Slk
Extremadamente Imbécil
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Andalucía es más clasista que Cataluña, le he dicho.
Sabe que sí, entonces nos responde esto:
Es una afirmación muy general y difícil de sostener de forma objetiva. Andalucía y Cataluña tienen formas distintas de desigualdad y de “clasismo”.
En Andalucía ha existido históricamente una sociedad más jerárquica ligada a los grandes propietarios, el peso de las élites locales y la diferencia entre campo y ciudad. Eso puede hacer que ciertas distinciones de clase sean más visibles o tradicionales.
En Cataluña, en cambio, suele haber menos jerarquía “señorito–obrero” clásica, pero sí existen otras formas de distinción social: nivel educativo, idioma, barrio, origen familiar o si eres de familias catalanohablantes de varias generaciones frente a inmigración interior o exterior. En ciudades como Barcelona hay bastante segregación social entre zonas y, a veces, el idioma o el origen funcionan como marcador de estatus.
Además, los estudios sobre movilidad social no muestran que Andalucía sea claramente “más cerrada” o “más clasista” que Cataluña de forma rotunda; más bien, ambas tienen desigualdades importantes pero con mecanismos distintos. En Andalucía pesan más el origen familiar y el tipo de empleo de los padres; en Cataluña suelen influir más la educación, la red social y el capital cultural.
Así que probablemente depende de qué entiendas por “clasista”:
si hablas de jerarquías sociales visibles y tradicionales, mucha gente percibiría más clasismo en Andalucía;
si hablas de barreras culturales, de idioma o de “encajar” en ciertos círculos, Cataluña también puede ser muy clasista, aunque de otra manera.
Sabe que sí, entonces nos responde esto:
Es una afirmación muy general y difícil de sostener de forma objetiva. Andalucía y Cataluña tienen formas distintas de desigualdad y de “clasismo”.
En Andalucía ha existido históricamente una sociedad más jerárquica ligada a los grandes propietarios, el peso de las élites locales y la diferencia entre campo y ciudad. Eso puede hacer que ciertas distinciones de clase sean más visibles o tradicionales.
En Cataluña, en cambio, suele haber menos jerarquía “señorito–obrero” clásica, pero sí existen otras formas de distinción social: nivel educativo, idioma, barrio, origen familiar o si eres de familias catalanohablantes de varias generaciones frente a inmigración interior o exterior. En ciudades como Barcelona hay bastante segregación social entre zonas y, a veces, el idioma o el origen funcionan como marcador de estatus.
Además, los estudios sobre movilidad social no muestran que Andalucía sea claramente “más cerrada” o “más clasista” que Cataluña de forma rotunda; más bien, ambas tienen desigualdades importantes pero con mecanismos distintos. En Andalucía pesan más el origen familiar y el tipo de empleo de los padres; en Cataluña suelen influir más la educación, la red social y el capital cultural.
Así que probablemente depende de qué entiendas por “clasista”:
si hablas de jerarquías sociales visibles y tradicionales, mucha gente percibiría más clasismo en Andalucía;
si hablas de barreras culturales, de idioma o de “encajar” en ciertos círculos, Cataluña también puede ser muy clasista, aunque de otra manera.