Cenobita, de profesión: envidioso.
La gran mayoría de empresarios de este país son gente que ha empezado de abajo hipotecándose hasta las cejas para poder tener un negocio con un número reducido de trabajadores, sin poder dormir durante noches y noches, jodido con todos los pagos robos del socio tonto y sinvergüenza que se llama Estado, y este hombre quiere que encima después de todo eso, sin arriesgar lo más mínimo, le caiga del cielo parte de los beneficios que pueda tener el que se ha dejado la vida en que el negocio funcione, todo por sus cojones morenos. Como si un sueldo no fuese una compensación suficiente (cuando en muchos sueldos vienen los objetivos, que no es otra cosa que compartir beneficios).
Por otro lado, los demás folláis o follamos porque nos ha tocado en la lotería, no porque te curres una relación ya sea más o menos efímera o duradera. Nos ha tocado. Al señor no le ha tocado y no quiere ir de putas porque qué injusto que no le han llamado a la puerta y le han dicho, ahí tienes tu jaca para follártela. Ojo con follaros más de una, porque igual os estáis follando la que le tocaba a él.
Decimos de la cultura del Esfuerzo de Ferris, pero lo de este ya es para descojonarse. Nadie tiene mérito, da igual que te dejes los cojones en una antigua carrera de una universidad Politécnica, donde lo normal era dejarse la puta vida en la biblioteca devanándote los sesos para sacarte alguna de las 16 o 17 asignaturas de matemáticas de la carrera, eso es un trabajo de señoritos porque estás sentado y te ha venido todo dado.
No podemos tener más o menos dinero, más o menos merecido porque al envidioso se le ha antojado que mejor todos míseros que tener una oportunidad de vivir decentemente, hacinados en pisos de mierda y con las calorías justas, una especie de Auschwitz pero ampliado a todo el mundo donde todo lo que sea progreso, esfuerzo, riqueza (física, moral o de espíritu) será erradicado para malvivir todos.