Juvenal
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- 23 Ago 2004
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Lo anunciaban carteles por toda la ciudad: Benny Hinn acudiría a predicar al Palau Sant Jordi.
El Castells, yo y el Rufo no podíamos desaprovechar tal ocasión. Teníamos que echarnos unas risas viendo los "milagros" que inevitablemente se producirían. Ya que no tendríamos el gusto de conocer a Jimmy Swaggart o Jerry Falwell, aquella sería una buena opción.
En el coche, el Castells puso un pequeño aperitivo camino de Barcelona, el triunfo del acero de Manowar a toda castaña. Nos íbamos preparando para la sesión...
Llegamos al Palau a las 16:15 hora zulú. El servicio de seguridad lucía unas pulcras camisas blancas, envidia de Carlton Banks y pantalones dignos de Urkel. Decidimos aposentarnos en la parte más lejana del escenario, no fuera que nos "invitaran" a salir al mismo.
Una marea humana comenzó a llenar el Sant Jordi. Nuestra zona fue poco a poco ocupada por gitanos de todo pelaje y condición, dispuestos a participar del culto y a oír a Benny.
Comenzó el acto: al escenario subió una gorda negra, cualquiera pensaría que iba a cantar "Barras y estrellas", pero no... cantó himnos de alabanza, y justo es reconocerlo, con dulce voz de soprano y notable oficio.
Luego subió Benny, con las mismas pintas que el reverendo de la última película de Timothy Dalton como James Bond. Hacía su prédica en inglés, mientras una chica lo traducía a un español sudamericano...
"Aqui en Barselona hay un fortísimo espíritu de hechisería que hay que exorsisar..."
Justo cuando todavía jugábamos "al" rol, ¿habría leído Benny nuestra mente?
El pastor Hinn dio las gracias a la gente que había acudido de Hungría, Escocia, Portugal. Cada vez que pronunciaba el nombre de un país, un sector prorrumpía en vítores. Comenzaron los desmayos...
Proseguía el speech, allí nos aburríamos, no se veían cojos correr los cien metros lisos...
Luego todo se desencadenó.
Imagínense 10.000 personas berreando, intentando cantar sin el menor sentido del ritmo ni la armonía, 10.000 almas dando palmas desacompasadamente... Bestial, solo faltaban los timbales, los galos, James Earl Jones y las dos serpientes enfrentadas.
El griterío era ensordecedor. Al Castells se le fue la olla definitivamente y empezó a gritar: "Gilipollas, todo esto es un cuento. Es mentira". Yo puse cara de no conocerlo y a canturrear como todo el mundo
QUEREMOS DARTE GLORIA, OH SEÑOR
El Rufo había salido a tomar el aire... y yo comenzaba a ver formas blancas revolotear a mi alrededor. El ambiente era atronador, nuestra mente se hacía añicos...
Aleluya, hermanos.
Una gitana cayó de bruces, elevó los brazos y empezó a gritar: "Gloriaaaaaa, gloriaaaaaaaaaaa". Rápidamente una multitud empezó a levantar las manos y a decir: "Presensiaaaaaaaaaaa, presensiaaaaaaaaa".
A las 18:45 salimos escopeteados de aquel nido de locos. A la mañana siguiente todavía me zumbaban los oídos y seguía con una de las dos peores jaquecas que he tenido en mi vida.
Posteriormente supe que a las 23 h. aproximadamente varios tumores fueron sanados y varios paralíticos lograron andar.
Y no me extraña.
El Castells, yo y el Rufo no podíamos desaprovechar tal ocasión. Teníamos que echarnos unas risas viendo los "milagros" que inevitablemente se producirían. Ya que no tendríamos el gusto de conocer a Jimmy Swaggart o Jerry Falwell, aquella sería una buena opción.
En el coche, el Castells puso un pequeño aperitivo camino de Barcelona, el triunfo del acero de Manowar a toda castaña. Nos íbamos preparando para la sesión...
Llegamos al Palau a las 16:15 hora zulú. El servicio de seguridad lucía unas pulcras camisas blancas, envidia de Carlton Banks y pantalones dignos de Urkel. Decidimos aposentarnos en la parte más lejana del escenario, no fuera que nos "invitaran" a salir al mismo.
Una marea humana comenzó a llenar el Sant Jordi. Nuestra zona fue poco a poco ocupada por gitanos de todo pelaje y condición, dispuestos a participar del culto y a oír a Benny.
Comenzó el acto: al escenario subió una gorda negra, cualquiera pensaría que iba a cantar "Barras y estrellas", pero no... cantó himnos de alabanza, y justo es reconocerlo, con dulce voz de soprano y notable oficio.
Luego subió Benny, con las mismas pintas que el reverendo de la última película de Timothy Dalton como James Bond. Hacía su prédica en inglés, mientras una chica lo traducía a un español sudamericano...
"Aqui en Barselona hay un fortísimo espíritu de hechisería que hay que exorsisar..."
Justo cuando todavía jugábamos "al" rol, ¿habría leído Benny nuestra mente?
El pastor Hinn dio las gracias a la gente que había acudido de Hungría, Escocia, Portugal. Cada vez que pronunciaba el nombre de un país, un sector prorrumpía en vítores. Comenzaron los desmayos...
Proseguía el speech, allí nos aburríamos, no se veían cojos correr los cien metros lisos...
Luego todo se desencadenó.
Imagínense 10.000 personas berreando, intentando cantar sin el menor sentido del ritmo ni la armonía, 10.000 almas dando palmas desacompasadamente... Bestial, solo faltaban los timbales, los galos, James Earl Jones y las dos serpientes enfrentadas.
El griterío era ensordecedor. Al Castells se le fue la olla definitivamente y empezó a gritar: "Gilipollas, todo esto es un cuento. Es mentira". Yo puse cara de no conocerlo y a canturrear como todo el mundo
QUEREMOS DARTE GLORIA, OH SEÑOR
El Rufo había salido a tomar el aire... y yo comenzaba a ver formas blancas revolotear a mi alrededor. El ambiente era atronador, nuestra mente se hacía añicos...
Aleluya, hermanos.
Una gitana cayó de bruces, elevó los brazos y empezó a gritar: "Gloriaaaaaa, gloriaaaaaaaaaaa". Rápidamente una multitud empezó a levantar las manos y a decir: "Presensiaaaaaaaaaaa, presensiaaaaaaaaa".
A las 18:45 salimos escopeteados de aquel nido de locos. A la mañana siguiente todavía me zumbaban los oídos y seguía con una de las dos peores jaquecas que he tenido en mi vida.
Posteriormente supe que a las 23 h. aproximadamente varios tumores fueron sanados y varios paralíticos lograron andar.
Y no me extraña.