Pasaría desapercibido en el patio de cualquier colegio; un crío tímido de aspecto corriente que le da patadas a un balón siempre que tiene ocasión. Sin embargo, su cráneo alberga un cerebro privilegiado para la práctica del ajedrez, dotado de una extraordinaria retentiva producto de su memoria fotográfica. Con sólo 13 años de edad, Magnus Carlsen puede presumir de tener la primera norma de Gran Maestro –el más joven de la historia– y de haber derrotado en partidas rápidas a mitos como Karpov o Kasparov.
Estar considerado el talento más grande de occidente desde Bobby Fisher debería ser una carga demasiado pesada para cualquiera, y más aún para la tierna personalidad en formación de un prepúber. Pero este chaval noruego no parece notar la presión sobre sus pequeños hombros. Su ranking ELO actual, el baremo que establece el 'quién es quién' en las 64 casillas, es de 2.581 puntos, y aquellos que han examinado su crecimiento ajedrecístico aseguran que en breve pasará a formar parte del selectísimo 'club de los 2.700'; Kasparov, nº 1 mundial, tiene un ELO de 2.813 puntos.
El Gran Maestro Lubomir Kavalek escribió una historia sobre él en el 'Washington Post' y le bautizó como “el Mozart del ajedrez”, sobrenombre con el que convivirá para siempre, seguramente a su pesar. Y si bien es obvio que se trata de un genio precoz, sorprende más la velocidad con la que aprende a quemar una etapa tras otra que lo temprano de su eclosión. Aprendió a jugar al ajedrez cumplidos los cinco años, nada realmente excepcional, y a competir a los ocho; en ambos casos fue su familia quien influyó puesto que tanto su padre como su hermana suelen disputar torneos para aficionados. Pero quien realmente vio en él un filón fue Simen Agdestein.
Agdestein, ex internacional de fútbol con su país, Gran Maestro y el mejor ajedrecista noruego de todos los tiempos, le vio jugar e intuyó sus posibilidades, así que se ofreció a entrenarle. Para conocer hasta dónde podía llegar debía enfrentarle a los mejores, y eso costaba dinero: la familia vendió su coche e hipotecó su casa para poder pagar los desplazamientos de Magnus por todo el mundo. No tardaron en recoger los frutos de su sacrificio, porque en 2002 (11 años) quedó segundo en el Mundial de la Juventud y este 2004, en Dubai, obtuvo su norma GM con la edad récord de 13 años, cuatro meses y 26 días.
La explosión mediática estaba cantada y con ella llegó un patrocinador de primera fila: Microsoft. Ahora es una verdadera estrella y se ve obligado a ofrecer ruedas de prensa allá donde va, enrojeciendo de timidez ante la avalancha de preguntas. Hace poco, en Rejkjavik, se enfrentó a Kasparov y Karpov en partidas rápidas y, aunque perdió algunas ante ambos, también les ganó otras.
Su entrenamiento no es una rutina fija, sino que Agdestein se muestra flexible según sea su estado de ánimo. Sin embargo, durante cuatro o cinco horas diarias sólo piensa en el blanco y negro de las casillas del tablero: devora con apasionamiento libros sobre ajedrez y estudia partidas y estrategias a través de Internet. Su memoria fotográfica no es una expresión para alimentar el mito, sino una realidad. Su entrenador hizo una demostración ante algunos periodistas, que eligieron al azar, de una enorme base de datos, unos diagramas del desarrollo de algunas partidas: Magnus les dijo de qué partida se trataba, entre qué jugadores, dónde y cuándo se celebró y de qué libro se había extraído sin errar una sola vez. Es más: su padre explica que, cuando el niño tenía cinco años, recitaba de carrerilla el nombre, la extensión y la población de las 430 poblaciones de Noruega con absoluta exactitud
Estar considerado el talento más grande de occidente desde Bobby Fisher debería ser una carga demasiado pesada para cualquiera, y más aún para la tierna personalidad en formación de un prepúber. Pero este chaval noruego no parece notar la presión sobre sus pequeños hombros. Su ranking ELO actual, el baremo que establece el 'quién es quién' en las 64 casillas, es de 2.581 puntos, y aquellos que han examinado su crecimiento ajedrecístico aseguran que en breve pasará a formar parte del selectísimo 'club de los 2.700'; Kasparov, nº 1 mundial, tiene un ELO de 2.813 puntos.
El Gran Maestro Lubomir Kavalek escribió una historia sobre él en el 'Washington Post' y le bautizó como “el Mozart del ajedrez”, sobrenombre con el que convivirá para siempre, seguramente a su pesar. Y si bien es obvio que se trata de un genio precoz, sorprende más la velocidad con la que aprende a quemar una etapa tras otra que lo temprano de su eclosión. Aprendió a jugar al ajedrez cumplidos los cinco años, nada realmente excepcional, y a competir a los ocho; en ambos casos fue su familia quien influyó puesto que tanto su padre como su hermana suelen disputar torneos para aficionados. Pero quien realmente vio en él un filón fue Simen Agdestein.
Agdestein, ex internacional de fútbol con su país, Gran Maestro y el mejor ajedrecista noruego de todos los tiempos, le vio jugar e intuyó sus posibilidades, así que se ofreció a entrenarle. Para conocer hasta dónde podía llegar debía enfrentarle a los mejores, y eso costaba dinero: la familia vendió su coche e hipotecó su casa para poder pagar los desplazamientos de Magnus por todo el mundo. No tardaron en recoger los frutos de su sacrificio, porque en 2002 (11 años) quedó segundo en el Mundial de la Juventud y este 2004, en Dubai, obtuvo su norma GM con la edad récord de 13 años, cuatro meses y 26 días.
La explosión mediática estaba cantada y con ella llegó un patrocinador de primera fila: Microsoft. Ahora es una verdadera estrella y se ve obligado a ofrecer ruedas de prensa allá donde va, enrojeciendo de timidez ante la avalancha de preguntas. Hace poco, en Rejkjavik, se enfrentó a Kasparov y Karpov en partidas rápidas y, aunque perdió algunas ante ambos, también les ganó otras.
Su entrenamiento no es una rutina fija, sino que Agdestein se muestra flexible según sea su estado de ánimo. Sin embargo, durante cuatro o cinco horas diarias sólo piensa en el blanco y negro de las casillas del tablero: devora con apasionamiento libros sobre ajedrez y estudia partidas y estrategias a través de Internet. Su memoria fotográfica no es una expresión para alimentar el mito, sino una realidad. Su entrenador hizo una demostración ante algunos periodistas, que eligieron al azar, de una enorme base de datos, unos diagramas del desarrollo de algunas partidas: Magnus les dijo de qué partida se trataba, entre qué jugadores, dónde y cuándo se celebró y de qué libro se había extraído sin errar una sola vez. Es más: su padre explica que, cuando el niño tenía cinco años, recitaba de carrerilla el nombre, la extensión y la población de las 430 poblaciones de Noruega con absoluta exactitud
