El escándalo, sin embargo, no se limitó a este sujeto. Sin pretenderlo se adentró en las agresiones que muchos miembros de Herri Norte y de su entorno llevarían años cometiendo. En apenas una semana, las feministas vascas recibieron más de treinta mensajes de mujeres distintas que, en mayor o menor medida, se sentían identificadas con Izaro. La clave es que la gran mayoría de los mensajes eran de chicas que habían sido agredidas física o sexualmente por parte miembros de Herri Norte y, en menor medida, también de víctimas de radicales de la Real Sociedad y del grupo Iraultza, del Alavés.