Más allá de la insinuación sobre quién paga la nómina, los datos son los que son. Y dicen tres cosas.Primero, y esto es lo realmente importante:
el sistema es actuarialmente insostenible. Según el factor de equidad actuarial calculado por el Instituto de Actuarios Españoles, en 2025 un trabajador medio recibe entre 1,5 y 2 euros de pensión por cada euro cotizado a lo largo de su vida laboral. Para alguien con 35 a 40 años cotizados que se jubila entre los 65 y los 67, el factor se sitúa en torno a 1,7-1,8.
Es decir, el sistema promete y entrega bastante más de lo que sus propios beneficiarios han aportado. Estamos ante aritmética actuarial pura, comprobable cohorte a cohorte.
Segundo, ahora que la demografía deja de jugar a favor, esa promesa estructural aflora en forma de saldo contributivo profundamente negativo. Las cotizaciones cubren apenas tres de cada cuatro euros de las prestaciones contributivas.
El déficit ronda el 3,8% del PIB y el 26% del gasto contributivo, alrededor de 60.000 millones anuales que el Estado complementa con otros impuestos o con deuda pública. Mientras la pirámide poblacional tenía base ancha, el desequilibrio quedaba camuflado por el crecimiento de cotizantes. Ahora aflora con toda su crudeza.
Tercero,
la llamada "hucha de las pensiones" es una trampa contable. Si se suman el Fondo de Reserva, los préstamos del Estado y la deuda acumulada por la Seguridad Social,
el saldo neto del sistema lleva en territorio negativo desde 2018 y en 2025 supera los 120.000 millones de euros constantes. Lo que se presentaba como capacidad de ahorro intergeneracional terminó convertido en deuda silenciosa que pagarán los mismos cohortes que cobrarán pensiones cada vez peores.
Esto es lo que en términos técnicos se entiende por insostenibilidad. Una constatación verificable con datos públicos y replicables. El sistema entrega más de lo cotizado, sobrevive gracias a transferencias masivas del Estado y carece de cualquier reserva real para amortiguar el envejecimiento.
Señalar esto, @yonoloestoy, poco tiene que ver con intereses ocultos para vender planes privados. La motivación es sencilla: que el sistema de reparto sea justo entre generaciones y financieramente viable. Quien defienda que las cotizaciones vuelvan a cubrir el gasto, que las prestaciones se ajusten a lo realmente cotizado o que se introduzcan cuentas nocionales con un segundo pilar ocupacional, debería poder discutirlo sobre el fondo. Los datos son los que son, los presente quien los presente.
