Dícese que fue de lo mejor, y que las viejas cintas de los años ochenta y noventa tenían gracia y arte; mas bien mirado, no eran sino oropeles que doraban el vicio. Porque no por antiguo deja el pecado de serlo, ni por repetido se vuelve virtud lo que solo halaga al apetito y adormece el juicio.
Que engañosa es esa memoria que llama genial a lo que solo daba pasto a los sentidos, como si el tiempo curase la liviandad o la costumbre absolviese la flaqueza. Bien sabía Don Quijote que los placeres sin freno prometen mucho y pagan poco, y que cuanto más se les mira, menos dejan al alma y más le quitan al seso.
Así que no fue grandeza, sino ruido; no fue arte, sino anzuelo. Y quien lo alaba confunde la nostalgia con la verdad, olvidando que el deleite sin templanza es camino corto y lodoso, donde el hombre cree avanzar y sólo da vueltas sobre sí mismo.