Doc_Triviño
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Era la tercera vez que se lo iba a pedir.
Ya había pasado suficiente tiempo y ya era hora que aflojase.
Ya mucha guevada, o la hacía suya lo la mandaba a la mierda. Porque
el tipo era macho, era bacán, era un duro de la pandilla que
frecuentaba.
Así que la fue a buscar.
La vio. Su flaca rica. Con esa cara de muñeca y ese cuerpito más
grácil que las otras batracias que se le restregaban cada vez que
se iban de perreo. Le tenía un hambre monumental. Hasta que se
aburriera de ella.
Lo que no entendía era que a pesar que ella le decía que lo amaba
con toda su alma, no le daba el rosquete. Porque si una hembra
quería a uno, tenía que demostrar. Hacerse mujer de uno.
Ella lo saludó con una sonrisa melancólica. Ella, a pesar de sus
defectos, lo amaba con ternura. Así él no la amase como ella a él.
Y sólo deseaba lo mejor para su amorcito, como solía llamarle.
Él se aproximó a ella y apretó sus labios contra los suyos en un
remedo grosero y baboso de un beso. Así besan los machos, decían
sus amigos. Mientras lo hacía, apretó con fuerza las nalgas de la
chica. Ella, sabiendo lo que eso significaba, retrocedió.
El la sujeta y trata de apelar a un romanticismo de a centavo, le
dice que así tiene que ser, que el cuerpo ya le pide, que ella dice
que no, pero su cuerpo dice que sí, como decía tantas de esas
letras del regguetón. Trata de enlazar su mano con la suya, pero
esas manos pequeñas y pálidas están engarfiadas, como sujetando
algo.
Se hartó.
Ella no estaba dispuesta a que su amado sufriera. Así la terminase
odiando, no lo iba a permitir. Y eso era lo que pasaría, si
continuaba negando lo que ella algún día había deseado entregarle
de alma y corazón. Pero no lo tendrá. Desea explicarle la razón de
su negativa, de su frialdad, de su tozudez a no hacerlo, pero las
lágrimas están sellando sus labios. Del dolor que le provoca la
mirada dura y punzante de él, que la está considerando una
estúpida, que la está acusando de tener otro, de ser una puta, una
ofrecida, una revolcada. De ver cómo voltea, se va a reunir con sus
amigos y hace trizas su imagen mientras señala hacia ella mientras
los otros celebran a risotadas.
Finalmente, el callejón queda vacío. Lo consiguió.
Su amor no será condenado.
Entre el llanto que anega las mejillas sonrosadas, una sonrisa muy
débil se vislumbra.
Ahora sus problemas y sus dolores van a acabar.
Sus puños se van aflojando lentamente.
Del derecho se va desdoblando un bulluco de papel blanco. Escrito
en impresora.
LABORATORIOS ORDÓÑEZ
Calle Principal y Av. 6, 2do piso.
Paciente: Srta ....
Resultados:
POSITIVO PARA HIV.
Del izquierdo se liberan pequeños reflejos plateados. Barata,
apenas media moneda. Una guillette nuevecita. Y afilada.
Y él anda por ahí, maldiciendo borracho su nombre, a esa puta
cojuda, treposa, que anda encamando pendejadas de amor para luego
no aflojar el culo. Vale verga. Va a levantarse otra por ahí...
Ya había pasado suficiente tiempo y ya era hora que aflojase.
Ya mucha guevada, o la hacía suya lo la mandaba a la mierda. Porque
el tipo era macho, era bacán, era un duro de la pandilla que
frecuentaba.
Así que la fue a buscar.
La vio. Su flaca rica. Con esa cara de muñeca y ese cuerpito más
grácil que las otras batracias que se le restregaban cada vez que
se iban de perreo. Le tenía un hambre monumental. Hasta que se
aburriera de ella.
Lo que no entendía era que a pesar que ella le decía que lo amaba
con toda su alma, no le daba el rosquete. Porque si una hembra
quería a uno, tenía que demostrar. Hacerse mujer de uno.
Ella lo saludó con una sonrisa melancólica. Ella, a pesar de sus
defectos, lo amaba con ternura. Así él no la amase como ella a él.
Y sólo deseaba lo mejor para su amorcito, como solía llamarle.
Él se aproximó a ella y apretó sus labios contra los suyos en un
remedo grosero y baboso de un beso. Así besan los machos, decían
sus amigos. Mientras lo hacía, apretó con fuerza las nalgas de la
chica. Ella, sabiendo lo que eso significaba, retrocedió.
El la sujeta y trata de apelar a un romanticismo de a centavo, le
dice que así tiene que ser, que el cuerpo ya le pide, que ella dice
que no, pero su cuerpo dice que sí, como decía tantas de esas
letras del regguetón. Trata de enlazar su mano con la suya, pero
esas manos pequeñas y pálidas están engarfiadas, como sujetando
algo.
Se hartó.
Ella no estaba dispuesta a que su amado sufriera. Así la terminase
odiando, no lo iba a permitir. Y eso era lo que pasaría, si
continuaba negando lo que ella algún día había deseado entregarle
de alma y corazón. Pero no lo tendrá. Desea explicarle la razón de
su negativa, de su frialdad, de su tozudez a no hacerlo, pero las
lágrimas están sellando sus labios. Del dolor que le provoca la
mirada dura y punzante de él, que la está considerando una
estúpida, que la está acusando de tener otro, de ser una puta, una
ofrecida, una revolcada. De ver cómo voltea, se va a reunir con sus
amigos y hace trizas su imagen mientras señala hacia ella mientras
los otros celebran a risotadas.
Finalmente, el callejón queda vacío. Lo consiguió.
Su amor no será condenado.
Entre el llanto que anega las mejillas sonrosadas, una sonrisa muy
débil se vislumbra.
Ahora sus problemas y sus dolores van a acabar.
Sus puños se van aflojando lentamente.
Del derecho se va desdoblando un bulluco de papel blanco. Escrito
en impresora.
LABORATORIOS ORDÓÑEZ
Calle Principal y Av. 6, 2do piso.
Paciente: Srta ....
Resultados:
POSITIVO PARA HIV.
Del izquierdo se liberan pequeños reflejos plateados. Barata,
apenas media moneda. Una guillette nuevecita. Y afilada.
Y él anda por ahí, maldiciendo borracho su nombre, a esa puta
cojuda, treposa, que anda encamando pendejadas de amor para luego
no aflojar el culo. Vale verga. Va a levantarse otra por ahí...