practico
Forero del todo a cien
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- 14 Abr 2025
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Ucraniana guapa. Masaje es aceite como paellera, sin besos ni dedos ni frances ni sexo nada. La cosa empezó ya torcida: ella ucraniana, yo con el Google Translator echando humo ya que tampoco habla inglés. Aquello no era conversación, era un duelo de gestos patrocinado por Movistar, sin sonreír. Mucho esfuerzo para acabar entendiendo lo justo.
La habitación, eso sí, cumplidora: baño propio y ventilador de techo que giraba como hélice de avioneta soviética. Nada de lujos, pero tampoco mugre. Y los precios, claros como agua: sesenta la media, cien la hora.
El “masaje” fue otra historia. Ni shiatsu, ni tailandés, ni sueco: aquello parecía más bien que me estaban bañando en aceite como si fuera a freír calamares. Eso sí, con protocolo sanitario de manual: antes de empezar, la paja me desinfectó las manos con alcohol como si fuera a entrar en quirófano. Seguridad total, placer… el justo.
Normas estrictas: besos prohibidos, dedos prohibidos, francés inexistente y sexo, ni de lejos. Lo único permitido, tocarla con la delicadeza de un violinista durante la paja. Vamos, más restricciones que en plena pandemia.
Conclusión: experiencia curiosa, casi de supervivencia. Como anécdota vale, pero lo que se dice repetir… ni con alioli. Mejor seguir buscando otro “spa” menos soviético y con más alegría. Calidad precio baja.
La habitación, eso sí, cumplidora: baño propio y ventilador de techo que giraba como hélice de avioneta soviética. Nada de lujos, pero tampoco mugre. Y los precios, claros como agua: sesenta la media, cien la hora.
El “masaje” fue otra historia. Ni shiatsu, ni tailandés, ni sueco: aquello parecía más bien que me estaban bañando en aceite como si fuera a freír calamares. Eso sí, con protocolo sanitario de manual: antes de empezar, la paja me desinfectó las manos con alcohol como si fuera a entrar en quirófano. Seguridad total, placer… el justo.
Normas estrictas: besos prohibidos, dedos prohibidos, francés inexistente y sexo, ni de lejos. Lo único permitido, tocarla con la delicadeza de un violinista durante la paja. Vamos, más restricciones que en plena pandemia.
Conclusión: experiencia curiosa, casi de supervivencia. Como anécdota vale, pero lo que se dice repetir… ni con alioli. Mejor seguir buscando otro “spa” menos soviético y con más alegría. Calidad precio baja.