Bismark rebuznó:
...Y alli entre dos coches, uno de ellos, muriéndose.
Sus amigos desesperados gritando y pidiendo ayuda para salvar a su amigo, a ese chico, que imprudentemente habia mezclado alcohol, pastillas y no se qué más. Y alli estaba yo impotente, mirándole esperando a que llegara una ambulancia.
Se lo llevaron, medio muerto, no se que habrá sido de él.
Cada vez me da má pena el verlo, el salir de servicio los sábads por la noche, y me da miedo, de encontrarme estas cosas.
Lo que me ocurrió ayer tarde me da más pena que lo suyo:
Salgo con mi coche de una gasolinera por el carril de aceleración y me encuentro a un pastor alemán (un perro), tumbado sobre la línea discontínua entre el carril derecho y el de aceleración. El perro, inmóvil, tenía la cabeza erguida y me miraba; me acerco por la banda del arcén y me paro a su altura.
Me bajo y le azuzo para que se vaya a la cuneta y no líe el cristo padre. En seguida me doy cuenta de que le han pegado un porrazo en la parte trasera y tiene la pata rota y lo que no se ve. Se levanta y muy lentamente se va a refugiar bajo mi coche, tras la rueda derecha delantera. Su vientre es una sucesión de espasmos bestiales, no se le ve sangre por ningún lado.
Llamo al 112 por el peligro que supone y para ver si pueden hacer algo por el bicho. A la media hora se presenta una pareja de policías locales, yo les informo y se sitúan frente al perro con los brazos en jarras.
P- Es que... comprenda que nosotros no podemos hacer nada, no hay un servicio para esto.
Yo: Pero no podemos dejar al perro así, puede pasar horas agonizando porque debe estar reventado por dentro.
P- ¿Y qué quiere que hagamos?
Yo: Péguele un tiro.
P- Hombre, eso haría mucho ruido... no sé, no lo podemos hacer.
Yo: Pero sería lo mejor, además es una pistola, no un revólver; no se oiría el ruido aquí en la autovía. Me pongo delante con su compañero, los coches, hacemos una barrera y le pega el tiro.
P- (negando con la cabeza) no sé, no sé.
En esto que llega otro policía en otro vehículo, más veterano. Los otros se acercan a hablar con él y a los pocos segundos se me acerca uno de ellos; me mira fijamente a los ojos y me dice:
P- Si se va de aquí, nosotros nos hacemos cargo del perro.
Yo: Entiendo, muchísimas gracias.
Me monté en el coche y salí disparado. Pero mi intención era dar la vuelta por un camino, atravesar el campo hasta el lugar y cámara en ristre inmortalizar el momento, hacerle un owned en toda regla al poli (para colgarlo aquí, más que nada).

Cuando llegué al lugar ya no había coches, ni polis ni perro.