Asam metiendo tol pollaco. Buscando amor entre orines y gerontofilia

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Viendo eso me he acordado de un amigo mio, que ha sido padre a los 45 años na menos...

Total, que el se jactaba mucho de follar con su novia de 7 años 4 veces a la semana, bueno, pues desde q ha sido padre 0... ha vuelto a su diedtra y siniestra... y al porno...

Para q luego digan q a las mujeres les gusta follar.

Y es q Napoleon tenia razon: "no se debe permitir a las mujeres la igualdad, pq acaso un manzano es igual q nosotros, el manzano nos pertenece pq nos da manzanas y la mujer pq da hijos"

Conozco un matrimonio como el que describes, el otro extremo de la convivencia conyugal pre-ilustrada de la época de Rousseau en la obra Emilio y su esposa Sofía, el absolutismo político del ángel del hogar, tras el gentil diccionario filosófico, junto a la enciclopedia de las artes y las ciencias. No en el sentido del abandono de sus hijos en l'Hôpital des Enfants-Trouvés, escandalosa deshonra ante los sentimientos cívicos y deberes paternales, al dar lugar a los patrióticos héroes expósitos, fundadores de ciudades, civilizadores de la humanidad, aunque no llegara a la perversión sexual de nuestro monarca Felipe IV al no poder dejar como heredero a Bartolomé Carlos.

Un anarco-sindicalista anti-monárquico camuflado en un monopolio estatal, hasta el agotamiento cansino de sus oyentes presumía de ser el casado del vecindario que sí follaba... cuando la piruja parienta obligaba a su carcamal marido a la jodienda, sin contrato nupcial sensacionalista, sino impuesto por ella, particularmente los fines de semana tras dejar a sus hijos en actividades deportivas. Una fealdad horripilante tan indescriptible entre sendos monstruos tullidos de cuerpo contrahecho que su deformidad física haría parecer un apuesto galán a Picio.

En las conversaciones de portal y ascensor siempre soltaba algún comentario vicioso sobre cómo iba a quedarse pegado entre las sábanas con su menopáusica mujer, todavía adicta al sexo en su desvencijada vagina, seca mojama, frente a lo frígidas que eran las demás en edad infértil; tal depravación pretendía servir de engaño en que todavía la percibiera atractiva para justificarse en el sufrimiento libidinoso. Ella repetía tras las bodas de plata ante sus amigas de corrala, viejas chismosas de visillo en radio patio, en el argot de la complicidad criminal, de quienes se encubrirían hasta en el homicidio de un familiar: "Como no voy a permitirme todo con mi marido, si aceptó conformarse conmigo..."

Solamente disimulaba como cuñado lascivo cuando se sentía asqueado de ser obligado a volver al coito con su mujer en el infernal matrimonio, cada sábado por la mañana desataba su particular descenso al tártaro, hasta que al cumplir con sus cuarenta años de cotización de hombre de agencia gubernamental para la jubilación de pensión contributiva, hizo las maletas para separarse definitivamente de ella y librarse de la servidumbre sexual aunque la parienta se quedara con la vivienda cuya hipoteca había pagado a mitad.

Tras acordar el divorcio, él se siente aliviado de la carga de viagra tan nociva para la salud del varón con cardiopatía, el consuelo de su retirada tras una titánica dedicación. La esposa casi septuagenaria no se aguanta a pesar de que por re-puta-ción no puede invitar amantes a la antigua residencia matrimonial que se apropió, queda a través de citas con sus amantes en cancha contraria. Estoy convencido que dados sus antecedentes busca fornicadores cuanto más jóvenes posible, al menos mientras conserven la función eréctil, los sugestiona a no usar preservativo con el insaciable apetito sexual que siempre tuvo.




 
Editado cobardemente:
Conozco un matrimonio como el que describes, el otro extremo de la convivencia conyugal pre-ilustrada de la época de Rousseau en la obra Emilio y su esposa Sofía, el absolutismo político del ángel del hogar, tras el gentil diccionario filosófico, junto a la enciclopedia de las artes y las ciencias. No en el sentido del abandono de sus hijos en l'Hôpital des Enfants-Trouvés, escandalosa deshonra ante los sentimientos cívicos y deberes paternales, al dar lugar a los patrióticos héroes expósitos, fundadores de ciudades, civilizadores de la humanidad, aunque no llegara a la perversión sexual de nuestro monarca Felipe IV al no poder dejar como heredero a Bartolomé Carlos.

Un anarco-sindicalista anti-monárquico camuflado en un monopolio estatal, hasta el agotamiento cansino de sus oyentes presumía de ser el casado del vecindario que sí follaba... cuando la piruja parienta obligaba a su carcamal marido a la jodienda, sin contrato nupcial sensacionalista, sino impuesto por ella, particularmente los fines de semana tras dejar a sus hijos en actividades deportivas. Una fealdad horripilante tan indescriptible entre sendos monstruos tullidos de cuerpo contrahecho que su deformidad física haría parecer un apuesto galán a Picio.

En las conversaciones de portal y ascensor siempre soltaba algún comentario vicioso sobre cómo iba a quedarse pegado entre las sábanas con su menopáusica mujer, todavía adicta al sexo en su desvencijada vagina, seca mojama, frente a lo frígidas que eran las demás en edad infértil; tal depravación pretendía servir de engaño en que todavía la percibiera atractiva para justificarse en el sufrimiento libidinoso. Ella repetía tras las bodas de plata ante sus amigas de corrala, viejas de visillo en radio patio, en el argot de la complicidad criminal, de quienes se encubrirían hasta en el homicidio de un familiar: "Como no voy a permitirme todo con mi marido, si aceptó conformarse conmigo..."

Solamente disimulaba como cuñado lascivo cuando se sentía asqueado de ser obligado a volver al coito con su mujer en el infernal matrimonio, cada sábado por la mañana desataba su particular descenso al tártaro, hasta que al cumplir con sus cuarenta años de cotización de hombre de agencia gubernamental para la jubilación de pensión contributiva, hizo las maletas para separarse definitivamente de ella y librarse de la servidumbre sexual aunque la parienta se quedara con la vivienda cuya hipoteca había pagado a mitad.

Tras acordar el divorcio, él se siente aliviado de la carga de viagra tan nociva para la salud del varón con cardiopatía, en su deshonrosa retirada tras una titánica dedicación. La esposa casi septuagenaria no se aguanta a pesar de que por re-puta-ción no puede invitar amantes a la antigua residencia matrimonial que se apropió, queda a través de citas con sus amantes en cancha contraria. Estoy convencido que dados sus antecedentes busca fornicadores cuanto más jóvenes posible, al menos mientras conserven la función eréctil, los sugestiona a no usar preservativo con el insaciable apetito sexual que siempre tuvo.





Tú, lo de hacer resúmenes en el colegio lo llevabas regular, ¿no?
 
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