L
lacrimosa
Guest
Jadeos. Ella se acariciaba el clítoris con la palma de la mano. Él, intentaba lubricarse la polla con una crema hidratante. Le apartó las bragas. Rozó el
hilo del tampón y sintió algo de resquemor. Se la sujetaba con una mano y con la otra buscaba a tientas su agujero. Tardó tres embestidas en caer en la
cuenta de que no era ahi. Rectificó y volvió a empujar. Su miembro se deslizó profunda y dolorosamente. Ella se apartó con un grito de dolor y ahi acabó todo.
El corazón volvió a coger un ritmo, su cuerpo dejó de temblar y la polla quedó fláccida, inservible.
En el lavabo, con su polla en una mano y la pastilla de jabón en la otra, se decidió a intentarlo. Acabó de limpiarse y regresó junto a ella. Ella ahora dormía,
abrazaba a la almohada. A los pies de la cama estaban desperdigadas sus ropas, las revistas y las toallitas húmedas. Se tumbó junto a ella, le levantó un brazo y
se lo puso alrededor de su cuello. El pelo le olía a tabaco y a lavanda, la piel a almizcle y sándalo. Le besó el lóbulo desvestido de bisutería. Con una mano le
apartó el pelo de la cara, la otra acariciaba ya su espalda. Ella despertó al notar la corriente eléctrica por entre el vello de su columna. Abrió mucho los ojos
y le devolvió el beso que él le ofrecía. Tenía secos los labios y sacó la lengua para humedecerlos. Él lo tomó como una invitación y abrió mucho la boca, se
dieron un largo beso.
Él no veía la hora de acabar con lo que había venido a hacer. Ella agradecía su nueva actitud. Las manos de él iban del culo a sus pechos. Las de ella de su pelo
a su espalda. Ella besó su cuello, sus pezones, su vientre y por fin se metió su polla en la boca. Su lengua jugaba con ella y él con su pelo. Ella le acariciaba
el escroto con una mano, la otra le servía de apoyo. Las manos de él bajaron del pelo a su cara, le acarició las mejillas, las orejas, los labios, los ojos cerrados.
Quería grabar en su memoria táctil cada detalle. Dejó reposar una mano en su barbilla, colocó la otra en su cabeza. Tenía que acabar con aquello de una vez. Inspiró,
cerró los ojos, apagó su razón y con un movimiento mil veces imaginado rompió su cuello, dejándola exánime.
hilo del tampón y sintió algo de resquemor. Se la sujetaba con una mano y con la otra buscaba a tientas su agujero. Tardó tres embestidas en caer en la
cuenta de que no era ahi. Rectificó y volvió a empujar. Su miembro se deslizó profunda y dolorosamente. Ella se apartó con un grito de dolor y ahi acabó todo.
El corazón volvió a coger un ritmo, su cuerpo dejó de temblar y la polla quedó fláccida, inservible.
En el lavabo, con su polla en una mano y la pastilla de jabón en la otra, se decidió a intentarlo. Acabó de limpiarse y regresó junto a ella. Ella ahora dormía,
abrazaba a la almohada. A los pies de la cama estaban desperdigadas sus ropas, las revistas y las toallitas húmedas. Se tumbó junto a ella, le levantó un brazo y
se lo puso alrededor de su cuello. El pelo le olía a tabaco y a lavanda, la piel a almizcle y sándalo. Le besó el lóbulo desvestido de bisutería. Con una mano le
apartó el pelo de la cara, la otra acariciaba ya su espalda. Ella despertó al notar la corriente eléctrica por entre el vello de su columna. Abrió mucho los ojos
y le devolvió el beso que él le ofrecía. Tenía secos los labios y sacó la lengua para humedecerlos. Él lo tomó como una invitación y abrió mucho la boca, se
dieron un largo beso.
Él no veía la hora de acabar con lo que había venido a hacer. Ella agradecía su nueva actitud. Las manos de él iban del culo a sus pechos. Las de ella de su pelo
a su espalda. Ella besó su cuello, sus pezones, su vientre y por fin se metió su polla en la boca. Su lengua jugaba con ella y él con su pelo. Ella le acariciaba
el escroto con una mano, la otra le servía de apoyo. Las manos de él bajaron del pelo a su cara, le acarició las mejillas, las orejas, los labios, los ojos cerrados.
Quería grabar en su memoria táctil cada detalle. Dejó reposar una mano en su barbilla, colocó la otra en su cabeza. Tenía que acabar con aquello de una vez. Inspiró,
cerró los ojos, apagó su razón y con un movimiento mil veces imaginado rompió su cuello, dejándola exánime.
