PELAGIVS
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- 30 Nov 2004
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Y no, no me refiero a términos monetarios.
El caso es que, tras pasar tres maravigliosos años de mi vida en una universidad católica privada, mis padres, al ver los mediocres resultados académicos de sus inversiónes anuales (un millón de pesetas de matrícula, y otro tanto de alojamiento y manutención) han decidido, meses ha, que regrese al hogar y vaya a una universidad pública, con la plebe.
Las diferencias, en una primera impresión, entre ambas instituciones son notorias: en mi nueva universidad véasen, verbi gracia, la frialdad de las aulas y estructuras arquitectónicas y su escaso mantenimiento y limpieza, la también frialdad (rayando en la grosería y evidente pasotismo) de los bedeles, secretarias, etc. (en contraste con los sonrientes y solícitos asalariados, que no funcionarios, que solían atenderme por allá), la masificación...
Mención aparte merece el variopinto alumnado:
Acostumbrado como estaba a ver pulular por el suntuoso campus a señoritos andaluces, alternativillas progre-anarco-millonarias, pijas repelentes (pero repelentes de verdad, de esas que en verano no les pican los mosquitos, aunque yo de buena tinta las picaba, y a alguna piqué) exhibiendo palmito en la biblioteca, curas vociferantes, y un largo etcétera, me encuentro compartiendo las aulas con el vulgo, los hijos de la calle, gente de todo tipo, por lo general diferente, ni mejor ni peor, que los individuos anteriormente enumerados.
Y otra de las diferencias, a lo que voy, es el mayor nivel académico que hay en esta universidad comparándolo con la anterior; la privada de la que provengo goza, supuestamente, de gran prestigio y predicamento (sobre todo en dos o tres carreras, donde se dice que es lo más de lo más), pero el nivel de exigencia es mínimo, aquí la gente se lo curra mucho más, y también mucho más difícil es aprobar.
Aparte de la notoria presencia de eminencias barbudas presidiendo las cátedras y las periódicas visitas y convenios de importantes bufetes de abogados en las facultades, no veo por qué ha ser más valioso, a la hora de encontrar trabajo, tener un título de esta universidad, en la que mucha gente aprueba por la pasta, que el de cualquier otra, pública, popular o lo que sea, donde la gente se lo curra más y suele salir más preparada y con más conocimientos (hablo, claro está, en términos generales, sin concretar carreras puntuales, cuyo prestigio puede variar de una universidad a otra).
Si el nivel académico no es nada del otro mundo, ¿por qué van a coger antes a un licenciado en Navarra o la San Pablo-CEU que a uno de Salamanca o Alcalá de Henares? ¿Porque es más educado?
El caso es que, tras pasar tres maravigliosos años de mi vida en una universidad católica privada, mis padres, al ver los mediocres resultados académicos de sus inversiónes anuales (un millón de pesetas de matrícula, y otro tanto de alojamiento y manutención) han decidido, meses ha, que regrese al hogar y vaya a una universidad pública, con la plebe.
Las diferencias, en una primera impresión, entre ambas instituciones son notorias: en mi nueva universidad véasen, verbi gracia, la frialdad de las aulas y estructuras arquitectónicas y su escaso mantenimiento y limpieza, la también frialdad (rayando en la grosería y evidente pasotismo) de los bedeles, secretarias, etc. (en contraste con los sonrientes y solícitos asalariados, que no funcionarios, que solían atenderme por allá), la masificación...
Mención aparte merece el variopinto alumnado:
Acostumbrado como estaba a ver pulular por el suntuoso campus a señoritos andaluces, alternativillas progre-anarco-millonarias, pijas repelentes (pero repelentes de verdad, de esas que en verano no les pican los mosquitos, aunque yo de buena tinta las picaba, y a alguna piqué) exhibiendo palmito en la biblioteca, curas vociferantes, y un largo etcétera, me encuentro compartiendo las aulas con el vulgo, los hijos de la calle, gente de todo tipo, por lo general diferente, ni mejor ni peor, que los individuos anteriormente enumerados.
Y otra de las diferencias, a lo que voy, es el mayor nivel académico que hay en esta universidad comparándolo con la anterior; la privada de la que provengo goza, supuestamente, de gran prestigio y predicamento (sobre todo en dos o tres carreras, donde se dice que es lo más de lo más), pero el nivel de exigencia es mínimo, aquí la gente se lo curra mucho más, y también mucho más difícil es aprobar.
Aparte de la notoria presencia de eminencias barbudas presidiendo las cátedras y las periódicas visitas y convenios de importantes bufetes de abogados en las facultades, no veo por qué ha ser más valioso, a la hora de encontrar trabajo, tener un título de esta universidad, en la que mucha gente aprueba por la pasta, que el de cualquier otra, pública, popular o lo que sea, donde la gente se lo curra más y suele salir más preparada y con más conocimientos (hablo, claro está, en términos generales, sin concretar carreras puntuales, cuyo prestigio puede variar de una universidad a otra).
Si el nivel académico no es nada del otro mundo, ¿por qué van a coger antes a un licenciado en Navarra o la San Pablo-CEU que a uno de Salamanca o Alcalá de Henares? ¿Porque es más educado?
