Hace ya años conocí a una francesa que trabajaba en la ESA, el caso es que un día acabamos invitados mi contraria de entonces y servidor a comer con ella en Saint Jean de Luz.
Todo muy formal y tal. Llegado un momento por supuesto le pregunté si era cierto que se llegó a la luna en el 69 y si no era todo una kubrikada fantástica, me contestó después de echarme muy mala mirada que a ver qué creía, que por supuesto que sí, todo ello con un tono entre afectada e indignada la muy puta gilipollas.
Yo no puedo demostrar si se llegó o no alguna vez, pero lo que sí sé por descontado es que de un francés (y por extensión, de un catalán) no me fío...
Después ya del postre, la ingeniera gabacha se animó con algún copazo y ya en plan más distendido buenos loles que me eché cuando me empezó a hablar fatal de Pedro Duque, a quien tuvo de superior en la Ciudad de las estrellas en Moscú en un proyecto conjunto, diciendo que si bien le pareció un gran profesional y exigente (decía admirarle porque hablaba ruso nivel top y ella en media vida estudiándolo no era capaz de avanzar) aún más le pareció un puto ogro y un tirano en el trato personal