Para ahondar más en el tema, para estas cosas siempre uso de espejo mi preparador, que es mi referente y padre deportivo.
Él ganó el campeonato del mundo a principios de los 90, se hizo profesional y estuvo unos años compitiendo en campeonatos profesionales, mayormente la serie de Grand Prix que solían hacer en Europa las semanas posteriores al Olympia. A finales de los 90 se lesionó y entonces devolvió el carnet, pocos años después hizo un comeback como amateur y estuvo unos años compitiendo al máximo nivel nacional de entonces, que era una pasada. Esa era la época dorada de los opens nacionales, estuvo años en los fit form por ejemplo.
Yo le he hecho esa pregunta muchas veces y él me dice que un día al bajarse de la tarima algo en su cabeza hizo clic y supo que esa era la última vez, que no iba a competir más. Se nota que siente mucha nostalgia por todo lo que vivió, y está agradecido al culturismo por haberle dado todo lo que tiene, pero no lo echa de menos, pasó página ese día y cerró el libro.
Otro caso es el de Esteban, el preparador con el que probé en 2022 y que casualmente fue alumno suyo. Él era un fuera de serie como amateur, pero tenía imposible lo de hacerse profesional, era un cuerpo muy estético y bonito pero ligero. Creo que llegó a subcampeonar en un mundial, ya como master, hacia el final de su carrera. Tuvo que retirarse por una condropatía en el hombro derecho que le hacía completamente imposible entrenar. A él se notaba que le hubiera gustado competir más, y canalizaba su afán competitivo a través de sus alumnos.
Son dos casos distintos pero al final es lo mismo. Lo de si aceptas o no aceptas retirarte y que tu cuerpo mengue es una pregunta que no entiendo, lo aceptes o no lo aceptes, cuando cuerpo o circunstancias dicen basta, pues se acabó, independientemente de lo que uno sienta al respecto y de si es una decisión consciente que has tomado, un sentimiento que te sobreviene o algo que viene forzado por la situación. Hay que ser frío y racional en un deporte de alta exigencia como este, y cuando llega el momento de soltar la cuerda pues hay que saber soltarla.
Además creo que esa duda sólo se da en nuestro deporte, porque muchos imaginan que se produce un grado de identificación muy alto entre el físico y la persona. En mi experiencia es completamente al revés. Cuanto más compites y conforme lo haces a niveles más altos más se produce una disociación, ves que el cuerpo es algo manipulable, frágil, fugaz, permeable y dependiente de un montón de variables, hasta el punto que dejas de verlo como algo tuyo propio, por así decirlo. Para explicarlo con un símil, es como cuando la gente se identifica con un peso, simplemente porque es el que lleva teniendo durante años, mientras que yo sé que puedo bajar 5 kg en un día si hago lo necesario, o subirlos.
Y si queréis que os diga la verdad, de las cosas más extenuantes de la competición es estar evaluando tu físico constantemente como lo haría un juez, especialmente en las últimas semanas y días. Preocuparte por si tienes más o menos punto, si tendrías que apretar más o menos, entras en un sitio con un ambiente más frío, se van un par de venas y empiezas a pensar si no estarás reteniendo. Es el único motivo por el cual tengo a mi preparador, para que ordene el camino y yo obedecer y no tener que pensar contínuamente en esto. Es agotador, y te destroza a nivel mental, y a pesar de que competir me llena más que cualquier cosa en el mundo, tengo ganas de ver mi físico como se ve a sí mismo un no competidor que entrena recreativamente.