Creo que ya lo conté en su momento, pero porsiaca. He estado en el pais varias veces. Antes del fin de ETA, y después. Antes había un ambiente chungo en algunos pueblos, en algunos barrios de algunas ciudades, y una connivencia ridícula de muchos "intelectuales", gente de bien y algunos otros. Ibas a uno de esos pueblos, y las miradas, las malas caras, y mala educación no eran ni imaginación ni hostias. Los de la gasolina, eran muchos, y eran unos hijos de puta de mucho cuidado. Después, paulatinamente la cosa cambió. Y mucho. La última vez que estuve fue hace tres años. La repolla. La gente muy amable. Toscos, brutotes, cazurros, pero nobles. Lo más sorprendente, estar en un pueblo de ésos que antes salían en las noticias constantemente por altercados, huelgas, atentados, y yo qué sé, convertido en un pueblo como cualquier otro de León, Valladolid o Aragón. Donde estaba el frontón con el Euskal Presoak casi que ni se podía leer, estaban montando un escenario para las fiestas. Nos trataron de puta madre. Nadie hablaba euskera, alguna palabra suelta y poco más. Mucho eskerrik asko o como se diga, y mucho "como podéis vivir con tanto calor allá abajo? Jajaja" y eso. De cojones todo. Sí señor.
Por contraste, vimos el otro lado. Los PIJOS son los que hablan en euskera a sus hijos pequeños, los que llevan las pulseras del PNV y la cruz gamada ésa o lo que sea. Los PIJOS, son los excluyente, los que miran a los españoles con mala cara. Los bordes, los nuevos indepes, los basura.
Una puta mierda. Como de costumbre, la derecha toma el lugar de lo puto peor para hacer lo único que sabe, joder a todo lo que esté abajo.