El hombre ha querido preservar los alimentos de su natural putrefacción desde los albores de los tiempos.
Los cazadores primitivos ya utilizaban ciertas partes de las Cuevas de Altamira (-1) para almacenar y conservar la carne con uno de los métodos más antiguos conocidos: la desecación, esto sucedería en la Era Cuaternaria (hace unos 20.000-15.000 años).
El Otro medio conocido para conservar sobre todo la ansiada carne era el enfriamiento. Pocos saben que España fue el primer lugar donde se desarrolló eficazmente el primer procedimiento para congelar comestibles.
En la Alta Edad Media, Los musulmanes salaban la carne deshuesada, y una vez seca, la cocían y la introducían en tinajas donde la congelaban, pudiéndola consumir a lo largo del año (-2). Toda una revolución culinaria.
Las cosas no cambiaron mucho durante los siguientes siglos. Se emplearon también otros métodos para conservar alimentos como las confituras, o el llamado Boucán (carne ahumada), del que tomaron su nombre los Bucaneros, quienes preparaban su alimento mediante esta técnica para el transcurso de sus terribles correrías por el Caribe.
Desde el punto de vista militar, el problema del abastecimiento de las tropas en marcha siempre se había solucionado de la misma forma durante siglos: vivir sobre y a costa del territorio donde se estaba.
Afortunadamente, durante la Edad Media las mesnadas no estaban en campaña durante mucho tiempo; una vez la campaña, los supervivientes volvían a sus feudos, hasta que un noble volvía a convocarlos.
Desde siempre, cuando un ejército se agrupaba, partían con lo mínimo
imprescindible (cada cual con lo suyo) y contaban con lo que pudieran
conseguir durante su avance. Los métodos para conseguir las provisiones iban de la compra al mas frecuente robo. Un ejército en marcha solía dejar una estela de saqueos y pillaje en territorio enemigo las más de las
veces.
La respuesta del defensor era la estrategia que pasó a conocerse como
"Tierra Quemada", esto es, quemar todos los campos de cultivo, graneros,
etc. que estuviesen en la ruta del atacante, para que este no pudiera
abastecerse y sus soldados se desmoralizaran e incluso desertaran al
comenzar a pasar hambre. Supone un sacrificio para los paisanos, pues
destruyen su propia economía. Siempre eran los campesinos quienes más
sufrían.
También comenzó a surgir otro problema durante las largas campañas de
las incesantes guerras centroeuropeas de la Edad Moderna. Simplemente,
algunos territorios sobre los que las tropas avanzaban estaban ya tan
esquilmados que nada podía obtenerse de ellos, una horrible realidad que nos revela hasta que punto llegaron a ser crueles aquellos tiempos.
Aquí y allá comenzaban a amotinarse los soldados por no tener comida,
cuando no desaparecían grupos enteros, algunas veces hasta se pasaban al enemigo. Los estrategas descubrieron que las unidades mal alimentadas luchan peor aunque fueran leales, veteranas y adiestradas.
Es necesario recordar que durante el siglo XVI la mayoría de los soldados
debía costearse su propia manutención con su salario, que le llegaba
justo para este fin, y si ya había sido gastado, y eliminada la opción del
robo, debían vivir de fiado hasta cobrar...
Si la paga se retrasaba, los hombres podían aguantar, pero si la
comida faltaba, la paciencia se agotaba antes y hasta entonces maniobraban deficientemente de forma progresiva. La revelación de este concepto tan simple fue todo un hito de la historia militar.
La solución llegó en el siglo XVII: el Pan de Munición. Se descubrió
que si un soldado tenía garantizado un pan de dos libras (casi un Kg.) todos los días, o uno de cuatro libras cada dos días, no se preocuparía tanto por el posible retraso de su paga, contendría su moral y su eficacia de forma relativamente proporcional. En la vida civil no era sencillo ganarse el pan de cada día.
Ahora bien, el pan es un producto perecedero, se endurece al día
siguiente y puede enmohecerse poco después. Las tropas no tenían por que estar cerca de una gran tahona, había de transportarse el nutriente hasta ellos... el resto de problemas de logística se puede imaginar. Por aquel entonces aparecería el concepto de "la línea de abastecimiento" tal como lo conocemos hoy. Y si la ruta que existía desde el punto de producción hasta el lugar donde estaban las tropas era muy larga, el prometido alimento no llegaría en buenas condiciones...
Durante el siglo XVIII las guerras europeas se hicieron menos contra
la población civil, aparece así la supuesta "guerra entre caballeros".
Los saqueos se irían reduciendo al ser vistos como una abominación,
aunque no los expolios... pero este es otro tema. Ahora los ejércitos pasaban a depender casi por completo de la línea de suministros, que como se ha dicho, no podía ser muy larga en lo relativo al nutriente básico. Los reyes descartaban dar carne a su infantería, aunque esta se pudiese conservar, por su elevado precio... un dilema que no parecía tener final.
Y así estaban las cosas hasta que Napoleón decide abordar la cuestión, pues como el diría "un ejército marcha al ritmo de su estómago".
El soberbio estratega buscaba terminar con el problema del
abastecimiento, y tuvo la genial iniciativa de convocar un concurso público a tal fin. Daría la enorme suma de 12.000 francos a quien le diese una solución para conservar los alimentos durante más tiempo, y que así sus tropas pudiesen permanecer mucho más en campaña abastecidas por rutas de suministro más largas, lo cual le daría una ventaja notable sobre sus adversarios, si esto era posible.
En 1809 Nicholas Appert se presentó ante el Corso con la humilde idea
que hoy vemos refinada en todas las tiendas y supermercados: la lata de
conservas. Las de entonces eran toscas, rudas, debían ser abiertas a
punta de bayoneta, pero constituían un avance crucial...
Como epílogo decir que las latas no cumplieron el propósito de Napoleón,
pues no fueron usadas en cantidad suficiente como para terminar con la
dependencia de las compras y las infames "requisas" de abastos
(requisa es un eufemismo de saqueo y robo). De hecho durante la fatal campaña de Rusia los defensores practicarían de nuevo la táctica de "Tierra Quemada", la cual no habría tenido repercusión alguna si los franceses hubieran sido autosuficientes; sin contar con la actuación del invierno y los cosacos, pero esta, es ya otra historia...
Era necesario narrar brevemente el devenir de las conservas y los
suministros para saber apreciar el valor de esta invención que ha
cambiado el curso de la humanidad, y cuyo origen es bélico.
Dicen que durante los periodos de guerra la humanidad avanza mucho
más que durante los períodos de paz, pues durante ellos se investiga a un
ritmo mucho mayor, lo cual es una paradoja.
Cuando veáis latas de conserva, pensad que en parte se las debemos a
Napoleón...
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Gracias a De Re Militari
(-1) Según Hugo Obermaier, en su libro "Las Cuevas de Altamira"
(-2) descrito por Sanz Egaña, en su "Enciclopedia de la Carne"
Los cazadores primitivos ya utilizaban ciertas partes de las Cuevas de Altamira (-1) para almacenar y conservar la carne con uno de los métodos más antiguos conocidos: la desecación, esto sucedería en la Era Cuaternaria (hace unos 20.000-15.000 años).
El Otro medio conocido para conservar sobre todo la ansiada carne era el enfriamiento. Pocos saben que España fue el primer lugar donde se desarrolló eficazmente el primer procedimiento para congelar comestibles.
En la Alta Edad Media, Los musulmanes salaban la carne deshuesada, y una vez seca, la cocían y la introducían en tinajas donde la congelaban, pudiéndola consumir a lo largo del año (-2). Toda una revolución culinaria.
Las cosas no cambiaron mucho durante los siguientes siglos. Se emplearon también otros métodos para conservar alimentos como las confituras, o el llamado Boucán (carne ahumada), del que tomaron su nombre los Bucaneros, quienes preparaban su alimento mediante esta técnica para el transcurso de sus terribles correrías por el Caribe.
Desde el punto de vista militar, el problema del abastecimiento de las tropas en marcha siempre se había solucionado de la misma forma durante siglos: vivir sobre y a costa del territorio donde se estaba.
Afortunadamente, durante la Edad Media las mesnadas no estaban en campaña durante mucho tiempo; una vez la campaña, los supervivientes volvían a sus feudos, hasta que un noble volvía a convocarlos.
Desde siempre, cuando un ejército se agrupaba, partían con lo mínimo
imprescindible (cada cual con lo suyo) y contaban con lo que pudieran
conseguir durante su avance. Los métodos para conseguir las provisiones iban de la compra al mas frecuente robo. Un ejército en marcha solía dejar una estela de saqueos y pillaje en territorio enemigo las más de las
veces.
La respuesta del defensor era la estrategia que pasó a conocerse como
"Tierra Quemada", esto es, quemar todos los campos de cultivo, graneros,
etc. que estuviesen en la ruta del atacante, para que este no pudiera
abastecerse y sus soldados se desmoralizaran e incluso desertaran al
comenzar a pasar hambre. Supone un sacrificio para los paisanos, pues
destruyen su propia economía. Siempre eran los campesinos quienes más
sufrían.
También comenzó a surgir otro problema durante las largas campañas de
las incesantes guerras centroeuropeas de la Edad Moderna. Simplemente,
algunos territorios sobre los que las tropas avanzaban estaban ya tan
esquilmados que nada podía obtenerse de ellos, una horrible realidad que nos revela hasta que punto llegaron a ser crueles aquellos tiempos.
Aquí y allá comenzaban a amotinarse los soldados por no tener comida,
cuando no desaparecían grupos enteros, algunas veces hasta se pasaban al enemigo. Los estrategas descubrieron que las unidades mal alimentadas luchan peor aunque fueran leales, veteranas y adiestradas.
Es necesario recordar que durante el siglo XVI la mayoría de los soldados
debía costearse su propia manutención con su salario, que le llegaba
justo para este fin, y si ya había sido gastado, y eliminada la opción del
robo, debían vivir de fiado hasta cobrar...
Si la paga se retrasaba, los hombres podían aguantar, pero si la
comida faltaba, la paciencia se agotaba antes y hasta entonces maniobraban deficientemente de forma progresiva. La revelación de este concepto tan simple fue todo un hito de la historia militar.
La solución llegó en el siglo XVII: el Pan de Munición. Se descubrió
que si un soldado tenía garantizado un pan de dos libras (casi un Kg.) todos los días, o uno de cuatro libras cada dos días, no se preocuparía tanto por el posible retraso de su paga, contendría su moral y su eficacia de forma relativamente proporcional. En la vida civil no era sencillo ganarse el pan de cada día.
Ahora bien, el pan es un producto perecedero, se endurece al día
siguiente y puede enmohecerse poco después. Las tropas no tenían por que estar cerca de una gran tahona, había de transportarse el nutriente hasta ellos... el resto de problemas de logística se puede imaginar. Por aquel entonces aparecería el concepto de "la línea de abastecimiento" tal como lo conocemos hoy. Y si la ruta que existía desde el punto de producción hasta el lugar donde estaban las tropas era muy larga, el prometido alimento no llegaría en buenas condiciones...
Durante el siglo XVIII las guerras europeas se hicieron menos contra
la población civil, aparece así la supuesta "guerra entre caballeros".
Los saqueos se irían reduciendo al ser vistos como una abominación,
aunque no los expolios... pero este es otro tema. Ahora los ejércitos pasaban a depender casi por completo de la línea de suministros, que como se ha dicho, no podía ser muy larga en lo relativo al nutriente básico. Los reyes descartaban dar carne a su infantería, aunque esta se pudiese conservar, por su elevado precio... un dilema que no parecía tener final.
Y así estaban las cosas hasta que Napoleón decide abordar la cuestión, pues como el diría "un ejército marcha al ritmo de su estómago".
El soberbio estratega buscaba terminar con el problema del
abastecimiento, y tuvo la genial iniciativa de convocar un concurso público a tal fin. Daría la enorme suma de 12.000 francos a quien le diese una solución para conservar los alimentos durante más tiempo, y que así sus tropas pudiesen permanecer mucho más en campaña abastecidas por rutas de suministro más largas, lo cual le daría una ventaja notable sobre sus adversarios, si esto era posible.
En 1809 Nicholas Appert se presentó ante el Corso con la humilde idea
que hoy vemos refinada en todas las tiendas y supermercados: la lata de
conservas. Las de entonces eran toscas, rudas, debían ser abiertas a
punta de bayoneta, pero constituían un avance crucial...
Como epílogo decir que las latas no cumplieron el propósito de Napoleón,
pues no fueron usadas en cantidad suficiente como para terminar con la
dependencia de las compras y las infames "requisas" de abastos
(requisa es un eufemismo de saqueo y robo). De hecho durante la fatal campaña de Rusia los defensores practicarían de nuevo la táctica de "Tierra Quemada", la cual no habría tenido repercusión alguna si los franceses hubieran sido autosuficientes; sin contar con la actuación del invierno y los cosacos, pero esta, es ya otra historia...
Era necesario narrar brevemente el devenir de las conservas y los
suministros para saber apreciar el valor de esta invención que ha
cambiado el curso de la humanidad, y cuyo origen es bélico.
Dicen que durante los periodos de guerra la humanidad avanza mucho
más que durante los períodos de paz, pues durante ellos se investiga a un
ritmo mucho mayor, lo cual es una paradoja.
Cuando veáis latas de conserva, pensad que en parte se las debemos a
Napoleón...
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Gracias a De Re Militari
(-1) Según Hugo Obermaier, en su libro "Las Cuevas de Altamira"
(-2) descrito por Sanz Egaña, en su "Enciclopedia de la Carne"