Ya estoy de nuevo aquí con todos ustedes para desentrañar los misterios que se encuentran en cada una de mis geniales creaciones.
Vayamos al caso práctico de hoy:
Capitán Hediondo rebuznó:
Empiezo la intervención con la clásica técnica – aunque muy en desuso desde hace no poco tiempo- de contestar a la pregunta formulada por un forero. Además, lo hago sin dar ningún tipo de rodeo y sin desviar el tema principal del hilo en cuestión. De este modo, el lector capta rápidamente el mensaje de que Hediondo sabe la respuesta, ya que se enfrenta directamente a la pregunta, mirándola cara a cara, huyendo en todo momento de una actitud dubitativa .
Además , y debo incidir en este punto, perciba el astuto lector que no respondo una sola vez. Sí, habéis leído bien, doy
dos respuestas, no una,
dos. Lógicamente, es algo que da un nivel al hilo hasta ahora no visto. Por supuesto, es algo al alcance de muy pocos, pero ya saben, si eres bueno y te sabes sinónimos, úsalos.
Capitán Hediondo rebuznó:
casi siempre, hechos contra árboles delgados (o no), y contra porterías de fútbol y baloncesto
Bueno, aquí llegamos al ya clásico punto donde introduzco mis famosas y logradas gracias. Soy consciente de que en esta ocasión os lo he puesto muy difícil, no es nada fácil pillarla. Aún así, seguro que los lectores más aventajados ya han intuido por donde van los tiros. Vamos a ver, fijaros bien en lo que va entre paréntesis, sí, lo de “o no”. La ocurrencia está ahí mismo. ¿No lo veis todavía? Venga, esforzaros un poco, ya sé que es difícil, pero tampoco voy a dároslo todo masticado. La gracia reside en que en un principio al poner lo de “hechos contra árboles delgados”, estaba especificando y apuntando hacia un tipo concreto de árboles (delgados), pero al poner “o no” he dejado abierta la posibilidad de que no sean sólo los árboles delgados los usados para el menester del castramiento infantil. Soy bueno y no me importa decirlo.
Capitán Hediondo rebuznó:
Cómo, a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor.
Bien podía haber cerrado la intervención utilizando esta famosa copla del gran Jorge Manrique, pero uno es auténtico y original, plagios los justos y necesarios. De todas formas, con mi innovadora frase, consigo transmitir los mismos sentimientos que hubiera logrado con la mencionada copla. Así es, el lector siente como propias esas sensaciones de añoranza y melancolía, es como si estuvieran en la piel de Hediondo.
Por cierto, no está de más mencionar al emoticono que acompaña al cierre, el cual evoca una imagen de joven picaruelo, lo que hace mucho más enternecedora, creible, humana y cercana a la intervención de Hediondo.