Alcaudon
Freak
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Han pasado 24 años desde el 9/11, y todavía pretenden que traguemos la puta versión oficial como si fuéramos gilipollas.

Dos aviones secuestrados por cuatro mataos, tres torres cayendo como si fueran de cartón y un gobierno que se hace la víctima.
La realidad es que aquello fue un autoatentado al estilo Maine y USS Maddox, una jugada del Deep State con demolición controlada y un guion escrito al milímetro para justificar que el Estado creciera como un puto monstruo.
Los aviones fueron el espectáculo visual, la carnaza para la tele, todo el planeta lo vio en directo.
Lo que derribó esas torres no fue el queroseno, sino una demolición planificada. Y no lo digo yo, lo dicen arquitectos, ingenieros y bomberos que estuvieron allí, a los que se les tapó la boca.
Mientras tanto, la prueba estrella es un pasaporte milagroso de un secuestrador, intacto, aparecido entre miles de toneladas de acero fundido y escombros.
¿De verdad alguien se sigue creyendo esa puta broma?
La CIA, la NSA y toda la maquinaria del Deep State convirtieron la masacre en un cheque en blanco: "Patriot Act", torturas, guerras infinitas y el advenimiento del nuevo Gran Hermano.
Lo de Snowden y PRISM sólo confirmó lo que ya era obvio: desde ese día todos hemos estado fichados como ganado.
El 11S no fue únicamente un atentado, sino fue un sacrificio en directo, un ritual macabro para acojonar al mundo y levantar un Estado policial global.
Allí no murieron solamente tres mil personas, allí murió la edad dorada de la libertad en Occidente (1948/2001).
La cuestión ya no es si fue un autoatentado.
La cuestión es hasta cuándo vamos a seguir haciéndonos los suecos.

Dos aviones secuestrados por cuatro mataos, tres torres cayendo como si fueran de cartón y un gobierno que se hace la víctima.
La realidad es que aquello fue un autoatentado al estilo Maine y USS Maddox, una jugada del Deep State con demolición controlada y un guion escrito al milímetro para justificar que el Estado creciera como un puto monstruo.
Los aviones fueron el espectáculo visual, la carnaza para la tele, todo el planeta lo vio en directo.
Lo que derribó esas torres no fue el queroseno, sino una demolición planificada. Y no lo digo yo, lo dicen arquitectos, ingenieros y bomberos que estuvieron allí, a los que se les tapó la boca.
Mientras tanto, la prueba estrella es un pasaporte milagroso de un secuestrador, intacto, aparecido entre miles de toneladas de acero fundido y escombros.
¿De verdad alguien se sigue creyendo esa puta broma?
La CIA, la NSA y toda la maquinaria del Deep State convirtieron la masacre en un cheque en blanco: "Patriot Act", torturas, guerras infinitas y el advenimiento del nuevo Gran Hermano.
Lo de Snowden y PRISM sólo confirmó lo que ya era obvio: desde ese día todos hemos estado fichados como ganado.
El 11S no fue únicamente un atentado, sino fue un sacrificio en directo, un ritual macabro para acojonar al mundo y levantar un Estado policial global.
Allí no murieron solamente tres mil personas, allí murió la edad dorada de la libertad en Occidente (1948/2001).
La cuestión ya no es si fue un autoatentado.
La cuestión es hasta cuándo vamos a seguir haciéndonos los suecos.






