Thorndike metiendo tol nabo. Formando familia con orines y gerontofilia

Sobre la panza de la piraguista: conocí a una mujer obesa de finas y gráciles extremidades, nada de tobillo hinchado ni tocina en muslos y cartucheras, su fenotipo mostraba una desproporción singular, digna de estudio para caso clínico en medicina endocrina, que correspondería al esbelto cuerpo de una sílfide salvo por su barrigón como tonel de Golías, ya en la menopausia tras años sin menstruación. Sin embargo aparentaba al menos una década menos de edad por su peinado con flequillo en media melena, óvalo facial sin elastasis gracias a la capa adiposa subyacente que sostenía los pellejos de piel sin surcos, a pesar de no tener cuello debido a la orondez de la papada, vestimenta de moda juvenil al ser vendedora en un centro comercial.

Se enfurecía con una anécdota cómica que sucedía en bucle cuando la gente, en su cándida ocurrencia, preguntaba con simpatía cuantas semanas faltaban.

- ¿Cuántas semanas para qué?
- Bueno, mujer, para dar a luz, ¿no vas a ser madre otra vez?
 
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