Cúmulo de errores y negligencias
Análisis | Las causas del suceso
Una concatenación de desidias administrativas, imprudencias de los excursionistas, errores técnicos y falta de coordinación entre administraciones provocó la tragedia
Los principales culpables de lo ocurrido son quienes prendieron la barbacoa pese al viento reinante, pero en la magnitud de la tragedia influyeron otros muchos factores.
Ubicación: El lugar en el que está instalado el merendero es inapropiado.El merendero de la Cueva de los Casares está situado en un lugar inapropiado para este tipo de instalaciones. La vegetación llega prácticamente hasta las instalaciones y a escasos metros de las barbacoas hay un campo de trigo que con la sequedad del verano se convierte en un peligro. La instalación está completamente abierta y a merced del viento que, como ha ocurrido en este caso, puede desplazar las brasas.
Señalización: En la zona no hay carteles de advertencia sobre el peligro de incencio en días de viento o secos.
En toda la zona cercana al merendero no existe señalización alguna que prohíba encender una barbacoa en días de viento ni carteles con recomendaciones sobre su uso y de seguridad para apagar el fuego en caso de que se extienda.
Imprudencia: Los excursionistas no hicieron caso de las recomendaciones.
A pesar de que el guía de la cueva les advirtió de que no era día para barbacoas, insistieron en hacer el fuego y no guardaron la mínima seguridad. También es imprudente que el guarda se limitara a advertirles, y no a prohibirles taxativamente que hicieran el fuego. Aunque el vigilante ha declarado que no tiene autoridad para ello, debería haber avisado a la Guardia Civil al comprobar que los excursionistas no le hacían caso.
Torpeza. Actuaron con torpeza a la hora de apagar las primeras llamas.
En lugar de lanzarse directamente a cortar el oxígeno de las primeras llamas con prendas o ramas, los excursionistas perdieron tiempo precioso en intentar recoger agua en la alberca cercana. Los vecinos coinciden en que el primer fuego se habría podrido apagar de haber actuado con diligencia.
Arbolado peligroso. La zona quemada estaba repleta de pinos viejos cargados de resina.
A escasos metros de la Cueva de los Casares había miles de pinos resineros, muchos de ellos viejos, cargados de resina, lo que los convierte en árboles muy peligrosos. En este incendio actuaron como antorchas dado que al alcanzar las llamas la resina su efecto destructor se multiplicó. Vecinos de la zona indicaban que los pinos viejos debían haber sido talados en época tan seca como el verano y en que la resina que contenían debía haberse recogido con anterioridad.
Tardanza. Los bomberos no llegaron al lugar hasta dos horas después de iniciarse el fuego.
Pese a que el Gobierno de Castilla-La Mancha asegura que llegaron en una hora, todos los vecinos consultados dicen que fueron dos horas. En ese tiempo las llamas habían alcanzado la zona de pinos y su extinción era ya prácticamente imposible. De haber llegado antes podría haberse evitado que el incendio avanzara de forma tan rápida.
Averías. Los helicópteros que llegaron al lugar sufrieron percances y averías.
Los helicópteros fueron los primeros en llegar, pero uno sufrió una avería y tuvo que regresar a la base y otro perdió la cesta en la que llevaba agua para apagar el fuego. Eso hizo que durante una hora sólo se pudiera luchar con máquinas y equipos de tierra.
Exceso de confianza. El Gobierno manchego tardó demasiado en pedir ayuda.
La ley indica que las competencias en incendios son de los gobiernos autonómicos. Pero establece también que cuando el nivel del fuego pasa a ser de Nivel 2 debe requerirse la ayuda del Gobierno central, que sólo así puede intervenir. El Ejecutivo autonómico tardó 28 horas en declarar el Nivel 2 y en pedir ayuda, a pesar de que era claramente incapaz de controlar el incendio. Cuando lo hizo, ya habían perecido once personas. Ese retraso hizo también que la mayoría de los medios disponibles por el Gobierno entraran en acción demasiado tarde. De haber declarado antes el Nivel 2 no se habría evitado el incendio, pero sus proporciones habrían sido mucho menores.
Desconocimiento. Los bomberos y voluntarios no conocían bien la zona.
Algunas de las cuadrillas que intervinieron no conocían bien la orografía. Unos fueron guiados por vecinos del lugar pero otros se adentraron en zonas peligrosas sin contar con el asesoramiento de personas que conocieran las características del terreno. En otras ocasiones, el desconocimiento de la zona hizo que se tardara mucho en entrar, al necesitarse previamente una inspección aérea o la incursión de un todoterreno.
Descoordinación. Personal y medios de otras comunidades no actuaron al principio.
A la zona se desplazaron en un primer momento especialistas de otras comunidades, como Castilla y León, en previsión de que el fuego alcanzara a sus autonomías. Entre ellos estaba precisamente el único superviviente del retén en el que fallecieron once personas, Jesús Abad, que reside en Soria. Estaba allí desde el sábado pero no le dejaron actuar por ser de otra comunidad. Hasta el domingo al mediodía no solicitaron su ayuda y poco después sucedió la tragedia. Castilla-La Mancha tampoco pidió ayuda a Madrid, a pesar de que existe un convenio de colaboración entre ambas comunidades en caso de fuego.
Falta normativa. No hay una ley sobre las condiciones en las que se puede encender fuego.
La normativa sobre el uso de barbacoas en el campo corresponde a la administración autonómica. Cada autonomía delimita los lugares en los que está permitido encender fuego en el campo pero no especifica en qué fechas y en qué condiciones está prohibido, limitándose a exigir precauciones mínimas sobre las que no existe garantía de cumplimiento.