Fui a desayunar a una terraza de un pequeño local de Zahara en vacaciones. Aparqué justo en la puerta y me vio llegar un gitano joven que estaba sentado en otra mesa.
El gitano me miraba y remiraba. Después de un rato, se levantó y vino a mi mesa.
- Hombreeee, eres Pedro el Granaino, ¿verdad?
- ¿Cómo dice? no, no, soy.
- No me engañeees, que si, que tú eres Pedro el Granaino, que he ido a conciertos tuyos, que eres un grande, un maestrooo.
- Que no, que se equivoca usted, que yo no soy cantante, ni me llamo Pedro.
- Ayyy tus muertos, que si que eres, que no voy a decir nada, que si quieres que no se entere naide, yo no digo ni mu, por la gloria de mi santa madre.
- Que no hombre, que no soy, que me llamo Blood.
- Ayyyy que si, que yo lo sé que si, diga lo que quiera, pero sí que es.
Me hice el loco y seguí desayunando.
Se fue a su mesa y antes de irse, me saludó de lejos.
Cuando fui a pagar el camarero me dijo que me había invitado el gitano.
No solo fui confundido con un gitano famoso, sino que fui invitado a desayunar.
¿Puede haber algo más gitano que el que un gitano te invite a algo?
Si, en verano con el moreno me vuelvo medio gitano.