Bruce Harper
Freak
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- 12 May 2014
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Hacer turismo es exhibir imágenes de ostentación social, no es viajar como los caballeros de la vuelta al mundo en 80 días ni como los exploradores ilustrados, con los cuadernos etnográficos de campo ni diario de navegación. Quienes viajaron como trotamundos solamente lo saben sus íntimos, nunca lo publicaron.
En los años previos a las redes sociales, se hacían álbumes desde la antártida chilena, de ruta por safari africano hasta los fiordos árticos, de un polo a otro se distribuían entre familiares para dar consuelo por encima del hombro, "para vosotros, que ya sabemos que no podéis permitíroslo", así de necia era la gentuza que se fundía sus ahorros en viajar menos de una semana con el timo de las agencias turísticas. A disneylandia ya no se va con los niños, tras la desaparición del narrador, todo son parejas impostadas.
En las comarcas rurales, los pastores que nunca han visto un rascacielos ni un tren subterráneo, otra vista de ave migratoria que subirse al monte con su rebaño, observan estupefactos la excentricidad de la gente que se fue a la ciudad, solamente añoran la visita de los nietos. Al menos en el campo se ven las estrellas y se respira aire limpio.
La capital se vacía en agosto, el descapotable al fresco ya no las monta como cadillac, los bólidos BMW y Mercedes son para el picadero de las frías lluvias. Arde como ola de calor la competencia en la oferta de vuelos de avión lowcost, reservas de hoteles... planificar un viaje a semanas vista para luchar embarradas en tanga con las demás mujeres por un status en el panóptico digital. En cotidianidad del asfalto de la contaminada ciudad no basta ya con llevar colgante de hello kitty a Stitch, estampados leopardo, ni los bolsos de Vuitton, Kors, Gucci, embutidas en las prendas de Guess, Dior, Lagerfeld... modistos pitopáusicos.
Incluso en la montura de las gafas no pasan desapercibidas a los pasajeros que toman el cercanías en Sierra de Guadalupe los logotipos enormes de imitaciones chapuceras importadas con sudor y sangre en mano de obra esclava vietnamita, una batalla genuinamente femenina se libra en la exposición de la imagen en internet. ¿Cómo saciar a las manirrotas? Sin ser prostituta de fans o creadora de contenido erótico, ¿cómo financiar tal tren de vida?
Decoración de interiores no da tanto dinero incluso con los contactos en la farándula, mientras la dependienta de mercado aspira al mismo sueño que toda fémina. Todas repiten la misma mentira a la pregunta:
- "Tía, ¿cómo te lo has montado?"
- Trabajando.
No conozco ninguna que lo cumpla, imposible con su sueldo. Sin duda escalonado: un reponedor no paga un yate, pero sí la foto en moto acuática. Todas las exhibicionistas son sableadoras de novios más que del padre masoquista. Incluso los gays confiesan: "una cosa es ligar en el cruising, ir a cuartos oscuros, y otra echarme novio: uno tenía casa en Nueva York, otro en París, en Roma...
La escapada en la sierra, los deportes de aventura ya no dan prestigio. Ni basta un balneario de viejas, ni un resort en el Caribe ni bordear la selva en una reserva de especies protegidas, siempre aspiran a más, necesitan destacar sobre otras mujeres, nunca se sacian.
¿Quién paga?
¿Quién idea los planes?
Las mujeres solamente programan sus stories en instagram con las imágenes más atrevidas de las vacaciones en destinos exóticos, sin matarse en temeridad por la mejor foto como influencers. Aprovecha mientras seas fértil, antes de que achicharrada por el bronceado te deje el rostro hajado, a mitad de siglo no solamente no puedes aspirar salvo a un marido sufridor, es que ya no te dejan saltar ni de un puente, qué decir parapente o paracaídas desde una avioneta.
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Nadie más la llevará
Me llama un querido amigo de mi misma edad pidiéndome que le ayude a encontrar mesa en Disfrutar porque quiere invitar a su joven novia a cenar. Disfrutar es el restaurante en Barcelona de los tres exjefes de cocina -Castro, Xatruch y Casañas- de Ferran Adrià en El Bulli. Le pregunto si está...abcblogs.abc.es
"Para estar con la misma pedorra, ¿te compensa? Podrías ligar con una chica de primer año de universidad cada semana."
Conozco a hombres que se han metido en el embrujo de costear las ínfulas de alguna engreída que ya descuelga su fláccida carne, tetas desinfladas al ombligo. Dilapidan su patrimonio por la promesa de afectividad en un guión del querer fingido. Las mujeres que se asoman al abismo de la treintena quieren asegurarse un sumiso financiero antes de pactor nupcias de conveniencia. No basta con lo que puedan costear, exigen también que sean más polytropos que Odiseo al construir un hogar como si fueran el albañil del pueblo. Los más ingenuos benefactores se casarán sin separación de bienes, incluso han mantenido hasta aupar a todo lujo a divorciadas con descendencia de otro matrimonio ya quebrado.
La mujer que viaja sola es en clase turista, entre los pobres, pero si es una investigadora post-doctoral follara con todos los nativos que pueda, a pesar de un embarazo no deseado y en los peores casos: el terror del secuestro, la agresión sexual y la muerte violenta.
Hijo de puta, tú quieres que Patrón me pegue una paliza y me mande después al paro, no?