Uno de esos lo tenían dos amigos míos, solo lo usaban para jugar. Y también lo tubo un vecino, pero el vecino creo que lo cató poco porque tenía muchos hermanos mayores y creo no daba para todos, supongo que la que más lo usó fue una de las hermanas que ahora es informática.
Yo siempre que podía andaba revoloteando y haciéndome el guay para que alguno de estos dos amigos me invitase a su casa para poder jugar a esa puta mierda de juegos que había por entonces. Y sí, lo hacía de vez en cuando, pero los muy hijos de puta lo hacía para lucirse ellos, siempre llevaban a palurdos que no había jugado nunca ni tenía cogido el kit a los juegos para pegarles una buena paliza y sentirse ellos superiores. Yo de las pocas veces que jugué me sentí como un esparrin. Siempre íbamos después del cole, y menudas meriendas les preparaban sus madres, macho. Lo primero un beso nada más entrar por la puerta, (yo no le di un beso en mi puta vida a mi madre) luego unos mimitos y hasta les preguntaban que de qué querían el bocadillo, de chocolate, de nocilla, una galletas Principe. Joder, y yo con los putos bocadillos de morcilla de la matazan, los zapatos rotos y esperando a que me dejases jugar a unos juegos con unas máquinas que para mí eran de otra galaxia. @Trujaman, apunta este trauma para mi biografía.
Ah, uno de los que tenían ese ordenador ahora es yonki,

Demasiados caprichos tampoco es bueno, supongo.