cuellopavo
El hombre y la caja
- Registro
- 23 Abr 2006
- Mensajes
- 15.560
- Reacciones
- 9.813
Otra posible versión –directamente relatada por el propio hafsol en 1ª persona-
Cuando la vi; casualmente comenzó a sonar “Creep”. Pensé que me había llegado el turno; para mi esta si era ELLA.
Era guapa y no se molesta en ocultarlo, un cuerpo así no es para esconderlo; un cuerpo delgado y hermoso que se movía con todo el descuido con que se puede mover el cuerpo de una mujer que se sabe poseedora de un encanto especial. Así era como se movía su cuerpo.
Su voz sonaba a cre.ma y a miel. Hablaba de vez en cuando, con una voz melosa que alargaba y aunque dijese cualquier tontería, realmente no importaba lo que dijese, lo único que importaba es que ella era la que hablaba, y cuando ella hablaba los demás escuchan, los demás miran, es como si entre sus labios fuesen saliendo letras y palabras de colores.
Decidí ser ingenioso. La encaré y le cité a Ulises cuando se encuentra con Nausícaa en el país de los Feacios: He visto muchos pueblos en mi vida, mas nunca vi mujer que te igualara.
Se rió y me respondió algo por el estilo, y yo le dije que la agudeza añade a una mujer lo mismo que una ropa masculina presta a su silueta: subraya sus encantos y sus defectos.
Seguimos hablando y no se que pasó... pero a veces lo logras y todo parece más fácil... porque de repente nos estábamos besando y el olor a madreselva y a lirio de los valles me envolvieron y no vi nada mas que su piel colorada y rosa y sus labios escarlata oscuros de color ciruela y su pelo negro azabache.
Y más tarde ya estábamos en un hotel amplio y lujoso. Nos besamos otra vez, cogimos una botella y me llevó a una habitación. Me miró con cara de niña traviesa de tomar las fantas con paja -esa mirada podría parar una revolución- y me dijo: -“Oye, no serás uno de esos psicópatas que se cargan a las chicas y van dejando sus trozos por la ciudad, eh?”
- “No nena, hace mucho que dejé de hacer esas cosas”.
Pero entonces algo se me cruzó, y me acordé de los gilipollas de mis amigos, y de todos los perdedores como yo que jamás tienen ninguna oportunidad… Y ella seguía sonriendo; fue culpa de esa sonrisa. Así que le dije que lo sentía mucho, que ella me gustaba de verdad, pero lo que iba a hacer se lo debía a mucha gente. Quité mi navaja suiza, y me dispuse a enseñarle lo que podía hacer con todas las partes diferentes. Incluso con el abrebotellas y la cosa que sirve para sacar piedras del casco de los caballos. Y fue una lástima no haber traído unos ganchos de carnicero.
Cuando la encontraron me había ido. Sólo una zona seca de sangre en la madera donde su cuerpo murió. Solo un último rastro de su olor en el aire matutino. Sólo una mancha de carmín en la botella de vino.
Cuando la vi; casualmente comenzó a sonar “Creep”. Pensé que me había llegado el turno; para mi esta si era ELLA.
Era guapa y no se molesta en ocultarlo, un cuerpo así no es para esconderlo; un cuerpo delgado y hermoso que se movía con todo el descuido con que se puede mover el cuerpo de una mujer que se sabe poseedora de un encanto especial. Así era como se movía su cuerpo.
Su voz sonaba a cre.ma y a miel. Hablaba de vez en cuando, con una voz melosa que alargaba y aunque dijese cualquier tontería, realmente no importaba lo que dijese, lo único que importaba es que ella era la que hablaba, y cuando ella hablaba los demás escuchan, los demás miran, es como si entre sus labios fuesen saliendo letras y palabras de colores.
Decidí ser ingenioso. La encaré y le cité a Ulises cuando se encuentra con Nausícaa en el país de los Feacios: He visto muchos pueblos en mi vida, mas nunca vi mujer que te igualara.
Se rió y me respondió algo por el estilo, y yo le dije que la agudeza añade a una mujer lo mismo que una ropa masculina presta a su silueta: subraya sus encantos y sus defectos.
Seguimos hablando y no se que pasó... pero a veces lo logras y todo parece más fácil... porque de repente nos estábamos besando y el olor a madreselva y a lirio de los valles me envolvieron y no vi nada mas que su piel colorada y rosa y sus labios escarlata oscuros de color ciruela y su pelo negro azabache.
Y más tarde ya estábamos en un hotel amplio y lujoso. Nos besamos otra vez, cogimos una botella y me llevó a una habitación. Me miró con cara de niña traviesa de tomar las fantas con paja -esa mirada podría parar una revolución- y me dijo: -“Oye, no serás uno de esos psicópatas que se cargan a las chicas y van dejando sus trozos por la ciudad, eh?”
- “No nena, hace mucho que dejé de hacer esas cosas”.
Pero entonces algo se me cruzó, y me acordé de los gilipollas de mis amigos, y de todos los perdedores como yo que jamás tienen ninguna oportunidad… Y ella seguía sonriendo; fue culpa de esa sonrisa. Así que le dije que lo sentía mucho, que ella me gustaba de verdad, pero lo que iba a hacer se lo debía a mucha gente. Quité mi navaja suiza, y me dispuse a enseñarle lo que podía hacer con todas las partes diferentes. Incluso con el abrebotellas y la cosa que sirve para sacar piedras del casco de los caballos. Y fue una lástima no haber traído unos ganchos de carnicero.
Cuando la encontraron me había ido. Sólo una zona seca de sangre en la madera donde su cuerpo murió. Solo un último rastro de su olor en el aire matutino. Sólo una mancha de carmín en la botella de vino.
