Partido Socialista Obrero Español (Pedro Sánchez)



Los socialistas, para robar más a gusto, crearon 11 fundaciones para recoger y robar dinero sin dar explicaciones ni topes, como sí tienen las cuentas de los partidos.
Viene bien explicado en el artículo.

No me carga lo de archive, pero es que hasta el puto Ábalos tenía su fundación, si mal no recuerdo, desde el año 92. Colocó a la mujer de tesorera y me suena que al suegro también.

Es que es acojonante lo que se ha robado en este puto país.
 
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La imputación de la mafia socialista un poco más cerca.
 
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Robar, robar y volver a robar, y robar, robar, volver a robar.



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A calzón bajado, les suda la poya todo.



PSOE ya tiene su lema: "Somos corruptos, y qué"​

El encubrimiento de los delitos de ZP y su inclusión como activo de la campaña demuestra que Sánchez puede convertir los escándalos en recursos electorales​



El genio de Pedro Sánchez parece haber intuido que el único modo de neutralizar un escándalo radica en convertirlo en seña de identidad. La política perdía el tiempo en disculpas cobardes y dimisiones de compromiso, un gasto de energía inútil cuando la peripecia de las joyas de Zapatero, custodiadas por el Gobierno con el desvelo ciego con que los troyanos protegían el Paladio, marca la ruta del porvenir. Si el presidente ampara la procedencia alucinatoria de un tesoro saudí, resulta ridículo quedarse a mitad de camino y no llevar la corrupción directamente al cartel electoral.
El eslogan nace solo. "Somos corruptos, y qué". Posee la insolencia necesaria para desarmar el reproche y una sinceridad que ninguna campaña socialista había conducido tan lejos. Tampoco exige incómodas precisiones sobre regeneración, la ejemplaridad o la tolerancia cero. La corrupción disipa el accidente que se oculta en la fotografía y ocupa por fin el centro del encuadre. Ferraz podría mutar de reclamar paciencia a pedir orgullo. Lo ha dicho Sánchez: ZP es un activo de la campaña, un gurú con derecho a incienso.
Y no ha importado siquiera la admisión implícita de los delitos que se desprende de la estrategia procesal. Zapatero se ampara en la prescripción. Se condena a cambio evitar la cárcel y a expensas de inmolarse como autoridad moral de la izquierda, pero impresiona que Sánchez haya decidido solidarizarse con el maestro sin miedo a provocar el estupor de la grey socialista.

Nos encontramos acaso en una evolución natural de las cosas. El PSOE ha dedicado tantos esfuerzos a separar a sus dirigentes de los escándalos que podría encontrar más sencillo emparejarlos sin equívocos. La campaña ganaría en autenticidad. José Luis Ábalos podría inaugurarla en videoconferencia desde prisión, con la autoridad melancólica de quien ha conocido el poder por dentro y la justicia también. Leire Díez asumiría la coordinación de fontanería pesada para impartir seminarios sobre control de daños, Koldo García velaría por la logística de transportes y Cerdán dirigiría el simposio sobre el empaquetado de las primarias.
Podría traerse un juez de instrucción a un mitin para humillarlo. Sacrificar a un tertuliano de la derechona. Y recurrir a los familiares más allegados del presidente como expresión de un clan que exhibe con todo descaro la conveniencia del conflicto de intereses.
Hasta los registros de la Guardia Civil en la sede de la calle Ferraz se venderían como visitas guiadas para turistas, sorteando entre los asistentes las grabaciones inéditas de los pinchazos telefónicos o accediendo a las cloacas. Las comisiones ilegales pasarán a llamarse tasa de dinamización comunitaria porque meter la mano en la caja ajena responde a una forma de redistribución de la riqueza centrada en el mecenazgo de la orfebrería de lujo.

No haría falta someter después al público a una procesión de protagonistas. Bastaría con que el escenario asumiera una estética nueva, orgullosamente judicial, como si las diligencias hubieran terminado incorporándose a la iconografía del partido.
La innovación consiste precisamente en invertir la carga de la prueba política. Hasta ahora, una investigación obligaba al dirigente afectado a apartarse o, cuando menos, a fingir incomodidad. La doctrina Sánchez propone una emancipación mucho más ambiciosa. Que sea el adversario quien explique por qué continúa escandalizándose. ¿Una causa abierta? ¿Una grabación? ¿Una joya que aparece en una caja fuerte? El problema pertenece a quien todavía conserva la anticuada costumbre de ruborizarse.
Las alhajas de Zapatero adquieren entonces una importancia fundacional. El expresidente sostiene que proceden de un obsequio del rey Abdalá de Arabia Saudí recibido en 2007, y la tasación judicial ha elevado su valor muy por encima de aquella primera impresión doméstica que las reducía casi a bisutería familiar. La escena merece superar el trámite de la defensa jurídica. Posee demasiada fuerza simbólica. La izquierda española salió de la pana, atravesó el felipismo y termina encontrándose con un juego de rubíes en oro blanco. La historia también progresa por quilates.


Ni siquiera convendría ocultarlos. Una reproducción de las joyas podría acompañar la campaña como acompañan a los candidatos las banderas y los himnos. El puño y la rosa ganarían un discreto engaste. Sánchez tendría detrás una vitrina iluminada cada vez que pronunciara un discurso sobre justicia social. Sería una extraordinaria contribución a la sinceridad contemporánea: la riqueza redistribuida hasta alcanzar la caja fuerte del patriarca.
 
Editado cobardemente:
Robar, robar y volver a robar, y robar, robar, volver a robar.



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A calzón bajado, les suda la poya todo.



PSOE ya tiene su lema: "Somos corruptos, y qué"​

El encubrimiento de los delitos de ZP y su inclusión como activo de la campaña demuestra que Sánchez puede convertir los escándalos en recursos electorales​



El genio de Pedro Sánchez parece haber intuido que el único modo de neutralizar un escándalo radica en convertirlo en seña de identidad. La política perdía el tiempo en disculpas cobardes y dimisiones de compromiso, un gasto de energía inútil cuando la peripecia de las joyas de Zapatero, custodiadas por el Gobierno con el desvelo ciego con que los troyanos protegían el Paladio, marca la ruta del porvenir. Si el presidente ampara la procedencia alucinatoria de un tesoro saudí, resulta ridículo quedarse a mitad de camino y no llevar la corrupción directamente al cartel electoral.
El eslogan nace solo. "Somos corruptos, y qué". Posee la insolencia necesaria para desarmar el reproche y una sinceridad que ninguna campaña socialista había conducido tan lejos. Tampoco exige incómodas precisiones sobre regeneración, la ejemplaridad o la tolerancia cero. La corrupción disipa el accidente que se oculta en la fotografía y ocupa por fin el centro del encuadre. Ferraz podría mutar de reclamar paciencia a pedir orgullo. Lo ha dicho Sánchez: ZP es un activo de la campaña, un gurú con derecho a incienso.
Y no ha importado siquiera la admisión implícita de los delitos que se desprende de la estrategia procesal. Zapatero se ampara en la prescripción. Se condena a cambio evitar la cárcel y a expensas de inmolarse como autoridad moral de la izquierda, pero impresiona que Sánchez haya decidido solidarizarse con el maestro sin miedo a provocar el estupor de la grey socialista.

Nos encontramos acaso en una evolución natural de las cosas. El PSOE ha dedicado tantos esfuerzos a separar a sus dirigentes de los escándalos que podría encontrar más sencillo emparejarlos sin equívocos. La campaña ganaría en autenticidad. José Luis Ábalos podría inaugurarla en videoconferencia desde prisión, con la autoridad melancólica de quien ha conocido el poder por dentro y la justicia también. Leire Díez asumiría la coordinación de fontanería pesada para impartir seminarios sobre control de daños, Koldo García velaría por la logística de transportes y Cerdán dirigiría el simposio sobre el empaquetado de las primarias.
Podría traerse un juez de instrucción a un mitin para humillarlo. Sacrificar a un tertuliano de la derechona. Y recurrir a los familiares más allegados del presidente como expresión de un clan que exhibe con todo descaro la conveniencia del conflicto de intereses.
Hasta los registros de la Guardia Civil en la sede de la calle Ferraz se venderían como visitas guiadas para turistas, sorteando entre los asistentes las grabaciones inéditas de los pinchazos telefónicos o accediendo a las cloacas. Las comisiones ilegales pasarán a llamarse tasa de dinamización comunitaria porque meter la mano en la caja ajena responde a una forma de redistribución de la riqueza centrada en el mecenazgo de la orfebrería de lujo.

No haría falta someter después al público a una procesión de protagonistas. Bastaría con que el escenario asumiera una estética nueva, orgullosamente judicial, como si las diligencias hubieran terminado incorporándose a la iconografía del partido.
La innovación consiste precisamente en invertir la carga de la prueba política. Hasta ahora, una investigación obligaba al dirigente afectado a apartarse o, cuando menos, a fingir incomodidad. La doctrina Sánchez propone una emancipación mucho más ambiciosa. Que sea el adversario quien explique por qué continúa escandalizándose. ¿Una causa abierta? ¿Una grabación? ¿Una joya que aparece en una caja fuerte? El problema pertenece a quien todavía conserva la anticuada costumbre de ruborizarse.
Las alhajas de Zapatero adquieren entonces una importancia fundacional. El expresidente sostiene que proceden de un obsequio del rey Abdalá de Arabia Saudí recibido en 2007, y la tasación judicial ha elevado su valor muy por encima de aquella primera impresión doméstica que las reducía casi a bisutería familiar. La escena merece superar el trámite de la defensa jurídica. Posee demasiada fuerza simbólica. La izquierda española salió de la pana, atravesó el felipismo y termina encontrándose con un juego de rubíes en oro blanco. La historia también progresa por quilates.


Ni siquiera convendría ocultarlos. Una reproducción de las joyas podría acompañar la campaña como acompañan a los candidatos las banderas y los himnos. El puño y la rosa ganarían un discreto engaste. Sánchez tendría detrás una vitrina iluminada cada vez que pronunciara un discurso sobre justicia social. Sería una extraordinaria contribución a la sinceridad contemporánea: la riqueza redistribuida hasta alcanzar la caja fuerte del patriarca.

Nuevo lema

Somos corruptos, pero peor es que llegue la extrema derecha
 
Es un texto irónico pero tienen razón, robamos y qué podría ser su lema que siguen pudriendo la sociedad.
Y aunque la gente no se lo cree, es muy posible que si hubiera unas elecciones, sacaran ahora mismo menos votos de los ciudadanos que el Partido Pirata, otra cosa es los que apuntarían ellos en las elecciones tras manipular las actas, los votos por correo con sobres llenos de papeletas del psoe o cualquier otra cosa que hicieran.
" ej ke los resultados de mesa es imposible manipularlos"
Correcto.
Pero como sé yo que los resultados de la mesa son los mismos que se apuntan luego en el ministerio del exterior si las actas de mesa se destruyen la mayoría y otros son enviados a 20.000 archivos distintos donde se amontonan.
 
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Ver el archivos adjunto 232562

Narcos explicandole a la Guardia Civil que ellos venderan droga a menores, pero que no les mezclen con el PSOE. Que ellos tienen principios morales y éticos.

What a time to be alive.
 
Pero bueno, esto que puñetas es? "LA GC visita a un clan de narcos", pero no los detienen ni nada? Me refiero...como si ahora dicen "la policia visita a un violador para preguntarle por un robo", pero en que mundo nos ha tocado vivir, Señor?
 
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Cuantos guardaespaldas habeis contado?

Muchos sueldos estáis pagando
 
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:torbenews:
 
Espero que uns vez que junts vote en contra de la majaderia socialista, el muy psicópata de Sánchez convoque elecciones ya.
Pd: Está muy rica esa de Laredo
 
Espero que uns vez que junts vote en contra de la majaderia socialista, el muy psicópata de Sánchez convoque elecciones ya.
Pd: Está muy rica esa de Laredo

Pero si es el chantaje de siempre para sacar mas beneficios para los puigmonguers
 
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Hehehehe.
 

​
Te acaban de subir drásticamente el alquiler, Pedro. Te lo ha subido el único que podía hacerlo, el mismo casero que te alquiló el palacio a finales de 2023 a cambio de un precio abusivo: la igualdad de todos los españoles ante la ley. Pero aquella infame amnistía -siete votos por la impunidad de un golpista- que tres años después está a punto de consumarse no incorporaba una cláusula para prorrogar el contrato: expiró el mismo día de la investidura.

Nunca fuisteis más, nunca hubo mayoría progresista, no ha existido legislatura digna de ese nombre. Hubo una ocupación alegal del poder como espacio físico, una inquiokupación palaciega desde la que contemplar el meteórico deterioro de la nación, la imparable decadencia de una democracia chuleada por tu cachondo capricho, tu priapismo de autócrata vocacional. Desde entonces todos y cada uno de los problemas de los españoles han ido agravándose, de Paiporta a Adamuz, de la inflación a Pisa, de Cerdán a Begoña y Azagra, de Ceuta a Maricarmen. Tú en tu alcoba sorda, acolchada, manicomial, andabas caliente mientras reía la gente por no llorar. Le cambiaste la cerradura a la casa donde vivió Adolfo Suárez, degradada a búnker de un forajido trajeado en fuga permanente de su responsabilidad.

Ahora has llegado al final de la escapada. Tus ministros te susurran al oído que acaso sea el momento. Que ahora al fin tenéis una historieta para consumo de la famélica legión. Que aún es posible pastorear a un millón de abstencionistas de las plazas al colegio electoral: o la derecha carroñera o una mayoría capaz de espantar a los buitres. Y a cruzar los dedos para que la generación de revolucionarios más cándida de la democracia conciba la posibilidad y la deseabilidad de otra legislatura como esta.

Por supuesto los susurradores que te invitan a convocar distinguen perfectamente entre la calle y la urna, entre el relato y el cocido: ellos también son rentistas con pisos en propiedad, y siempre han confiado en que la legislación que fingen alentar jamás entre en vigor. Lo que les preocupa más bien es la agencia inmobiliaria en sí: el PSOE. Todos menos tú necesitan que encajes personalmente el castigo popular antes de las autonómicas y municipales de mayo, o el partido entero será puesto de patitas en la calle. Ellos son los que filtran que te lo estás pensando. Pero a mí me sorprendería que cedieras a ese instante de debilidad, de generosidad, de madurez. No estás programado para pensar en el partido, en el país, en nada remotamente ajeno a tu pellejo. Tu piel de cuero hialurónico es la única frontera que sabes defender.

Escribió el poeta que la historia de España siempre termina mal. Se equivocaba, porque no termina: quería decir que se repite. Todo remite a lo ya vivido en nuestra política con sabor a ajo. Hay diputados que han salido este viernes del Congreso por el mismo cordón policial de 2016. En Génova ya han presupuestado el coste de las lunas de las sedes rodeadas en la próxima noche de cristales rotos. Ya tenemos el recuerdo del primer mitin de Alicia del Río como candidata en las listas del Frente Amplio. Y desde luego volveremos a ver, como entonces, a un gallego en La Moncloa. La noticia sería que fuera capaz de romper el bucle.
 
Que ni dimite ni convoca elecciones, hombre. Después del quilombo que han montado con lo del nacionalizar votos extranjeros, hasta que no lo teengan asegurado este hijueputa no va a decir ni mu.
 
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