Sir Ringo Starr
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Y es que no todo van a ser tristezas en mi vida.
Cuando parecía que todo iba a seguir rodando por ese camino que se me impuso hace ya cosa de cinco años, he recibido un seguido de sorpresas en mi vida. Sorpresas que me han hecho descubrir la felicidad que reside en la libertad, esa libertad que a veces, amablemente, nos otorga la inconsciencia.
Quizá un personaje de Fromm lo descubría a los diez años, pero por circunstancias o talento he tenido que esperar algún tiempo más a darme cuenta de mí mismo como individuo y las acciones que puedo tomar hacia mí, hacia lo ajeno, hacia un todo que reside únicamente en mí y en la gente que quiero.
Quizá sea un colocón de alegría, un subidón anímico adolescente, pero ahora siento la necesidad de interpretar incluso las depravaciones más oscuras como formas de ocio, como métodos para asimilar libertad. Siento la necesidad de conseguir la felicidad a tragos de whisky en cualquier bar o sobre cualquier escenario, oportunidades que se me presentan a decenas últimamente.
Seguridad y brillo en los ojos siempre son más valorados que el mejor de los cuerpos o la más apolinea de las caras; eso me lleva a pensar que la grandísima mayoría de gente o personas que conozco están malgastando sus vidas, sus circunstancias, por las que muchas almas pagarían, en rutinas y ruidos.
Quizá parezca terrible, pero lo que es buena música lo decide uno mismo y nadie puede cambiar esa verdad universal, la profundidad de la lectura reside en el hipotálamo del lector y mientras el amor fluye a nuestro alrededor cerramos nuestros corazones al ayer y a la nada.
Hay que joderse correctamente para poder ser feliz.
Cuando parecía que todo iba a seguir rodando por ese camino que se me impuso hace ya cosa de cinco años, he recibido un seguido de sorpresas en mi vida. Sorpresas que me han hecho descubrir la felicidad que reside en la libertad, esa libertad que a veces, amablemente, nos otorga la inconsciencia.
Quizá un personaje de Fromm lo descubría a los diez años, pero por circunstancias o talento he tenido que esperar algún tiempo más a darme cuenta de mí mismo como individuo y las acciones que puedo tomar hacia mí, hacia lo ajeno, hacia un todo que reside únicamente en mí y en la gente que quiero.
Quizá sea un colocón de alegría, un subidón anímico adolescente, pero ahora siento la necesidad de interpretar incluso las depravaciones más oscuras como formas de ocio, como métodos para asimilar libertad. Siento la necesidad de conseguir la felicidad a tragos de whisky en cualquier bar o sobre cualquier escenario, oportunidades que se me presentan a decenas últimamente.
Seguridad y brillo en los ojos siempre son más valorados que el mejor de los cuerpos o la más apolinea de las caras; eso me lleva a pensar que la grandísima mayoría de gente o personas que conozco están malgastando sus vidas, sus circunstancias, por las que muchas almas pagarían, en rutinas y ruidos.
Quizá parezca terrible, pero lo que es buena música lo decide uno mismo y nadie puede cambiar esa verdad universal, la profundidad de la lectura reside en el hipotálamo del lector y mientras el amor fluye a nuestro alrededor cerramos nuestros corazones al ayer y a la nada.
Hay que joderse correctamente para poder ser feliz.

