Pues no tengo mucho que contar amijo leibn. Estoy en un periodo bastante
introspectivo.
Me está gustando demasiado acercarme al
paseo marítimo y quedarme
mirando el horizonte, como si esperara que una
sirena fuera a salir del agua. Tantas
derrotas han hecho mella en mi
afligida alma.
Como ya he dicho está últimas semanas, el
barco se está infestando de ratas, la madera está totalmente podrida y poco a poco se hunde esto.
Pero dejaré una perlita...esté finde momó cumplía años, y me acerque al
Alcampo para comprar una tarta. Cuando llegue al coche vi que ponía: felicidades papá
Mi primera misión era que la tarta llegara en condiciones a casa, no tengo
destreza con el coche y me suelo comer bastantes
bordillos. Conseguí que llegara intacta a
casa popos.
Pero la
mala fortuna me persigue. Creo que ya lo he dicho alguna vez, tengo las
manos torpes, y al sacar lo que había quedado de la tarta se me cayó al suelo. Inmortalicé el momento, mientras popó trataba de recuperar algo de ella.
La situación fue un poco
dantesca, ya que mi popó recogió parte de la tarta y me la ofreció para que me la llevara en un taper... yo empecé a notar (de nuevo) en su mirada esos hogos vidriosos de
decepción, como cuando dejas al
perro de vigilante en casa y cuando vuelves
se ha comido toda la tapicería del salón, incluida la de tu sofá favorito.
Con la mirada le dejé caer que ya me había comido
suficientes crankos en mi bida para llevarme ese
amasijo de bizcocho y nata.
Regresé a casa y me cené media pizza de
atún-bacon y consulté por última vez la chorbiagenda, por si saltaba la
sorpresa en las gaunas. Cosa que no ocurrió, como era de preveer, así que me fui a la cama, apagué la luz y volví a cerrar los hogos imaginando que regresaba a un mundo paralelo, donde partía craneos con mis espada y las envras suspiraban al oir el galope de mi caballo.
El domingo di un paseo por mi
antiguo barrio (pese a que han cambiado cosas, sigo percibiendo ese aroma áspero) y disfruté de una tarde insulsa en casa.
Todo muy rapiñero, como siempre