Que curraba de camarera los fines de semana en una sala de conciertos de por aquí. Esa se apuntó con los treinta bien pasados a un grupo de teatro de aficionados, y de ahí al estrellato.
Bastante anodina, me ha costado acordarme de ella. De aquella época y de aquella barra me acordaba bastante más de otra camarera esmirriada que iba a mi colegio dos o tres cursos menos y que le daban ataques epilepticos, luego se arreglo el pelo y le crecieron tetas y se puso buenorra a servir cervezas. Me acuerdo también de una de las dos hijas gemelas del dueño del garito poniendome birras con la que hice una temporada arma histórica y que tenía tremendo y percutible mojino.
Esta pava pasaba bastante desapercibida.