Werther
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- 16 Mar 2004
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El concepto fundamental de toda costumbre viva es la honra. Todo lo demás, fidelidad, humildad, valentía, resolución, está comprendido en el honor. Y el honor es cuestión de sangre, no de intelecto. Perder la honra significa quedar aniquilado para la vida, para el tiempo, para la historia. Toda ella significa que la vida en una persona es algo valioso, posee rango histórico, nobleza. Tener honra en el cuerpo significa casi exactamente lo mismo que tener raza. Lo contrario son almas hechas de heces, plebeyismo que dice:"Pisotéame, pero déjame en la vida". Aceptar una ofensa, olvidar una derrota, gemir ante el enemigo: todos estos son signos de vida inválida y seperflua. Por lo tanto, la honra es algo completamente distinto de la moral, que prescinde de toda vida y, por consiguiente, del honor en general. Todo acto moral es, en el fondo, un trozo de ascetismo, un matar la existencia. Por eso la moral cae fuera de la vida y del mundo histórico.
El sentimiento del poderío da por resultado la conquista, la política y el derecho. Derecho es la propiedad del fuerte. Y el más fuerte es el que obtiene por la fuerza el derecho a imponer su derecho a los demás.
La historia universal es la historia de los Estados y lo será siempre. En la realidad histórica no existen ideales, sino solo hechos. No existen verdades, sino solo hechos. No existen razones, no existe justicia, no existe armonía, sino solo hechos. Quien no comprenda esto, que escriba libros de política, pero no haga política.
La historia de los Estados no es mostrar el camino por donde la humanidad, paulatinamente, ha conquistado sus derechos eternos, su libertad e igualdad, progresando la evolución hacia el Estado más sabio y más justo, sino que ha de describir las unidades políticas que existen realmente en el mundo de los hechos; ha de referir como prosperan y florecen, y como se imponen mediante la fuerza a todas las demás naciones que les son antagonistas.
El sentimiento del poderío da por resultado la conquista, la política y el derecho. Derecho es la propiedad del fuerte. Y el más fuerte es el que obtiene por la fuerza el derecho a imponer su derecho a los demás.
La historia universal es la historia de los Estados y lo será siempre. En la realidad histórica no existen ideales, sino solo hechos. No existen verdades, sino solo hechos. No existen razones, no existe justicia, no existe armonía, sino solo hechos. Quien no comprenda esto, que escriba libros de política, pero no haga política.
La historia de los Estados no es mostrar el camino por donde la humanidad, paulatinamente, ha conquistado sus derechos eternos, su libertad e igualdad, progresando la evolución hacia el Estado más sabio y más justo, sino que ha de describir las unidades políticas que existen realmente en el mundo de los hechos; ha de referir como prosperan y florecen, y como se imponen mediante la fuerza a todas las demás naciones que les son antagonistas.