Alcaudon
Freak
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Estoy cabreado.
Y con razón
Es ese cabreo lúcido y sereno.
El que sale cuando ves cómo tratan de tomarte por idiota a la cara.
Este panfleto es exactamente eso: un puto insulto a la inteligencia de cualquiera que tenga dos neuronas funcionales.
Sí, el estado de WhatsApp de la charo-mujer de un colega emasculado.
Porque mirad la jugada: te ponen ahí una ristra kilométrica de siglas, muchas de ellas de colectivos pequeños que se mueven de verdad por la educación pública…
Y entonces, como quien no quiere la cosa, ¡zas!, te plantan en mitad del cartel a las tres putas piedras angulares de la corrupción española: CCOO, UGT y PSOE. Así, como si fueran "una más", como si no hubiera un historial entero de mamoneo, de sobres, de mariscadas, de putas de lujo, de cocaína que parece sacada de un narcocorrido.
Yo lo veo pensando: coño, si esto es un insulto.
Es que ES un insulto.
Es un "a ver si tragas", un "te pongo delante el mismo eslogan de siempre pero te meto por debajo el mecanismo de extracción de impuestos para mis vicios".
Y aquí entra el lenguaje.
Dunero público suena a "cosa sin dueño", como una playa o un puto parque nacional.
Pero, cómo saben los anglos, "taxpayer money" (dinero del contribuyente), eso te dice: oye, chaval, que esto lo estás pagando tú con cada IVA del supermercado, con cada retención del IRPF, con cada cuota de autónomo, con cada euro que ganas.
Pero aquí no, aquí "lo público" es una nebulosa donde los de arriba meten la mano como a un pozo sin fondo.
Y claro, ya sabemos cómo funciona esta peña, veo el cartel y me entra el instinto homicida.
Porque no hablan de educación pública, hablan de sus estructuras, de su red clientelar, de su ecosistema de comisiones, subvenciones, sobresueldos, cenas con carabineros, putas de mil pavos la hora y farlopa para la tropa.
Todo pagado con el IVA del pan que compra un padre a las siete de la mañana antes de currar.
Lo que realmente me jode es el intento de chantaje emocional: "¿no apoyas esto?, entonces estás contra la educación de los niños pobres".
Pero vete tú a mirar facturas, vete tú a mirar expedientes, vete tú a mirar los testimonios de los propios trabajadores de Paradores Nacionales; los que contaron que, durante la pandemia, la cúpula socialista convirtió hoteles públicos en putos clubes privados para puteros de élite con barra libre de marisco y farlopa.
Y luego ellos, con sus carteles preciosos, apelando a la virtud, a la justicia social, a las causas nobles…, cuando han demostrado una y otra vez que sus causas son excusas.
Causas que no les importan una mierda, salvo cuando les sirven para sacar más tajada.
Cambio climático, feminismo, educación pública, vivienda, inmigración…, todo les sirve como palanca para seguir ordeñando presupuestos y seguir financiando esa doble vida de rock stars de Hacendado.
Toca los cojones.
Sabemos lo que cuesta ganar un puto euro.
Sabemos lo que pesa cada impuesto en nuestra espalda.
Y ver que esa pasta no va para mejorar carreteras, no va a colegios, no va a sanidad; porque jamás han estado peor y jamás hemos pagado tantos impuestos.
Esa pasta va para los caprichos de unos cabronazos que predican moral mientras se ponen ciegos en hoteles de lujo.
Y con razón
Es ese cabreo lúcido y sereno.
El que sale cuando ves cómo tratan de tomarte por idiota a la cara.
Este panfleto es exactamente eso: un puto insulto a la inteligencia de cualquiera que tenga dos neuronas funcionales.
Sí, el estado de WhatsApp de la charo-mujer de un colega emasculado.
Porque mirad la jugada: te ponen ahí una ristra kilométrica de siglas, muchas de ellas de colectivos pequeños que se mueven de verdad por la educación pública…
Y entonces, como quien no quiere la cosa, ¡zas!, te plantan en mitad del cartel a las tres putas piedras angulares de la corrupción española: CCOO, UGT y PSOE. Así, como si fueran "una más", como si no hubiera un historial entero de mamoneo, de sobres, de mariscadas, de putas de lujo, de cocaína que parece sacada de un narcocorrido.
Yo lo veo pensando: coño, si esto es un insulto.
Es que ES un insulto.
Es un "a ver si tragas", un "te pongo delante el mismo eslogan de siempre pero te meto por debajo el mecanismo de extracción de impuestos para mis vicios".
Y aquí entra el lenguaje.
Dunero público suena a "cosa sin dueño", como una playa o un puto parque nacional.
Pero, cómo saben los anglos, "taxpayer money" (dinero del contribuyente), eso te dice: oye, chaval, que esto lo estás pagando tú con cada IVA del supermercado, con cada retención del IRPF, con cada cuota de autónomo, con cada euro que ganas.
Pero aquí no, aquí "lo público" es una nebulosa donde los de arriba meten la mano como a un pozo sin fondo.
Y claro, ya sabemos cómo funciona esta peña, veo el cartel y me entra el instinto homicida.
Porque no hablan de educación pública, hablan de sus estructuras, de su red clientelar, de su ecosistema de comisiones, subvenciones, sobresueldos, cenas con carabineros, putas de mil pavos la hora y farlopa para la tropa.
Todo pagado con el IVA del pan que compra un padre a las siete de la mañana antes de currar.
Lo que realmente me jode es el intento de chantaje emocional: "¿no apoyas esto?, entonces estás contra la educación de los niños pobres".
Pero vete tú a mirar facturas, vete tú a mirar expedientes, vete tú a mirar los testimonios de los propios trabajadores de Paradores Nacionales; los que contaron que, durante la pandemia, la cúpula socialista convirtió hoteles públicos en putos clubes privados para puteros de élite con barra libre de marisco y farlopa.
Y luego ellos, con sus carteles preciosos, apelando a la virtud, a la justicia social, a las causas nobles…, cuando han demostrado una y otra vez que sus causas son excusas.
Causas que no les importan una mierda, salvo cuando les sirven para sacar más tajada.
Cambio climático, feminismo, educación pública, vivienda, inmigración…, todo les sirve como palanca para seguir ordeñando presupuestos y seguir financiando esa doble vida de rock stars de Hacendado.
Toca los cojones.
Sabemos lo que cuesta ganar un puto euro.
Sabemos lo que pesa cada impuesto en nuestra espalda.
Y ver que esa pasta no va para mejorar carreteras, no va a colegios, no va a sanidad; porque jamás han estado peor y jamás hemos pagado tantos impuestos.
Esa pasta va para los caprichos de unos cabronazos que predican moral mientras se ponen ciegos en hoteles de lujo.
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