Nunca me ha hecho particular gracia en su faceta profesional. Vivía o tenía un piso en la avenida champañat, enfrente de las monjas, en el mismo bloque de unos tios mios y decían que siempre daba los buenos días en el ascensor, yo no me lo crucé alli, aunque tampoco es que visitara mucho a esos tios en particular.
Dió el pelotazo con los monologos cuando se pusieron de moda y varias veces hablamos con él en la espa, un bar de la gran via que hacia un ciclo de monólogos que organizaba el gordo, y siempre fue majete, no era de los de no me vengais a dar la chapa.
Ahora como humorista no sintocinamos la misma frecuencia, me quedo mil veces antes con Ignatius dentro de esa camarilla.