En una zona por la que corro habitualmente, es muy común encontrar en fin de semana a las típicas parejas follando dentro de los coches en zonas con bastante vegetación, pero que al pasar, si no lo haces muy rápido puedes ver cosas curiosas. Y siempre sueles ver bragas enganchadas en las ramas de los árboles, tipas soltando el truño (aunque para esto tienes que madrugar) y otras situaciones ideales para todo voyeur morboso y degenerado que disfruta más pajeándose que follando porque la pilila quizás no le funcione.
Yo no voy a mirar, porque todavía no he llegado a ese punto, pero sí me gusta cruzarme con hembras que van a correr, como hago yo, y ralentizar mi carrera o andar más despacio (cuando salgo a darme una vuelta por allí), para verles el culazo con los leggins y tal, siempre que sea una moza de mi agrado. Ya conté una vez que me crucé de frente con una tipa en cuclillas expeliendo por su (polifollado) ojete un chorongo de titánicas proporciones, y que se sintió avergonzada, mientras que un búlgaro, de esos marrones de origen turco, no sé que hacía dentro del coche. Una visión grotesca y tal.
Mis vecinos follan poco, y de hecho, las tasas de natalidad son bajas en mi bloque, o quizás cuando follan son personas silenciosas y contenidas, y no se escuchan berridos a horas intempestivas ni nada, parecen pisos vacíos, como las vidas de sus ocupantes.
Mis experiencias voyeur son de adolescencia y primera juventud, especialmente en el instituto y universidad, donde me solía encaprichar con tipas, muchas de ellas algo mayores que yo en el instituto, a las que seguía por el recreo de manera furtiva para observarlas mientras mi pene palpitaba enhiesto y amorcillado bajo los pantalones, pero sin llegar a pajearme directamente en lugares públicos, pero más que nada porque no me atrevía. Donde sí me pajee más de una vez fue en los lavabos de la universidad porque durante un tiempo una tipa algo rolliza, gordibuena, de la república checa, tuvo a bien de visitarnos para alimentar la lujuria y lascivia de algunos estudiantes, como yo, que le hubiera comido el ojete con fruición.