Con la pubescencia y el consecuente proceso hormonal que te hace lechar cual vaca gallega en los pastos del Cantábrico, con decenas de pajas diarias con cualquier pasquín de propaganda, tipo Lidl, Venca o lo que sea, que te hacía eyacular con solo ver una teta o un culo, tengo que reconocer que olía que apestaba. En aquella época lo de ducharse todos los días no era un hábito adquirido, y tanto darle a la zambomba, con los restos de sabo madurando en los calzoncillos tenían las consecuencias que os podéis imaginar. Tenía incluso unos pantalones pajeros que hace años mostré en el foro, donde fui acumulando las corridas durante años, y se fue formando una costra durísima de lefa en la zona del entrepierno, casi se podían quedar de pie y con la cantidad de lefa desobada sobre ellos lo extraño es que no se marchasen corriendo a buscar chochitos ellos solos.
Y creo que esto es un hecho universal, luego con los años, y cuando pude empezar a foguearme con las tipas por ahí, encontré de todo respecto al tema olores, y he de decir que a lo largo de los años las tipas que tenían olor desagradable, tipo sobaca y bajos putrefactos con hedor a muerte, eran tipas cuyo físico era ya desaliñado, de baja estrofa, problemáticas y demás. Muchas extranjeras, y también españolas, con una higiene de bajos y bucal que dejaba bastante que desear. Recuerdo especialmente el caso de una rumana que parecía tener una mofeta en la entrepierna, por peluda y maloliente, que encima, para rematar la pesadilla de sus hedores del infierno, cagó en el retrete de la habitación-picadero donde nos hospedábamos y me creí víctima de un holocuesco cuando terminó, y lo peor es que mi polla había estado metida en ese cuerpo que era poco menos que una bolsa de basura andante.
Quiero decir, todos hemos tenido malas experiencias con los malos olores, y no creo en absoluto, y mi experiencia así me lo dice, que los panchitos sean precisamente de una pulcritud y hábitos higiénicos impecables, y más cuando su propio hábitat, allende los mares, es un estercolero infecto, con infraestructuras y calles sucias, dejadas y ruinosas, con casas particulares que no llegan ni a las chabolas más jamagosas de las 3000 viviendas. La gente que peor olía de la que he tratado eran, y ya sé que suena a tópico, los niggas, un olor entre cuero viejo y como picante, porque creo que utilizan algún potingue para la piel, y cuando se acercan el hedor es fuerte, raro y desagradable. Y en cuanto a panchitos oliendo a mierda pura, en el gimnasio más de una ocasión he experimentado el asco infinito que supone el hedor de no lavarse en meses y años.
Hasta tiempos relativamente recientes lo de lavarse no se hacía en ningún lado, no se disponía de agua potable y en cantidades ingentes en las casas, y lo del "agua va" con todos los chorongos y deposiciones humanas en las calles provocaba epidemias de cólera y otras enfermedades infecciosas, y no es hasta que a los médicos higienistas se les ocurre implementar la limpieza en las ciudades, con un alcantarillado para canalizar chorongos y meados, que la gente se preocupa por recuperar hábitos higiénicos que sí se cultivaron en el ámbito grecorromano y del mundo clásico en la remota antigüedad. Los panchitos, sucios y roñosos como son, cuando Colon los descubrió, debían oler a perrete chico, estando en taparrabos y canibalizando a las tribus vecinas como estaban en continuas guerras de exterminio. Si alguien les legó un ápice de civilización y buenas costumbres fuimos nosotros, y encima nos follamos a sus indias, que con ese cuerpo de peonza y los bigotes de un general de caballería no merecían más que infinito desprecio, así que no hablen mucho.