El catolicismo y heterosexualidad van de la mano.
Las escrituras lo dicen, no se especifica que ningún apóstol fuese sodomita, y además está la figura de María Magdalena (abstinencia, sí, pero es que algunas mujeres, jejeje, ya se sabe, tentación pura). Un obispo preñando a la Marozia o la Borgia de turno será un antentado contra la moral cristiana, pero ojo, ahí queda; en cambio, un pederasta está cometiendo un crimen penal.
Lo que pasa es que los interesados vieron que aquello era un "club de caballeros", un auténtico paraíso de campo de nabos, no sólo de hombres, sino de niños, y se fueron infiltrando; y así, tras pasar la edad media y la moderna, donde todo el mundo era más o menos un hijo de puta, llegamos al siglo XIX y XX donde los que habían cruzado todas las líneas rojas en Europa (pederasta en serie) eran enviados al gulag dorado de hispanoamérica. Hay tantos, que se ha ido de las manos. No habría juicio para tanto pederasta. Y eso sin contar la mafia católica irlandesa, donde hasta el cura más pringao del villorrio más mierder es una especie de eminencia intocable. Y así fue hasta no hace tanto en el resto de la Europa católica.
O sea, que citando a
@FlorianSotoPeña , sí, debería haber un control de admisión. De cara al antes y el después. No me vale el "que entre
cualquiera que faltan fieles", ya sean gays o heteros.