hasta los cojones de estas mierdas...
a tomar por culo.... los vascos son atlantes y los catalanes la ostia en verso
¿DECAE LA RAZA VASCA?
El origen de este pueblo pegado a las faldas del Pirineo, colgado de los acantilados sobre el Cantábrico y ribereño de las orillas del Ebro, sigue siendo un enigma, si nos atenemos a las expresiones de quienes saben mucho del tema, o sea de los sabios. Algunos como Louis Carpentier nos hicieron descender de los míticos atlantes de aquel continente sumergido por los océanos. Federico Krutwig siguió su estela para contarnos, en "Garaldea", que, según los indicios, éramos, efectivamente, los últimos atlantes. La historia tiene su interés porque, de ser cierta, resultaría que nuestro padre sería Atlante y no Adán, como señalan las historias sagradas.
Atlante era el hermano de Prometeo, a quien el experto Robert Graves y tantos otros fieles de hace dos mil años, colocan como creador de la humanidad. Del gigantesco Atlante, de quien los egipcios suponían hijo de Poseidón, se dice que gobernaba un reino de costas escarpadas, mayor que Asia y África juntas. Llegó el diluvio universal y la Atlántida quedó hundida bajo los mares, sepultando a nuestros antepasados. Furioso Atlante con los dioses por semejante desgracia, se enfureció y les retó a la guerra. Pero los dioses dioses son y Zeus y los suyos no tuvieron problemas especiales en dominar la rebelión. Mataron a diestro y siniestro y, magnánimos, perdonaron a algunos de los cabecillas del motín, entre ellos a Atlante, a quien castigaron a llevar el Cielo a sus espaldas durante la eternidad.
Así pues, los vascos somos de raza ilustre. No alcanzamos la categoría de los súbitos de Crono, que constituyeron la llamada raza de Oro y, por lo que sabemos, tampoco de la raza de Plata a los que Zeus destruyó por completo. Aún y todo, nuestro pedigrí remonta al neolítico. Esta raza, a decir los expertos en pueblos y naciones, es enérgica, de marinos y agricultores, de forjadores del acero. Ha sido resistente, tenaz, activa, incansable, conservando, a través de los siglos, sus cualidades etnológicas y particulares. Estas características se han ido transmitiendo de generación en generación, preservándose durante siglos, ante invasiones y guerras prolongadas. Incluso nuestros antepasados pudieron sobrevivir a las "razias finales", al holocausto de Napoleón, Espartero o Franco.
Sin embargo, a mitad del siglo XX las cosas cambiaron. Esta raza que jamás había demostrado signos de flaqueza, ni decadencia, entró en una fase delicada. Se encendieron las alarmas porque se hizo notorio que "el vasco muere más tempranamente que hace dos siglos, que pierde a sus hijos en mayor número y que la vejez general de la raza es más prematura".
A estas conclusiones llegó el eminente doctor José Rodríguez del Castillo. Y causaron tal sorpresa en la comunidad médica que la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País las publicó en 1946. El artículo del citado doctor se titulaba, precisamente, igual que el mío. Me he aprovechado del título para copiarle, sin rubor. Y es que el tema se las trae. ¿Decae, en efecto la raza vasca, esa descendiente del coloso Atlante? Expertos tiene el país que sabrán responderlo mejor que yo.
Para ayudarles en esta peliaguda cuestión les aportaré las señales que detectó el doctor Rodríguez del Castillo en la sociedad vasca de finales de la Segunda Guerra mundial. Para el conspicuo médico, las causas de la decadencia de los valores raciales de los vascos se resumen en siete: abuso del alcohol y sus derivados, lactancia artificial, tuberculosis, raquitismo, sífilis, emigración y aumento del trabajo. Son razones de peso que el doctor desgrana con paciencia y detalle.
Por ejemplo, nos dice que sólo un tercio de los vascos puede decir que no está alcoholizado. La cifra parece escandalosa y si así lo es no es de extrañar que la raza vasca caiga en desgracia porque, el alcohol produce una esclerosis en todos los órganos y ataca especialmente el cerebro, transmitiendo a la descendencia los efectos perniciosos de su consumo. Es cierto, como muchos han invocado, que el clima de la costa es bastante depresivo, lo que "explicaría" en cierta medida, como bien apunta Rodríguez del Castillo, esa inclinación hacia el alcohol.
En fin, ya lo han leído. No soy experto en razas y mucho menos en la mía. Soy, simplemente, un humilde escribidor de una columna literaria semanal a quien la lectura de ese artículo de Rodríguez del Castillo produjo congoja. Que sean los expertos quienes nos ayuden a salir de este agujero y, de una vez por todas, recuperemos nuestra categoría, a la vera de Tetis, nuestra legendaria madre.