snow
Freak
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- 13 Dic 2003
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En el parque donde JC y yo paseamos hay un señor que se siente muy solo.
Cada día nos encontramos sin casualidad con él y su Pini, una enorme y preciosa perra de color negro.
Es un hombre de apariencia descuidada, ropa vieja y el caminar lento de quien no tiene nada más importante que hacer. Desde hace semanas suele acercarse a nosotros y charlamos un rato mientras los perros juegan.
Un día me contó que el padre de Pini casi pierde las patas hace dos años rastreando en los escombros de un terremoto en no se qué país sudamericano. Hoy me dijo que Pini habia superado una tremenda dermatitis causada por el chapapote cuando estuvieron limpiando las playas gallegas. También me ha dicho que su veterinario se llama Juan Tamariz.
Yo no creo sus historias pero le escucho con atención. No suelo hacerle preguntas, no quiero confundirle ni ponerle en un aprieto si un dia olvida alguno de los relatos. Unicamente escucho mientras observo que su ropa, siempre la misma, cada vez está más sucia y que su barba es cada día más larga. Todo en él es un poco demasiado viejo y su cara es un mapamundi de arrugas, dientes rotos y manchas.
Me incomoda encontrarle todos los dias porque yo quiero estar sola con mis pensamientos y perderme en esa niebla inconsciente, sin embargo me agrada estar con él y escucharle.
Este hombre tiene el aspecto de las personas enfermas de soledad, cada día pasea un héroe diferente y lo único que pide es que alguien escuche su leyenda. Quizás todo lo que cuente sea mentira, pero son las mentiras más bonitas que he oido nunca, mentiras acerca de perros valientes que cuidan de las personas y de dueños entregados que llevan a sus perros a magos para que les curen todas las heridas.
El señor del parque ya no está tan solo desde que puede contarme todas esas cosas. Quizás él no lo sepa pero dos soledades juntas hacen una compañia.
Cada día nos encontramos sin casualidad con él y su Pini, una enorme y preciosa perra de color negro.
Es un hombre de apariencia descuidada, ropa vieja y el caminar lento de quien no tiene nada más importante que hacer. Desde hace semanas suele acercarse a nosotros y charlamos un rato mientras los perros juegan.
Un día me contó que el padre de Pini casi pierde las patas hace dos años rastreando en los escombros de un terremoto en no se qué país sudamericano. Hoy me dijo que Pini habia superado una tremenda dermatitis causada por el chapapote cuando estuvieron limpiando las playas gallegas. También me ha dicho que su veterinario se llama Juan Tamariz.
Yo no creo sus historias pero le escucho con atención. No suelo hacerle preguntas, no quiero confundirle ni ponerle en un aprieto si un dia olvida alguno de los relatos. Unicamente escucho mientras observo que su ropa, siempre la misma, cada vez está más sucia y que su barba es cada día más larga. Todo en él es un poco demasiado viejo y su cara es un mapamundi de arrugas, dientes rotos y manchas.
Me incomoda encontrarle todos los dias porque yo quiero estar sola con mis pensamientos y perderme en esa niebla inconsciente, sin embargo me agrada estar con él y escucharle.
Este hombre tiene el aspecto de las personas enfermas de soledad, cada día pasea un héroe diferente y lo único que pide es que alguien escuche su leyenda. Quizás todo lo que cuente sea mentira, pero son las mentiras más bonitas que he oido nunca, mentiras acerca de perros valientes que cuidan de las personas y de dueños entregados que llevan a sus perros a magos para que les curen todas las heridas.
El señor del parque ya no está tan solo desde que puede contarme todas esas cosas. Quizás él no lo sepa pero dos soledades juntas hacen una compañia.

