pepi_juani
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Como cada noche me ducho. Me siento bajo el aparato del aire acondicionado para que se me seque el pelo y lucho con el cigarrillo para sacarle un par de caladas más. Me visto de negro, al que llaman riguroso, me planto las gafas de sol y comienza a emanar de mi ese color amarillo. Enciendo otro cigarro.
Cojo la chaqueta de cuero, que la noche es fria. Salgo a la calle y al pisar la primera baldosa de la acera tiro el cigarrillo, lo piso y ese será el primero de los muchos gestos de cara a la galería que me sacaré de la manga para obsequiar a los divertidos ojos que adivino me están mirando.
Comienzo a deambular por la ciudad. En una calle, unas mujeres que fuman me miran con ojos tristes, bocas sucias y almas pisoteadas. Prefiero pasar de largo. En una plaza unos discuten de política, en la esquina opuesta otros lo hacen de fútbol. Entre los adoquines nacen y mueren flores, cardos y moho. Ellos no lo ven. De la plaza salen dos calles más, además de la que me trajo aquí. Una está llena de restaurantes, la otra de bares y discotecas. No tengo hambre. No tengo sed. En el centro de la plaza se levanta un quiosco de música. La banda que hoy toca no me dice nada.
Me empieza a invadir una sensación de soledad, me empiezan a pitar los oidos. Me encomiendo al buen hacer de mis piernas. Ellas me llevan a un polígono en las afueras. Mis ojos reconocen el lugar, pero mi cabeza me dice que falta algo. Ahora no deambulo, ahora voy con rumbo fijo, no hacia un lugar, hacia una persona. A la vuelta de una esquina hay un profeta subido en unas cajas de madera hablándole a una muchedumbre. Agita los brazos, arquea las cejas, sonríe, se vuelve severo. Siente que en ese momento podría convencer a cualquier persona de cualquier cosa. Pero no hay nadie que escuche. No esta noche. A lo lejos un sudamericano hace de bufón, poniéndose la venda antes que la herida. Hoy se intenta follar a un perro ante el alborozo de unos cuya dignidad se alimenta de la de los demás. Hay muchas noches en esta noche.
Pero hoy no. Hoy no me quedo, hoy decido pasar de largo, arreglar un buen precio con el camello y volver a casa. A esta noche le falta dulzura, le falta el amor que luche contra la sordidez, le falta la grotesca lucha entre los sentimientos y los instintos. Le faltas tú.
Vuelvo a casa y, en el último momento, siento un frio húmedo en la punta de la nariz. Ahora en el arco de la oreja. ¿Está empezando a nevar?
https://s52.yousendit.com/d.aspx?id=167ZQDYVA0FLU3ND5GXJP8VD4N
Cojo la chaqueta de cuero, que la noche es fria. Salgo a la calle y al pisar la primera baldosa de la acera tiro el cigarrillo, lo piso y ese será el primero de los muchos gestos de cara a la galería que me sacaré de la manga para obsequiar a los divertidos ojos que adivino me están mirando.
Comienzo a deambular por la ciudad. En una calle, unas mujeres que fuman me miran con ojos tristes, bocas sucias y almas pisoteadas. Prefiero pasar de largo. En una plaza unos discuten de política, en la esquina opuesta otros lo hacen de fútbol. Entre los adoquines nacen y mueren flores, cardos y moho. Ellos no lo ven. De la plaza salen dos calles más, además de la que me trajo aquí. Una está llena de restaurantes, la otra de bares y discotecas. No tengo hambre. No tengo sed. En el centro de la plaza se levanta un quiosco de música. La banda que hoy toca no me dice nada.
Me empieza a invadir una sensación de soledad, me empiezan a pitar los oidos. Me encomiendo al buen hacer de mis piernas. Ellas me llevan a un polígono en las afueras. Mis ojos reconocen el lugar, pero mi cabeza me dice que falta algo. Ahora no deambulo, ahora voy con rumbo fijo, no hacia un lugar, hacia una persona. A la vuelta de una esquina hay un profeta subido en unas cajas de madera hablándole a una muchedumbre. Agita los brazos, arquea las cejas, sonríe, se vuelve severo. Siente que en ese momento podría convencer a cualquier persona de cualquier cosa. Pero no hay nadie que escuche. No esta noche. A lo lejos un sudamericano hace de bufón, poniéndose la venda antes que la herida. Hoy se intenta follar a un perro ante el alborozo de unos cuya dignidad se alimenta de la de los demás. Hay muchas noches en esta noche.
Pero hoy no. Hoy no me quedo, hoy decido pasar de largo, arreglar un buen precio con el camello y volver a casa. A esta noche le falta dulzura, le falta el amor que luche contra la sordidez, le falta la grotesca lucha entre los sentimientos y los instintos. Le faltas tú.
Vuelvo a casa y, en el último momento, siento un frio húmedo en la punta de la nariz. Ahora en el arco de la oreja. ¿Está empezando a nevar?
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