Una gorda me follo cuando aún tenía que domar mi pelo revoltoso, la cosa es que me llevó de compras y me regaló un cinturón de baratillo, acto seguido recuerdo estar en su casa, nos restregamos un rato con la torpeza propia de los años, camino del dormitorio me encontré desnudo, no dije que no a nada porque me iba la honra en ello y la magree cada parte grasienta de su cuerpo, para encontrarme en los glúteos unos granos descomunales que di por naturales y apropiados en esa naturaleza excesiva.
Fallamos y marché de su casa sin remordimientos y satisfecho.
Carbonez siempre cumple.