Tuve un compañero de trabajo, gallego para más señas, que estaba casado con una gorda que vendía cupones en la ONCE, una tipa que tenía fibromialgia y probablemente un CI por debajo de 80, una auténtica calamidad. Pues bien, cuando coincidíamos en el trabajo, el muy anormal me refería constantemente lo bien que follaba con su señora, incluyendo detalles morbosos, como pretendiendo dar envidia a los demás. Me contó que a la puta gorda le encantaba el anal, que le hacía pajas cubanas, mamadas y bueno, todo el catálogo de guarradas que uno le hace a una mojera cuando le impone el patriarcado por el cucutrás y la pone a cuatro patas. Era algo insistente, molesto y ridículo, porque nadie le respondía a esas mierdas ni le hacía caso, pero seguía insistiendo y aprovechaba cualquier conversación distendida y sin importancia para colar sus "hazañas sexuales" con una puta gorda con cuerpo de mesa camilla, retrasada mental y encima aquejada de vagancia y mucho cuento. Todo lo acompañaba de una risita final, insistente y muy molesta, así como en falsete, la típica risa de maricona ridícula, de pagafantas y calzonazos follagordas. Una calamidad de personaje.
Al final, y con el paso del tiempo, le fue tomando manía todo el mundo, y nadie le hacía mucho caso. Terminó por liar una trifulca absurda con una compañera a la que le hizo el cebolleta cuando ésta se agachó a coger una caja de bebidas en la bodega, donde este sujeto la abordó con la excusa de que iba a buscar otra cosa. Por lo visto el acto fue tan burdo y patético, que la tipa, mucho más joven que el susodicho enseguida se percató de las intenciones del susodicho y se giró y le metió un bofetón en todo el gepeto, a lo que siguieron una catarata de insultos mientras el tipo balbuceaba sin saber que decir. Todo esto lo supe por fuentes indirectas, de la propia afectada, obviamente, pero el tipo se fue avergonzado. A raíz de este episodio, en el que nunca dio la cara, el muy subnormal se dio de baja por no sé qué motivos y no lo volví a ver.
En aquella época, y ya hace unos años, el tío tenía cuarenta y tantos años, y estaba con la mencionada gorda, con dos hijos que no eran suyos, sino de una relación anterior, y a los que tenía como propios. Encima era gangoso al hablar, de los que se metían en conversaciones ajenas, siempre diciendo cosas inapropiadas, con una dentadura repugnante, con una costra de sarro y lo que es peor, calvo. Obviamente no es el único subnormal que he conocido, pero creo que de este no he hablado hasta el momento.