Pegar a gente del foro a cambio de pasta, eso es legal? Yo pagaria.

NicoKad

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25 May 2021
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A cambio de 100€, yo me daria de hostias con los desgraciados que insultan facil por aqui, evidentemente un sitio neutro, pues doy por descontado que esos desgraciados querran hacer trampas y clavarmela por la espalda. El Goce de descargar la ira sobre un infraser... joder, ganando 200€... puro placer.
 
El 80% del foro no sale de casa como buenos foreros que son, y el resto de foreros no sé si por 100€ les apetecería perder lo poco que les queda de humanidad pegándole a un retrasado mental en una vía pública.

Una multa por lesiones leves ya te cuesta 300€, vas a tener que subir el precio si quieres que te calentemos la cara en invierno.

La idea está bien, pero te falta pulir el plan de negocio para que sea rentable.
 
Editado cobardemente:
A cambio de 100€, yo me daria de hostias con los desgraciados que insultan facil por aqui, evidentemente un sitio neutro, pues doy por descontado que esos desgraciados querran hacer trampas y clavarmela por la espalda. El Goce de descargar la ira sobre un infraser... joder, ganando 200€... puro placer.
Pegarse es parguelas, aquí somos más de sable o pistola y con padrinos.
 
100€ es lo que se pensaba cobrar por la entrada del descampao del Biopark.

Te avisamos cuando cerremos a la principal estrella del show.
 
Como pasan los años...
Hemos pasado de proponer "clubes de pajas" a querer pegarse...
La vida, en fin.
 

Quien pudiera volver a las misiones de aquellos años, pasaron tantos momentos, buenos recuerdos.
 
I: OBERTURA: PRESENTACIÓN DE TRAMA Y PERSONAJES ETC...

Nikokad se despertó en medio de una oscuridad fría y silenciosa como un pozo. Había pasado casi toda la larga noche en vela, sumido en malos presagios que envenenaban su sangre, sintiendo en cada momento la irregularidad de su pulso.

En las últimas semanas había sufrido un particular infierno, sumergido en un cenagal de amargo resentimiento. Incluso le habían diagnosticado un cuadro de depresión suicida y paranoia.

Pero todo eso estaba a punto de cambiar. Pronto daría rienda suelta a toda su violencia reprimida. Hosco y taciturno, se quedó sentado, sin comer, sin beber, sin fumar, limpio y vacío, y esperando a que llegara la hora de matar sediento de sangre.

NicoKad estaba ya harto de tanto cuento y decidió acabar con todo de una vez. Hombre a hombre. Era la hora de “a-ver-quien-mea-más alto”. Iría a la 1ª QDD de PL para la vendetta.
(Venía de una tierra donde el sol quema duro y baja despacio; tenía la piel curtida por la intemperie y parecía pendenciero, de la clase de hombres que sería los primeros en verter sangre en cuanto estallara el conflicto. Su semblante eran tan duro como la piedra y su miradas amenazantes como si siempre estuviera al borde de un ataque de cólera –que tenía cara de estar oliendo mierda, vamos- )

Se dirigió a su habitación y rebuscó en el equipaje. Entre las pastillas para la impotencia, la incontinencia y la artritis, polvos para las ladillas, crema para las almorranas, ungüento para las escoceduras de pañales y extracto de tiroides, encontró lo que buscaba.

Dejó la pistolita del 22, la Beretta de calibre 380 y el fusil de asalto M-16 y se llevó la Smith & Wesson, la Mack 10 y el Mágnum 357.

Hacía pegajoso y las moscas zumbaban a lo largo de la serpenteante carretera mientras iba al encuentro de mundele, serdo, pai-mei y sus secuaces, en la furgo VW.

Entró en sucio local y le golpeó el olor a tabaco y sudor. En la radio sonaba (alguna mierda indie tipo Asam) mientras varios tipejos tomaban esos meados con una rodaja de lima en la parte de arriba y otros trataban de liar canutos, pero los papeles estaban demasiado húmedos y se deshacían entre los dedos.

Esa mañana estaba deseoso de matarles, pero ahora no se acostumbraba a la idea de asesinar a docenas de machitos egoístas y chupapollas a sangre fría. Y eso sin contar a todos los gafes que también caerían durante el jaleo.

Aun así, no podía dejar pasar esta oportunidad única de barrer a ese montón de odiosos tarados en un solo e imponente baño de sangre. Además sólo tenía que observarles para que la airada sangre que corría por sus venas le azulease las sienes, y dolorosos latidos le asaeteasen la cabeza.

Allí estaban casi todos. Le asombraba la cantidad de subnormales enganchados a esa mierda. Mundele, sentado en su trono de los helados se frotaba sus ávidas garras mientras maquinaba; Edelweiss, lanzando lascivas miradas a los traseros de las jovencitas, junto a pai-mei y demás, tomándose unas cañas y fumándose unos porros.

Cerdos repugnantes, hinchados de vida y salud, pisoteando los derechos de los que han corrido otra suerte. Abajo los querría ver, en las calles donde los hombres son hombres, la vida es dura y no hay papel higiénico suave.

Pronto, sobre esos necios patanes caería su rabioso brazo ejecutor golpeando salvajemente, terminando con el más mínimo hálito de su humillante y patética vida; arrasando y pisoteando su inframundo alienante y deprimente.

De una esquina le llegó una altisonante cháchara sacerdotal, en una especie de tono levemente pontifical, dos voces que sonaban como charlas de tralalí tralalá, parrafadas de conciencia en plan teatral y obsesivo. Solo se interrumpían el tiempo suficiente para tomar un trago de bebida y devorar las tapas con fruición, esparciendo migas en su regazo y en el suelo.

Diooss, que asco… esos dos debían ser Trujaman y miliu. Notó de nuevo la presión en las venas al escuchar las sandeces que salían de sus bocas, sintiendo como sus glándulas inyectaban adrenalina a todo su organismo; deseando con toda la furia y odio de que era capaz que un cometa fulminase el local y que la muerte se llevase a aquel hatajo de cagones que se dedicaban a putearle

Continuará (o no) ...
 
Editado cobardemente:
Imagino que es IA o adaptacion copypaste, pero me parece genial lo que has soltado si es cosa tuya
I: OBERTURA: PRESENTACIÓN DE TRAMA Y PERSONAJES ETC...

Nikokad se despertó en medio de una oscuridad fría y silenciosa como un pozo. Había pasado casi toda la larga noche en vela, sumido en malos presagios que envenenaban su sangre, sintiendo en cada momento la irregularidad de su pulso.

En las últimas semanas había sufrido un particular infierno, sumergido en un cenagal de amargo resentimiento. Incluso le habían diagnosticado un cuadro de depresión suicida y paranoia.

Pero todo eso estaba a punto de cambiar. Pronto daría rienda suelta a toda su violencia reprimida. Hosco y taciturno, se quedó sentado, sin comer, sin beber, sin fumar, limpio y vacío, y esperando a que llegara la hora de matar sediento de sangre.

NicoKad estaba ya harto de tanto cuento y decidió acabar con todo de una vez. Hombre a hombre. Era la hora de “a-ver-quien-mea-más alto”. Iría a la 1ª QDD de PL para la vendetta.
(Venía de una tierra donde el sol quema duro y baja despacio; tenía la piel curtida por la intemperie y parecía pendenciero, de la clase de hombres que sería los primeros en verter sangre en cuanto estallara el conflicto. Su semblante eran tan duro como la piedra y su miradas amenazantes como si siempre estuviera al borde de un ataque de cólera –que tenía cara de estar oliendo mierda, vamos- )

Se dirigió a su habitación y rebuscó en el equipaje. Entre las pastillas para la impotencia, la incontinencia y la artritis, polvos para las ladillas, crema para las almorranas, ungüento para las escoceduras de pañales y extracto de tiroides, encontró lo que buscaba.

Dejó la pistolita del 22, la Beretta de calibre 380 y el fusil de asalto M-16 y se llevó la Smith & Wesson, la Mack 10 y el Mágnum 357.

Hacía pegajoso y las moscas zumbaban a lo largo de la serpenteante carretera mientras iba al encuentro de mundele, serdo, pai-mei y sus secuaces, en la furgo VW.

Entró en sucio local y le golpeó el olor a tabaco y sudor. En la radio sonaba (alguna mierda indie tipo Asam) mientras varios tipejos tomaban esos meados con una rodaja de lima en la parte de arriba y otros trataban de liar canutos, pero los papeles estaban demasiado húmedos y se deshacían entre los dedos.

Esa mañana estaba deseoso de matarles, pero ahora no se acostumbraba a la idea de asesinar a docenas de machitos egoístas y chupapollas a sangre fría. Y eso sin contar a todos los gafes que también caerían durante el jaleo.

Aun así, no podía dejar pasar esta oportunidad única de barrer a ese montón de odiosos tarados en un solo e imponente baño de sangre. Además sólo tenía que observarles para que la airada sangre que corría por sus venas le azulease las sienes, y dolorosos latidos le asaeteasen la cabeza.

Allí estaban casi todos. Le asombraba la cantidad de subnormales enganchados a esa mierda. Mundele, sentado en su trono de los helados se frotaba sus ávidas garras mientras maquinaba; Edelweiss, lanzando lascivas miradas a los traseros de las jovencitas, junto a pai-mei y demás, tomándose unas cañas y fumándose unos porros.

Cerdos repugnantes, hinchados de vida y salud, pisoteando los derechos de los que han corrido otra suerte. Abajo los querría ver, en las calles donde los hombres son hombres, la vida es dura y no hay papel higiénico suave.

Pronto, sobre esos necios patanes caería su rabioso brazo ejecutor golpeando salvajemente, terminando con el más mínimo hálito de su humillante y patética vida; arrasando y pisoteando su inframundo alienante y deprimente.

De una esquina le llegó una altisonante cháchara sacerdotal, en una especie de tono levemente pontifical, dos voces que sonaban como charlas de tralalí tralalá, parrafadas de conciencia en plan teatral y obsesivo. Solo se interrumpían el tiempo suficiente para tomar un trago de bebida y devorar las tapas con fruición, esparciendo migas en su regazo y en el suelo.

Diooss, que asco… esos dos debían ser Trujaman y miliu. Notó de nuevo la presión en las venas al escuchar las sandeces que salían de sus bocas, sintiendo como sus glándulas inyectaban adrenalina a todo su organismo; deseando con toda la furia y odio de que era capaz que un cometa fulminase el local y que la muerte se llevase a aquel hatajo de cagones que se dedicaban a putearle

Continuará (o no) ...

I: OBERTURA: PRESENTACIÓN DE TRAMA Y PERSONAJES ETC...

Nikokad se despertó en medio de una oscuridad fría y silenciosa como un pozo. Había pasado casi toda la larga noche en vela, sumido en malos presagios que envenenaban su sangre, sintiendo en cada momento la irregularidad de su pulso.

En las últimas semanas había sufrido un particular infierno, sumergido en un cenagal de amargo resentimiento. Incluso le habían diagnosticado un cuadro de depresión suicida y paranoia.

Pero todo eso estaba a punto de cambiar. Pronto daría rienda suelta a toda su violencia reprimida. Hosco y taciturno, se quedó sentado, sin comer, sin beber, sin fumar, limpio y vacío, y esperando a que llegara la hora de matar sediento de sangre.

NicoKad estaba ya harto de tanto cuento y decidió acabar con todo de una vez. Hombre a hombre. Era la hora de “a-ver-quien-mea-más alto”. Iría a la 1ª QDD de PL para la vendetta.
(Venía de una tierra donde el sol quema duro y baja despacio; tenía la piel curtida por la intemperie y parecía pendenciero, de la clase de hombres que sería los primeros en verter sangre en cuanto estallara el conflicto. Su semblante eran tan duro como la piedra y su miradas amenazantes como si siempre estuviera al borde de un ataque de cólera –que tenía cara de estar oliendo mierda, vamos- )

Se dirigió a su habitación y rebuscó en el equipaje. Entre las pastillas para la impotencia, la incontinencia y la artritis, polvos para las ladillas, crema para las almorranas, ungüento para las escoceduras de pañales y extracto de tiroides, encontró lo que buscaba.

Dejó la pistolita del 22, la Beretta de calibre 380 y el fusil de asalto M-16 y se llevó la Smith & Wesson, la Mack 10 y el Mágnum 357.

Hacía pegajoso y las moscas zumbaban a lo largo de la serpenteante carretera mientras iba al encuentro de mundele, serdo, pai-mei y sus secuaces, en la furgo VW.

Entró en sucio local y le golpeó el olor a tabaco y sudor. En la radio sonaba (alguna mierda indie tipo Asam) mientras varios tipejos tomaban esos meados con una rodaja de lima en la parte de arriba y otros trataban de liar canutos, pero los papeles estaban demasiado húmedos y se deshacían entre los dedos.

Esa mañana estaba deseoso de matarles, pero ahora no se acostumbraba a la idea de asesinar a docenas de machitos egoístas y chupapollas a sangre fría. Y eso sin contar a todos los gafes que también caerían durante el jaleo.

Aun así, no podía dejar pasar esta oportunidad única de barrer a ese montón de odiosos tarados en un solo e imponente baño de sangre. Además sólo tenía que observarles para que la airada sangre que corría por sus venas le azulease las sienes, y dolorosos latidos le asaeteasen la cabeza.

Allí estaban casi todos. Le asombraba la cantidad de subnormales enganchados a esa mierda. Mundele, sentado en su trono de los helados se frotaba sus ávidas garras mientras maquinaba; Edelweiss, lanzando lascivas miradas a los traseros de las jovencitas, junto a pai-mei y demás, tomándose unas cañas y fumándose unos porros.

Cerdos repugnantes, hinchados de vida y salud, pisoteando los derechos de los que han corrido otra suerte. Abajo los querría ver, en las calles donde los hombres son hombres, la vida es dura y no hay papel higiénico suave.

Pronto, sobre esos necios patanes caería su rabioso brazo ejecutor golpeando salvajemente, terminando con el más mínimo hálito de su humillante y patética vida; arrasando y pisoteando su inframundo alienante y deprimente.

De una esquina le llegó una altisonante cháchara sacerdotal, en una especie de tono levemente pontifical, dos voces que sonaban como charlas de tralalí tralalá, parrafadas de conciencia en plan teatral y obsesivo. Solo se interrumpían el tiempo suficiente para tomar un trago de bebida y devorar las tapas con fruición, esparciendo migas en su regazo y en el suelo.

Diooss, que asco… esos dos debían ser Trujaman y miliu. Notó de nuevo la presión en las venas al escuchar las sandeces que salían de sus bocas, sintiendo como sus glándulas inyectaban adrenalina a todo su organismo; deseando con toda la furia y odio de que era capaz que un cometa fulminase el local y que la muerte se llevase a aquel hatajo de cagones que se dedicaban a putearle

Continuará (o no) ...
No se si es IA o has adaptado algo o has escrito, pero me parece genial
 
Editado cobardemente:
@Nueces , lo ves, nadie quiere ni pegarte. Eres tan tonto y tan aburrido que ya ni se molestan contigo

Es cierro, @Nueces es un pobre desgraciado al que no entran ganas ni de pegarle.


Quien pudiera volver a las misiones de aquellos años, pasaron tantos momentos, buenos recuerdos.

Aquello me pilló solo como visitante del foro. Creo recordar que tambien habia un tal Ramón, gente dura, gente oldschool, de la quinta del pana @ignaciofdez
 
II. EMPIEZA LA MATANZA

Decidió no darles ventaja. Pensó que la priva gratis los mantendría ocupados:

-La bebida va por mi cuenta!

Tal como pensaba, acudieron en tropel. Por mucho que se mintieran no eran más que garrapatas indecentes cebadas, que se vendían por un miserable estipendio. Esos despreciables y mantenidos hijos de la basura se habían dedicado durante años a la jactancia, la gandulería y el juego; alimentando sus espíritus disolutos y malévolos de pereza y resentimiento.

Ya saciados, algunos se dirigieron a el amistosamente.

-¿Que tal tío, que te trae por aquí; vienes también por lo de la QDDA? ¿Que nick llevas en PL?

Entonces sonrió con un rictus amargo, empezó a temblar de furia y su voz subió de tono hasta convertirse en un rugido airado salvaje y furibundo.

-La muerte... La muerte me ha traído aquí!!

Su corazón palpitaba furiosamente. Se estremeció de rabia, la ira le envolvía como las llamas de una hoguera. Estaba perdiendo todo control y ya no le importaba vivir o morir. Sus ojos negros de predador latían de odio, ya no había inteligencia sino una astucia tan incisiva que aterraba. Fue una masacre.

Abrió fuego a quemarropa, sin sentir el fuerte retroceso. Era un 38 de cañón recortado, nada eficaz para grandes distancias, pero brutal a 10 metros. La detonación fue estruendosa en aquel espacio limitado, levantando ecos entre las paredes, resonando de derecha a izquierda. Los oídos le rugieron, como si acabase de escuchar un concierto de heavy. El coro de los condenados sonaba estridente en su cabeza, era como música para sus oídos.

El 1º consiguió tan solo abrir la boca antes de que la bala le abriera con saña la garganta y se le clavara en el pecho atravesando tela, piel, músculo y órganos internos. Hubo un gran borboteo de sangre oscura y el cuerpo se agitó entre convulsiones espasmódicas; su cara era una pulpa roja estampada en la pared.

Mientras intentaba sacar una navaja, a Benito la bala de Nicokad le alcanzó en el centro del cráneo; su boca se cerró con un chasquido, y el movimiento reflejo hizo que se cortase la punta de la lengua con lo dientes. Captó al siguiente por el rabillo del ojo y le alcanzó dos veces en el pecho; escupió sangre y bilis, huesos fracturados se clavaron en el corazón, y arqueó el cuerpo como un pez atravesado por un arpón. Un cuarto gritó al ser despedazado por la mitad su brazo extendido.

Las balas hacían saltar astillas mientras continuaba la matanza, destrozando sesos como melones maduros. Jirones de carne volaron por los aires y, repentinamente la hediondez de la muerte fue tan intensa como en un matadero.

Venas y arterias empezaron a romperse y brotó sangre de un rojo tan brillante como el plumaje de un cardenal, casi se diría con pulcritud, como si un decorador la estuviese salpicando por allí. Un torrente de sangre se derramaba por el techo y salpicaba las cochambrosas paredes.

Como una lluvia violenta, un gran surtidor de sangre caliente le golpeó en la cara cegándole, se limpió los ojos con la mano que no sujetaba la pistola, pero la sangre, vívida y brillante, brotaba por todas partes, manaba copiosa, fluyendo hasta formar charcos cada vez mayores de grandes manchas oscuras y sanguinolentas, dejando en el suelo humeante un rastro mojado pringado y resbaladizo.

Siguió con un furor bárbaro su ataque a gran escala, lanzándose hacia ellos como gallo de pelea de plumas erizadas. Aullaba y gruñía enseñando los dientes, con la boca seca a causa de la tensión, los dientes crujiendo, la mirada asesina y los ojos enrojecidos e inyectados en sangre girando sobre las órbitas, tenía el aspecto grotesco de un demonio sanguinario.

Las balas se diseminaban como abejas salidas de una colmena, cortaban el aire y salpicaban chorros de sangre espesa y sesos, arranchando pedazos de carne sonrosada y de órganos viscosos que se pegaban como brea a la cara y a la ropa. Dedos y brazos volaban por el aire.

Un dulce veneno de amargura innombrable se extendió como fuego a través de las venas de Nicokad y alcanzó su corazón. Con todos sus sentidos despiertos, se sació sin tregua, se atracó sin moderación en el festín hasta perder la razón. Gritando amenazador como un poseso, desgarró su camisa golpeándose el pecho; los cabellos al aire como crines de un potro salvaje corriendo por la montaña o la orgullosa bandera que vuela al viento, llevada por un ejército triunfador.

Mientras disparaba a diestro y siniestro, cantaba a pleno pulmón:

-RUN tooo the hills! Run for yooour life!

Morzhilla corría hacia la puerta, pero Nicokad fue más rápido. No se oyó un un put seco de silenciador sino un estampido, de la boca del 38 brotó una pequeña espiral de humo, y el suelo se tiñó de rojo.

El siguiente dio un gruñido, y salió despedido hacia atrás como una muñeca de trapo, de forma tan súbita y violenta como si lo hubiera golpeado una esfera de demolición. El costado derecho de su cráneo se abrió como una flor delicada y extraña y su masa cerebral fue a dar contra el póster de la pared con un sonido líquido.

A otro, la cabeza se le torció violentamente hacia la izquierda, las rodillas se le hicieron agua, y de su cuello manó un torrente de sangre. Durante un momento, su cerebro continuó saliendo de la cabeza por el oído.

Las ventanas se rompieron en una sucesión de estampidos secos. Los pobres diablos corrían como almas en pena mientras las astillas pasaban zumbando como insectos irritados cerca de sus cabezas, los cráneos se hacían trizas como jarrones arrojados al suelo y los cuerpos se derrumban como torres durante un terremoto, mástiles golpeados por la tempestad o árboles derribados por un alud.

Se oían alaridos y chillidos horripilantes que realmente helaban la médula cuando las balas se clavaban en huesos humanos como esquirlas de granadas de fragmentación.

De pronto, los gemidos cesaron. El combate pareció durar una eternidad, pero todo terminó antes de que Nicokad hubiese exhalado por vigésima vez.

El vapor se alzaba de su cuerpo sudoroso. Estaba empapado por las salpicaduras de sus víctimas, manos y pecho manchados de sangre, y una mezcla pegajosa de esta y sudor le brotaba de la frente empañando su visión. De sus dedos ensangrentados colgaban sanguinolentos jirones de tejidos tan frágiles como el hilo de una araña.

A su alrededor todo era desolación. Flotaba como una niebla el hedor de la cordita quemada. En el suelo, detrás de el, se extendía un reguero de saliva, sangre y cerveza mezcladas. Era la 1ª vez que veía tanta sangre derramada. Había sangre en el suelo, paredes, incluso en el techo...
 
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