Cada vez que alguien me recuerda Arabesco se me cae el alma a los pies.
Con tremendas jamelgas me lié en su momento en la parte de arriba de la pista pequeña, donde los sofás.
No somos nadie. Como dice Rosalía:
Yo, que vengo de las estrellas,
me convierto en polvo
para volver a ellas...