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FROTTEURISMO
Es una parafilia específica según en DSM IV, cuando en el DSM III era sólo atípica. Este ascenso en su nivel de importancia se debe a un incremento de los casos comunicados. Tiene como sinónimos el “frotismo”(7), “frotage” y el pomicionismo, y se caracteriza por la frotación del cuerpo de otra persona que no consiente.
El DSM IV (4) establece dos criterios para su diagnóstico: “A. Durante un periodo de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes e impulsos sexuales o comportamientos ligados al hecho de tocar y rozar a una persona en contra de su voluntad. B. Estas conductas provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo”.
Los frotteuristas aprovechan las aglomeraciones para practicar sus actos, como en las aceras estrechas, desfiles, manifestaciones, cines, pero sobre todo los ómnibus o trenes subterráneos, pues se ponen de pie para facilitar el contacto. Aprietan sus genitales contra las nalgas o muslos de la víctima, o les tocan los genitales, las nalgas o las mamas, mientras imaginan estar viviendo una verdadera relación sexual. Pero como saben que si son denunciados o agredidos deben escapar inmediatamente, prefieren los lugares abiertos o el momento en que pueden bajar rápidamente de los vehículos. La mayoría de las mujeres victimizadas reaccionan con enfado o enojo, gritan o propinan un castigo al agresor sexual, provocando su huída precipitada. No obstante, los frotteuristas relatan que un porcentaje no pequeño de mujeres acepta de buen grado sus caricias, y ello depende del buen aspecto del parafílico, por lo que puede terminar en una conversación para encontrarse más tarde, oportunidad que raramente se utiliza, pues el placer más intenso radica en el frotamiento no consentido.
La consulta psiquiátrica o sexológica se produce cuando son enviados por el juez, luego de una denuncia comprobada por atentado violento al pudor, que es el delito sexual en que incurren con esta práctica, o por disfunciones sexuales, o baja frecuencia sexual, pues prefieren masturbarse con fantasías de frotteur o practicar sus hábitos parafílicos. También se deprimen y se incrementa la práctica en estos periodos o cuando sufren de estrés.
Hay frotteuristas de varios tipos: exclusivos, cuando sólo se excitan con esta práctica, no exclusivos, cuando pueden tener pareja y también mantienen relaciones sexuales; parciales, cuando se conforman con un rozamiento mínimo, o completos, cuando llegan al orgasmo durante el rozamiento; selectivos, cuando acechan a mujeres acompañadas o que posean ciertas características, sobre todo en el cine, o no selectivos, cuando agreden a mujeres solas. El tocamiento “robado” puede ser compulsivo, disimulado, discreto o brusco. Los que abusan en el vehículo público que deben utilizar para ir al trabajo, cuando se ponen en evidencia o son descubiertos suelen cambiar de horario, lo cual perturba realmente sus vidas. El tocamiento puede producirse contra compañeras de trabajo y algunas demandas por acoso sexual se deben a esta parafilia, pero no es lo común.
Se manifiesta con mayor frecuencia en varones entre los 15 y los 25 años de edad, y luego la frecuencia declina gradualmente. Nuevamente la experiencia de haber sido tocados o de haber tocado a adultos en el curso de la infancia en circunstancias traumáticas, puede ser una de las causas del problema.
No se debe confundir el frotteurismo con el placer natural del contacto que se produce entre los cuerpos en determinados lugares de apiñamiento, como un festival de música, o durante el baile con la pareja que consiente, ni en contactos circunstanciales e involuntarios, en que hay roces de rodillas, muslos, brazos, nalgas o codos, en cualquier lugar en que la distancia íntima es invadida sin protesta. Hay culturas de contacto como la de las latinas, árabes y judías, y culturas de no contacto, como las anglosajonas, que admiten con mayor o menor reticencia el contacto breve entre personas que comparten asientos adyacentes o en los pasillos del transporte público.
El placer de tocar o rozar corporalmente a otra persona es universal y no se trata de ningún trastorno. Es una experiencia sensorial de las más gratificantes, así como de las más primitivas. Experimentamos sensaciones táctiles desde el útero materno y toda la piel es un gigantesco órgano sensorial que nos pone en contacto con el mundo exterior y los demás. La superficie de la piel por su textura propia, sus vellos y pelos, temperatura y humedad, es sumamente agradable de tocar acariciando por el roce, el masaje más profundo. Tocar zonas sensibles para el otro, puede llegar a ser un impulso natural, pues el clítoris es un “captadedos” para el varón o su pareja y el pene expuesto convoca a la mujer a tomarlo entre sus dedos.
El placer de frotteurista es producido en forma preferida o exclusiva por tocar a alguien que no consiente y no por la actividad genital. El secreto está en la transgresión.
CLISMAFILIA
Parafilia no especificada que se encuentra entre las que erotizan patológicamente las funciones digestivas, en este caso la parte terminal del intestino por llenado con líquido o enema. Proviene del griego “klister” enema y “philía” amor. Trimmer (52) la denomina “juego acuático”, como se anuncia en algunas casas de masajes.
Tienen como origen el exceso en que caen los padres en la utilización de enemas y supositorios en la infancia de sus hijos en casos de enfermedad. La utilización de estímulos anorrectales con enemas puede ser sustitutiva de la actividad sexual coital, como regresión defensiva contra deseos genitales. Rodrigues (47) señala que la clismafilia es una forma de coprofilia, pues se erotiza la parte final del intestino y se obtiene placer con enemas y supositorios. Un caso presentado por él describe la experiencia de una mujer que es preparada por las enfermeras para un estudio radiográfico, para lo cual debían practicarle un enema, acto en que la misma experimenta un gran placer durante la introducción del líquido, a tal extremo que debió retirarse al baño con la excusa de que era insoportable la necesidad de evacuar, cuando lo insoportable era contener el orgasmo, que se produjo intensamente apenas se sentó en el inodoro. Dice Fenichel (19) que la clismafilia significa el deseo de alcanzar el placer sexual sin tener que recordar la diferencia de los sexos, como parte del erotismo anal.
UROFILIA
Es una parafilia no especificada caracterizada porque el individuo necesita obligatoriamente para el orgasmo, sentir el olor o el sabor de la orina, ver orinar a alguien o sentir el ruido que hace (20). París (40) la define como la excitación sexual causada por la orina y su emisión. Trimmer (52) dice que es la atracción por la orina y los procesos urinarios del compañero sexual.
Del griego “uron” (orina) “philía” (amor), también denominada urolagnia y ondinismo, pues Palem (39) dice que Havelock Ellis –quien era urolágnico-afirmaba que “el trastorno provenía del interés general por todo lo que sea agua en la naturaleza”. Se manifiesta en diversos grados: 1) Masturbarse mientras huele un pañuelo empapado en orina; 2) Escuchar el chorro de orina; 2) Ver orinar a otros; 3) Pedir al otro que orine sobre el urofílico; a esta práctica se la denomina “lluvia dorada”; 4) Beber la orina de otro.
Es natural que al tratarse un acto íntimo y privado, provoque cierta excitación al observar cuando otro orina. Pero no lo es cuando provoca una excitación sexual intensa y excluyente. El urofílico suele concurrir con frecuencia a los baños y puede ser confundido con un homosexual que desea ver el pene del otro, pero solo desea ver orinar, oler la orina o escuchar cuando cae el chorro. El olor a la orina es significativo filogenéticamente, ya que los animales marcan su territorio con ella, para ahuyentar a los rivales y atraer a las parejas. Trimmer (52) recuerda que es común que los niños jueguen campeonatos a ver quién orina más lejos y más arriba, mientras miran orinar a los demás y escuchan el ruido del chorro al caer. Lo mismo pasa con la curiosidad sexual infantil de los niños que desean ver a sus padres cuando entran al baño a orinar o a defecar. En cambio las mujeres raramente orinan colectivamente con las niñas. Pero todo ello no se transforma en una actividad impulsiva como en esta parafilia.
El placer de orinar como fuente exclusiva del placer sexual no suele ser frecuente ni descrito como parafílico. El erotismo uretral descrito por Karl Abraham, puede hacer que el acto de orinar sea muy placentero y provoque estremecimientos del varón, así como que favorezca la enuresis del niño o la eyaculación precoz del adulto, pero no es sustituto del orgasmo ni del coito. La introducción de objetos como alambres, catéteres y lápices como fuente de placer sexual, también se describe como una forma de urofilia.
Fuente: Parafilias. Revista Española de Psiquiatría y Psicología. 12. 1. 45-65. Dr. Andrés Flores Colombino Médico Psiquiatra, Geriatra Gerontólogo y Sexólogo Clínico. Miembro del Advisory Committee de la World Association for Sexology (WAS).
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