que ponen en riesgo su salud y su vida", concluye el Cedes.
El artículo 86 del código penal argentino considera que la interrupción del embarazo no es punible "cuando proviene de una violación" de la que es víctima "una mujer idiota o demente". Pero la jueza de menores, Inés Siro, que en un principio atendió la causa, dijo que el "el caso no se encuadraba en la doctrina del aborto terapéutico". Lo mismo opinó un tribunal de segunda instancia, invocando ya más explícitamente que se "respete" el "derecho a la vida".