Ajaspino
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- 24 Sep 2003
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Conocí a Laura cuando entró a trabajar donde trabajaba yo antes.
No era una chica ni guapa ni fea. Del montón. Pero tenia un 'noséqué'. Una cara simpática y un cuerpo más que correcto.
Treinta años bien llevados, pequeñita, de formas exhuberantes y de trato agradable.
Tuve que darle formación durante un par de dias, así que entablamos amistad rápidamente.
Un día le propuse ir a tomar un café al salir y así, de paso, le podría contar los intríngulis de la empresa, ya que explicarle ciertas cosas en la oficina no me parecía correcto y siempre había antenas parabólicas al acecho.
Ella aceptó.
La cosa duró una semana. Cada día nos íbamos a tomar el café al salir de la oficina y, poco a poco, nos ibamos contando algunas intimidades.
A las dos semanas nuestra amistad se convirtió en lo que yo buscaba desde un principio. Sexo.
Sexo puro y duro. Mucha pasión pero nada de amor.
Ella buscaba algo más de esa relación, pero yo tenia claro que no quería nada más.
Se lo dejé claro desde un principio y, a pesar de que ella no decía nada, se notaba que su fin era el de engatusarme.
Los cafés de las tardes se convirtieron en almuerzos al mediodía y salidas cada vez más comunes.
Dos meses más tarde me cansé de ella y le dije que no quería seguir saliendo porque no podía darle lo que ella buscaba.
Ella sólo tardó un dia en encontrar a un pardillo que le aguantara sus carantoñas. Un tipo que la persegía desde hacía un tiempo.
Me alegré de ello, ya que así conseguía que me olvidara y no me diera la brasa.
Sexualmente era un auténtico volcán.
Se lo tragaba apurando hasta la última gota (le encantaba el sabor del semen), se humedecía con una sola caricia y le encantaba el sexo anal. No se conformaba con un solo polvo por noche ni con un 'sábado sabadete'. Cada semana caían 4 ó 5 polvos y cada vez iba a más.
No se cortaba con ninguna de las propuestas que le hacía, excepto la del trío con una amiga suya. Eso la cabreó bastante.
Aunque bastante guarrilla, en el fondo era una celosa en potencia y no toleraba que estando yo con ella hiciera comentarios (bastante suaves, por cierto) sobre algun chica de la empresa.
De eso hace ahora tres años.
La encontré hace dos semanas por la calle, con un niño de 2 años y poco encima, se tuvo que casar de penalty y el pobre tontín que la acompañaba tenía unas ojeras que le llegaban a los piés.
El niño tiene los ojos azules. Tanto la madre como el padre tienen los ojos marrones.
Yo tengo los ojos azules.
:?
No era una chica ni guapa ni fea. Del montón. Pero tenia un 'noséqué'. Una cara simpática y un cuerpo más que correcto.
Treinta años bien llevados, pequeñita, de formas exhuberantes y de trato agradable.
Tuve que darle formación durante un par de dias, así que entablamos amistad rápidamente.
Un día le propuse ir a tomar un café al salir y así, de paso, le podría contar los intríngulis de la empresa, ya que explicarle ciertas cosas en la oficina no me parecía correcto y siempre había antenas parabólicas al acecho.
Ella aceptó.
La cosa duró una semana. Cada día nos íbamos a tomar el café al salir de la oficina y, poco a poco, nos ibamos contando algunas intimidades.
A las dos semanas nuestra amistad se convirtió en lo que yo buscaba desde un principio. Sexo.
Sexo puro y duro. Mucha pasión pero nada de amor.
Ella buscaba algo más de esa relación, pero yo tenia claro que no quería nada más.
Se lo dejé claro desde un principio y, a pesar de que ella no decía nada, se notaba que su fin era el de engatusarme.
Los cafés de las tardes se convirtieron en almuerzos al mediodía y salidas cada vez más comunes.
Dos meses más tarde me cansé de ella y le dije que no quería seguir saliendo porque no podía darle lo que ella buscaba.
Ella sólo tardó un dia en encontrar a un pardillo que le aguantara sus carantoñas. Un tipo que la persegía desde hacía un tiempo.
Me alegré de ello, ya que así conseguía que me olvidara y no me diera la brasa.
Sexualmente era un auténtico volcán.
Se lo tragaba apurando hasta la última gota (le encantaba el sabor del semen), se humedecía con una sola caricia y le encantaba el sexo anal. No se conformaba con un solo polvo por noche ni con un 'sábado sabadete'. Cada semana caían 4 ó 5 polvos y cada vez iba a más.
No se cortaba con ninguna de las propuestas que le hacía, excepto la del trío con una amiga suya. Eso la cabreó bastante.
Aunque bastante guarrilla, en el fondo era una celosa en potencia y no toleraba que estando yo con ella hiciera comentarios (bastante suaves, por cierto) sobre algun chica de la empresa.
De eso hace ahora tres años.
La encontré hace dos semanas por la calle, con un niño de 2 años y poco encima, se tuvo que casar de penalty y el pobre tontín que la acompañaba tenía unas ojeras que le llegaban a los piés.
El niño tiene los ojos azules. Tanto la madre como el padre tienen los ojos marrones.
Yo tengo los ojos azules.
:?
