EL OPIO

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pratso

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18 Dic 2003
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EL OPIO


… Había calles enteras dedicadas al opio… Sobre bajas tarimas se extendían los fumadores… Eran los verdaderos lugares religiosos de la India… No tenían ningún lujo, ni tapicerías, ni cojines de seda… Todo era tablas sin pintar, pipas de bambú y almohadas de loza china… Flotaba un aire de decoro y austeridad que no existía en los templos… Los hombres adormecidos no hacían movimiento ni ruido… Fumé una pipa… No era nada… Era un humo caliginoso, tibio y lechoso… Fumé cuatro pipas y estuve cinco días enfermo, con náuseas que me venían desde la espina dorsal, que me bajaban del cerebro… Y un odio al sol, a la existencia… El castigo del opio… Pero aquello no podía ser todo… Tanto se había dicho, tanto se había escrito, tanto se había hurgado en los maletines y en las maletas, tratando de atrapar en las aduanas el veneno, el famoso veneno sagrado… Había que vencer el asco… Debía conocer el opio, saber el opio, para dar mi testimonio… Fumé muchas pipas, hasta que conocí… No hay sueños, no hay imágenes, no hay paroxismo… Hay un debilitamiento melódico, como si una nota infinitamente suave se prolongara en la atmósfera… Un desvanecimiento, una oquedad dentro de uno… Cualquier movimiento, del codo, de la nuca, cualquier sonido lejano de carruaje, un bocinazo o un grito callejero, entran a formar parte de un todo, de una reposante delicia… Comprendí por qué los peones de plantación, los jornaleros, los rickshamen que tiran y tiran del ricksha todo el día, se quedaban allí de pronto, oscurecidos, inmóviles… El opio no era el paraíso de los exotistas que me habían pintado, sino la escapatoria de los explotados… Todos aquellos del fumadero eran pobres diablos… No había ningún cojín bordado, ningún indicio de la menor riqueza… Nada brillaba en el recinto, ni siquiera los semicerrados ojos de los fumadores… ¿Descansaban, dormían?... Nunca lo supe… Nadie hablaba… Nadie hablaba nunca… No había muebles, alfombras, nada… Sobre las tarimas gastadas, suavísimas de tanto tacto humano, se veían unas pequeñas almohadas de madera… Nada más, sino el silencio y el aroma del opio, extrañamente repulsivo y poderoso… Sin duda existía allí un camino hacia el aniquilamiento… El opio de los magnates, de los colonizadores, se destinaba a los colonizados… Los fumaderos tenían a la puerta su expendio autorizado, su número y su patente… En el interior reinaba un gran silencio opaco, una inacción que amortiguaba la desdicha y endulzaba el cansancio… Un silencio caliginoso, sedimento de muchos sueños truncos que hallaban su remanso… Aquellos que soñaban con los ojos entrecerrados estaban viviendo una hora sumergidos debajo del mar, una noche entera en una colina, gozando de un reposo sutil y deleitoso…

Después de entonces no volví a los fumaderos… Ya sabía… Ya conocía… Ya había palpado algo inasible… remotamente escondido detrás del humo…
 
pratso rebuznó:
EL OPIO


Después de entonces no volví a los fumaderos… Ya sabía… Ya conocía… Ya había palpado algo inasible… remotamente escondido detrás del humo…

einnnn????????
 
Radikal rebuznó:
pratso rebuznó:
EL OPIO


Después de entonces no volví a los fumaderos… Ya sabía… Ya conocía… Ya había palpado algo inasible… remotamente escondido detrás del humo…

einnnn????????

Que no se puede asir: Que no se puede tomar o coger con la mano.
 
El placer causado por el vino va siempre en ascenso y tiende a una crisis, tras la cual desciende; el del opio, una vez generado, se mantiene estacionario durante ocho o diez horas. Pero la distinción fundamental radica en que mientras el vino desordena las facultades mentales, el opio, por el contrario -si se toma en forma adecuada-, introduce en ellas el más exquisito orden, legislación y armonía.
El vino le roba al hombre la autoposesión; el opio la refuerza enormemente. El vino turba y nubla el juicio y da un brillo preternatural y una exaltación vívida a las admiraciones y los desprecios, los amores y los odios del bebedor; el opio, por el contrario, los aquieta y restablece el juicio.
La expansión de sentimientos más benignos propia del opio no es ningún efecto febril, sino una sana restauración de ese estado que la mente debería recobrar naturalmente con la eliminación de cualquier irritación profunda y del dolor que la hubiese turbado enfrentándose a los impulsos de un corazón originalmente justo y bueno.

En suma, por decirlo en una palabra, el hombre ebrio está y siente estar en una condición que da la supremacía a la parte meramente humana, y con frecuencia a la parte brutal, de su naturaleza, mientras que el que toma opio siente que la parte más divina de su naturaleza es la que manda; es decir, que los efectos morales se encuentran en un estado de serenidad sin nubes, y la gran luz del intelecto majestuoso domina todo.
 
Me estás dando una gana de probar el opio de la hostia. Menos mal que por aquí no está a mi alcance.
 
Me dan arcadas los yonkkis, ojala os murieraris todos.
 
Me ha resultado un buen relato. Por cierto, me recuerdas como escribes a Juan José Millás
 
Black Friday rebuznó:
¿Lo has sacado de algún libro de Jean Cocteau?

No, la primera parte es de las memorias de Pablo Neruda, "Confieso que he vivido", la segunda de Thomas de Quincey, "Confessions of an Opium-Eater." Y la tercera la he encontrado por ahí:

La principal diferencia entre ella y yo era que ella quería irse a dormir con los delfines y yo quería nadar con ellos. Ella quería morir y yo no.

Todo lo demás es de sobra conocido. Me hubiera sumergido en un mar de aguas oscuras buscando sus manos llenas de cicatrices. Solo por tocarla, solo por salvarla.

Pero en ese momento yo ya había aprendido que no sirve de nada rescatar a nadie. A fin de cuentas todos morimos solos y cruzamos el camino sin nada más que las elecciones que hicimos.

Yo elegí olvidarla. Y con ella todo el amor.
Elegí la derrota como la única arma posible para combatir mi necesidad.
Me costo mucho esfuerzo marginarla en mis pensamientos pero poco a poco el anhelo fue dando paso a una extraña calma densa y azul que lo invadió todo.

Tenia tanto miedo de estar solo que casi no conseguía respirar. No importa que me hiciera daño, su presencia me tranquilizaba y anulaba el miedo. Era dolor pero no era miedo.

Es el miedo lo que hace que confíes tu mente y tu cuerpo a un devorador. Te comerá entero y ni lo notarás porque solo te pondrás alerta cuando sientas miedo. Podrás tener tu alma rota en miles de trozos , serás pisoteado, humillado y maltratado pero pasará como un tren que no quiere parar. Todo pasa.

Y está el deseo como última casualidad para un encuentro. Si soplaba en mi oído ya estaba muerto, era como el aliento del diablo que todo lo puede, las piernas me temblaban y el calor y la humedad chorreaban entre mis piernas. Se acabo la voluntad nena. Bienvenida al imperio de los sentidos pero sin japoneses.

Y luego la nada. Negra y vacía nada. Y tú mirándote al espejo y pensando que eres un extraterrestre. Y por supuesto el miedo de perderla de nuevo acechando como una cucaracha en el baño.

La mayoría lo llamaría amor. Unos pocos te dirán que es adicción. Igual de romántico que la mirada de un yonkkki a su jeringuilla llena de amapolas convertidas en opio.
 
dAN1 rebuznó:
Me ha resultado un buen relato. Por cierto, me recuerdas como escribes a Juan José Millás

Todo es recopliado, contextualizado que es la manera fina de decir que es copiado. Lo siento, no soy tan original.
 
El pueblo, en su nueva alienación ha cambiado su opio.

Las religiones ya no son la quintaesencia que nos doblega a la voluntad de los poderes fácticos, ahora tenemos Beckhams, Cronicas Marcianas, automóviles con TDI, EDS y 6 airbags.

Pero la libertad de pensamiento del ser humano sigue siendo la misma, muy limitada y vetada por otros.
 
SoLNeGrO rebuznó:
El pueblo, en su nueva alienación ha cambiado su opio.

Las religiones ya no son la quintaesencia que nos doblega a la voluntad de los poderes fácticos, ahora tenemos Beckhams, Cronicas Marcianas, automóviles con TDI, EDS y 6 airbags.

Pero la libertad de pensamiento del ser humano sigue siendo la misma, muy limitada y vetada por otros.

Ni los Beckhams, ni las crónicas ni los coches son comprables al opio. Afortunadamente esta prohibido y es de difícil acceso, eso lo hace aún más atractivo.
Marx, que creo nunca probó el opio, hizo una comparación fácil, entendible, didáctica, si lo hubiera probado ni por asomo habria dicho eso.

Y que cosnte que no animo a nadie a probarlo. Sólo posteo sensaciones escritas por otros.
 
Jugador1 rebuznó:
La religión es el opio del pueblo... Autor?
Karl Marx

Capullo(que antes ya se ha dicho...)

pratso rebuznó:
Marx, que creo nunca probó el opio, hizo una comparación fácil, entendible, didáctica, si lo hubiera probado ni por asomo habria dicho eso.
 
el_emparrao rebuznó:
Jugador1 rebuznó:
La religión es el opio del pueblo... Autor?
Karl Marx

Capullo(que antes ya se ha dicho...)

pratso rebuznó:
Marx, que creo nunca probó el opio, hizo una comparación fácil, entendible, didáctica, si lo hubiera probado ni por asomo habria dicho eso.

no tengo por costumbre leerme los hilos enteros. otra vez ya me fijare.

que le den.
 
Jugador1 rebuznó:
el_emparrao rebuznó:
Jugador1 rebuznó:
La religión es el opio del pueblo... Autor?
Karl Marx

Capullo(que antes ya se ha dicho...)

pratso rebuznó:
Marx, que creo nunca probó el opio, hizo una comparación fácil, entendible, didáctica, si lo hubiera probado ni por asomo habria dicho eso.

no tengo por costumbre leerme los hilos enteros. otra vez ya me fijare.

que le den.

No sé si tendrás la ocasión: El Milenarismo ha LLEGADO

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Escudo.jpg
 
pratso rebuznó:
SoLNeGrO rebuznó:
El pueblo, en su nueva alienación ha cambiado su opio.

Las religiones ya no son la quintaesencia que nos doblega a la voluntad de los poderes fácticos, ahora tenemos Beckhams, Cronicas Marcianas, automóviles con TDI, EDS y 6 airbags.

Pero la libertad de pensamiento del ser humano sigue siendo la misma, muy limitada y vetada por otros.

Ni los Beckhams, ni las crónicas ni los coches son comprables al opio. Afortunadamente esta prohibido y es de difícil acceso, eso lo hace aún más atractivo.
Marx, que creo nunca probó el opio, hizo una comparación fácil, entendible, didáctica, si lo hubiera probado ni por asomo habria dicho eso.

Y que cosnte que no animo a nadie a probarlo. Sólo posteo sensaciones escritas por otros.

No te creas que es difícil encontrarlo. Incluso plantarlo. En cualquier herbolario te venden semillas (a saber de qué variante de la planta, aunque casi todas van bien) sin hacer muchas preguntas y puedes conseguir de las buenas en grow-shops.
 
Black Friday rebuznó:
pratso rebuznó:
SoLNeGrO rebuznó:
El pueblo, en su nueva alienación ha cambiado su opio.

Las religiones ya no son la quintaesencia que nos doblega a la voluntad de los poderes fácticos, ahora tenemos Beckhams, Cronicas Marcianas, automóviles con TDI, EDS y 6 airbags.

Pero la libertad de pensamiento del ser humano sigue siendo la misma, muy limitada y vetada por otros.

Ni los Beckhams, ni las crónicas ni los coches son comprables al opio. Afortunadamente esta prohibido y es de difícil acceso, eso lo hace aún más atractivo.
Marx, que creo nunca probó el opio, hizo una comparación fácil, entendible, didáctica, si lo hubiera probado ni por asomo habria dicho eso.

Y que cosnte que no animo a nadie a probarlo. Sólo posteo sensaciones escritas por otros.

No te creas que es difícil encontrarlo. Incluso plantarlo. En cualquier herbolario te venden semillas (a saber de qué variante de la planta, aunque casi todas van bien) sin hacer muchas preguntas y puedes conseguir de las buenas en grow-shops.

Y es muy fácil encontrar adormideras (y semillas de ella) por ahí. La variedad española no es tan cañera como el opio, pero no deja de ser efectiva. Piensa que nuestros abuelos lo usaban como medicamento, para mitigar el dolor. Mi abuela se pasó con una infusión de adormidera y se pasó tres días durmiendo.
 
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