Acabo de subir al piso de arriba. Normalmente vive una pancha sola (está buena) y no mete ruido más que cuando llega con tacones. Le cuesta quitárselos.
Pero los sábados no sé de dónde llegan dos putos chavales que juegan al fútbol de maquinitas, gritan y zapatean. Y hoy me han tocado los cojones.
No me han abierto la puerta a pesar de que les oía dentro, pero a partir del timbrazo silencio absoluto.