Siempre que me lance sobre una mesa tratando de emular la patada voladora de Chuck Norris o desaparezca de un parking con los Armand Basi impolutos para introducirme en el metro y asistir a un amanecer de los muertos en el que el único muerto sea yo, me acordaré de ti.
Y sí. La única coma que necesita el texto, está donde debe estar.