En la sala de espera, a la entrada, hay dos policías nacionales. Supongo que tendrán que estar ahí vigilando que nadie entre y se lleve una máquina de imprimir DNIs. El caso es que no hacen absolutamente nada más que estar sentados en una silla detrás de un mostrador, mirando al vacío durante horas. El infierno en vida, vamos.
Durante la eterna espera, un venezolano se ha acercado a los policías y les ha preguntado si podía pasar, que ya vino ayer pero que le mandaron a casa porque le faltaba un papel, y tenía un vuelo a alemania el viernes y no le daba tiempo a pedir hora. Los policías, en su afán por ayudar, he oído que le decían que para el viernes por la mañana sí había huecos en cita previa.
Rato después, uno de los policías ha tenido que atender otra incidencia cuando un abuelo de unos 85 años ha ido a la máquina de renovar DNIs electrónicos y ha metido su DNI, no por la ranura del lector de tarjetas, sino el hueco imposible de 1mm que queda entre el lector y la carcasa de la máquina.
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La máquina se ha tragado mi DNI, decía el hijo de puta.
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Total, que renovar el DNI es toda una aventura. Y tú, Ferris, cuando te llegue el día te vas a preguntar cómo has tardado tanto en vivirla.