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- 8 Mar 2004
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Este hilo está dedicado al hombre. Sí, ese animal que con diferencia es el peor bicho que pisa la tierra... únicamente superado por otro ser mucho más despreciable si cabe: la mujer.
Son inherentes al ser humano valores tan preciados como la codicia, la envidia, la lujuria, el odio, el deseo de venganza... podría extenderme mucho más y hacer un análisis retrospectivo sobre la evolución de la especie humana, pero el motivo de este manifiesto es otro que bien puede obviar alegorías que expliquen cómo hemos llegado a ser los namberguán del jit paréid animal.
Aceptando de mala o peor gana nuestra naturaleza humana, es hora de volver a marcar los límites, las barreras que la mujer se ha encargado de ir disolviendo poco a poco con el ácido de sus mentes y lenguas viperinas.
Es momento para el resurgir del hombre en su más pura esencia: el pelo en pecho y en los sobacos, las cejas pobladas y la barba de tres días.
La piel reseca por la erosión del trabajo duro, la ropa combinada como nos salga de las pelotas, la no-necesidad de dar explicaciones de dónde se ha estado ni con quién, la abolición de expresiones como "tenemos que hacer" o "tenemos que hablar". El tener que preguntar catorce veces "¿qué te pasa?" para recibir como respuestas otros tantos "nada", cuando está a punto de entrar en una crisis terrible de la que se recuperará en quince minutos de arrumacos y sumisión por parte del hombre. Todo eso debe cambiar.
Cierto es que el comportamiento del hombre en la historia ha relegado a la mujer a un segundo plano, desde el que ellas no se han quedado cortas manejando a los machos a su antojo, ejerciendo una variante más eufemística de prostitución. Pero hoy en día y principalmente en el mundo occidental la mujer ha decidido que es momento de igualarse al hombre; hacer lo que él hace: eructar, meterse en política, pelearse a hostia limpia en la calle, conducir, fumar, beber...
Para salpimentar más si cabe este potaje, tenemos a la cabeza de esta insurrección a la quintaesencia de la mujer: la feminista.
Vienen a ser una grotesca caricatura de lo que una mujer es y puede ser capaz de hacer. El especímen Alfa de esta subespecie es un homínido de sexualidad más que ambigua, que odia al hombre por tener a nivel físico todo lo que ella desea para sí, y ama a todas las mujeres con las que fornicaría de la manera más sucia imaginable. Por supuesto fuma como un carretero, viste tejanos y camisa a cuadros de leñador, pelo insultantemente corto y procuran relacionarse lo menos posible con los hombres, a quienes por sistema tratan con una prepotencia sin parangón, tildándonos de panolis que no nos enteramos de que sus superpoderes de bollera las hace superiores.
Y son ellas las que se encargan de echar piedras para desequilibrar la balanza. Y lo hacen por la fuerza bruta o mediante la astucia o putería, que de eso van sobradas. Utilizan ancestrales mecanismos en la sociedad que aún funcionan para conseguir sus propósitos y adoptan el papel de víctimas de forma impecable, con una enorme precisión llegado el momento.
Pero los goznes de dichos mecanismos ya chirrian; la mujer ha corrido tanto en estos últimos tiempos, que no han hecho del suyo un movimiento sostenible (término muy de moda entre los progres). Nos están empezando a hinchar las pelotas con sus exigencias y necesidades primarias. Vamos a empezar a pasarnos a las mujeres por el forro de los cojones.
Señores y señores, vamos a dejar de sucumbir ante los encantos de una hembra que se nos pone a tiro; seguramente busca algo a cambio.
Se acabó el cederles el paso por cortesía, tienen dos piernas (excepto Irene Villa) como nosotros.
Tampoco les cederemos el asiento en el autobús, ni estando embarazadas; si hubieran mantenido las piernas cerradas no les habría pasado eso.
De ningún modo ayudaremos a subir las bolsas de la compra a la vecina ; que haga ejercicio en vez de pasarse dos horas en la cafetería a base de pastas y cafés con leche cultivando tejido adiposo.
Un "no" como respuesta será considerado como tal a la primera, como se explica claramente en el diccionario.
La prudencia al volante de la que alardean las mujeres no es sinónimo de buen conductor; muy al contrario, está demostrado que no es prudencia sino miedo, pánico que provoca accidentes a los demás vehículos por su conducción temerosa e imprecisa. Nada de concesiones ni cortesías en la conducción.
Estoy seguro que el lector conocerá muchas más situaciones como las que he expuesto, les invito a engrosar la lista y a poner en práctica esta iniciativa. Volvamos a ser el animal que fuimos, sin necesidad de usar afeites que cambian nuestra apariencia masculina por otra de dudosa naturaleza y gusto.
Va por nosotros, apoyemos esta nuestra iniciativa desde la plataforma:
Son inherentes al ser humano valores tan preciados como la codicia, la envidia, la lujuria, el odio, el deseo de venganza... podría extenderme mucho más y hacer un análisis retrospectivo sobre la evolución de la especie humana, pero el motivo de este manifiesto es otro que bien puede obviar alegorías que expliquen cómo hemos llegado a ser los namberguán del jit paréid animal.
Aceptando de mala o peor gana nuestra naturaleza humana, es hora de volver a marcar los límites, las barreras que la mujer se ha encargado de ir disolviendo poco a poco con el ácido de sus mentes y lenguas viperinas.
Es momento para el resurgir del hombre en su más pura esencia: el pelo en pecho y en los sobacos, las cejas pobladas y la barba de tres días.
La piel reseca por la erosión del trabajo duro, la ropa combinada como nos salga de las pelotas, la no-necesidad de dar explicaciones de dónde se ha estado ni con quién, la abolición de expresiones como "tenemos que hacer" o "tenemos que hablar". El tener que preguntar catorce veces "¿qué te pasa?" para recibir como respuestas otros tantos "nada", cuando está a punto de entrar en una crisis terrible de la que se recuperará en quince minutos de arrumacos y sumisión por parte del hombre. Todo eso debe cambiar.
Cierto es que el comportamiento del hombre en la historia ha relegado a la mujer a un segundo plano, desde el que ellas no se han quedado cortas manejando a los machos a su antojo, ejerciendo una variante más eufemística de prostitución. Pero hoy en día y principalmente en el mundo occidental la mujer ha decidido que es momento de igualarse al hombre; hacer lo que él hace: eructar, meterse en política, pelearse a hostia limpia en la calle, conducir, fumar, beber...
Para salpimentar más si cabe este potaje, tenemos a la cabeza de esta insurrección a la quintaesencia de la mujer: la feminista.
Vienen a ser una grotesca caricatura de lo que una mujer es y puede ser capaz de hacer. El especímen Alfa de esta subespecie es un homínido de sexualidad más que ambigua, que odia al hombre por tener a nivel físico todo lo que ella desea para sí, y ama a todas las mujeres con las que fornicaría de la manera más sucia imaginable. Por supuesto fuma como un carretero, viste tejanos y camisa a cuadros de leñador, pelo insultantemente corto y procuran relacionarse lo menos posible con los hombres, a quienes por sistema tratan con una prepotencia sin parangón, tildándonos de panolis que no nos enteramos de que sus superpoderes de bollera las hace superiores.
Y son ellas las que se encargan de echar piedras para desequilibrar la balanza. Y lo hacen por la fuerza bruta o mediante la astucia o putería, que de eso van sobradas. Utilizan ancestrales mecanismos en la sociedad que aún funcionan para conseguir sus propósitos y adoptan el papel de víctimas de forma impecable, con una enorme precisión llegado el momento.
Pero los goznes de dichos mecanismos ya chirrian; la mujer ha corrido tanto en estos últimos tiempos, que no han hecho del suyo un movimiento sostenible (término muy de moda entre los progres). Nos están empezando a hinchar las pelotas con sus exigencias y necesidades primarias. Vamos a empezar a pasarnos a las mujeres por el forro de los cojones.
Señores y señores, vamos a dejar de sucumbir ante los encantos de una hembra que se nos pone a tiro; seguramente busca algo a cambio.
Se acabó el cederles el paso por cortesía, tienen dos piernas (excepto Irene Villa) como nosotros.
Tampoco les cederemos el asiento en el autobús, ni estando embarazadas; si hubieran mantenido las piernas cerradas no les habría pasado eso.
De ningún modo ayudaremos a subir las bolsas de la compra a la vecina ; que haga ejercicio en vez de pasarse dos horas en la cafetería a base de pastas y cafés con leche cultivando tejido adiposo.
Un "no" como respuesta será considerado como tal a la primera, como se explica claramente en el diccionario.
La prudencia al volante de la que alardean las mujeres no es sinónimo de buen conductor; muy al contrario, está demostrado que no es prudencia sino miedo, pánico que provoca accidentes a los demás vehículos por su conducción temerosa e imprecisa. Nada de concesiones ni cortesías en la conducción.
Estoy seguro que el lector conocerá muchas más situaciones como las que he expuesto, les invito a engrosar la lista y a poner en práctica esta iniciativa. Volvamos a ser el animal que fuimos, sin necesidad de usar afeites que cambian nuestra apariencia masculina por otra de dudosa naturaleza y gusto.
Va por nosotros, apoyemos esta nuestra iniciativa desde la plataforma:


